lunes, 16 de mayo de 2022

En boca cerrada

De Chapoyas y Origeles estamos hartos.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Seguramente ustedes conocen a alguien que toda su vida se habrá ceñido a las normas de urbanidad teniendo como base teórica dichos y refranes; contrario a lo que pudiera pensarse, esas gotas de sabiduría popular no se aplican aisladamente ni son un todo si no se ven los dos o tres lados de la realidad que involucran. Cierto es que son grandes aliados para entender casi en automático, las maneras básicas de comportamiento para “regarla” lo menos posible y creanme, de regadas yo sé un buen tanto, en cualquier ámbito son aplicables, al menos en su parte evidente, pero pocas veces vemos las implicaciones adicionales por no observar la parte opositora que llevan consigo y que es, algunas veces, lo que nos impide no confundir la prudencia con la indolencia.

Cada afirmación que hacemos, sin importar su naturaleza, lleva consigo dos partes: la evidente, lo que vemos o escuchamos y la latente, lo que no se mencionó. En términos del derecho sería “lo que no está prohibido, está permitido”; claro está que hay situaciones que aunque no se evidencien con palabras, el sentido común debe imponerse, como cuando no hay un letrero de no estacionarse en una cochera, de cualquier manera no debe obstruirse por eso mismo, porque se trata de una cochera. Sin embargo, cuando apelamos a sentencias al comportamiento, bien caben algunas explicaciones con respecto de su aplicación cotidiana, como es el caso de “en boca cerrada no entran moscas”, algo que entendemos con el relato de la buena intención que trae implícita.

La explicación ruda versaría “no te metas en lo que no te importa” pero no sería del todo exacta, quizá lo más adecuado giraría en torno a ser prudente y hablar sólo lo indispensable que resulte útil para el esclarecimiento de una situación. Algo loable en el sentido de que aplica perfectamente en una sociedad acostumbrada a decir siempre la verdad, que tiene en alta estima la privacidad de sus compatriotas y que no saca provecho del dolor ajeno, como exactamente no es la nuestra. Por el contrario, el hablar más de la cuenta se ha vuelto una especie de entretenimiento que en la televisión nacional se disfraza de periodismo de investigación, principalmente en el mundo del espectáculo, creando con ello la mayor contradicción en la práctica: el chisme profesional.

No sólo es censurable, la conocida práctica del “chayote” ha minado la imagen de todos los periodistas, hayan participado o no de él; desde Jacobo Zabludowsky pasando por Manuel Buendía hasta los comunicadores actuales siempre han estado en la mira del “cochupo”; a excepción de los últimos, los dos primeros ya gozan de la benevolencia de la muerte. Hay ejemplos cercanos que no menciono por falta de pruebas pero, aunque no las tengo, tampoco podría dudarlo; la práctica periodística es de las más nobles que hemos inventado, sin embargo, basta sólo un poco para corromperla. Es como en una escaramuza amorosa: no es lo mismo el cuarto poder, que no poder en el cuarto. Sé de lo que hablo. Salud.

Beto

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