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| De Chapoyas y Origeles estamos hartos. Foto: BAER |
Cada afirmación que hacemos, sin importar su naturaleza, lleva consigo dos partes: la evidente, lo que vemos o escuchamos y la latente, lo que no se mencionó. En términos del derecho sería “lo que no está prohibido, está permitido”; claro está que hay situaciones que aunque no se evidencien con palabras, el sentido común debe imponerse, como cuando no hay un letrero de no estacionarse en una cochera, de cualquier manera no debe obstruirse por eso mismo, porque se trata de una cochera. Sin embargo, cuando apelamos a sentencias al comportamiento, bien caben algunas explicaciones con respecto de su aplicación cotidiana, como es el caso de “en boca cerrada no entran moscas”, algo que entendemos con el relato de la buena intención que trae implícita.
La explicación ruda versaría “no te metas en lo que no te importa” pero no sería del todo exacta, quizá lo más adecuado giraría en torno a ser prudente y hablar sólo lo indispensable que resulte útil para el esclarecimiento de una situación. Algo loable en el sentido de que aplica perfectamente en una sociedad acostumbrada a decir siempre la verdad, que tiene en alta estima la privacidad de sus compatriotas y que no saca provecho del dolor ajeno, como exactamente no es la nuestra. Por el contrario, el hablar más de la cuenta se ha vuelto una especie de entretenimiento que en la televisión nacional se disfraza de periodismo de investigación, principalmente en el mundo del espectáculo, creando con ello la mayor contradicción en la práctica: el chisme profesional.
No sólo es censurable, la conocida práctica del “chayote” ha minado la imagen de todos los periodistas, hayan participado o no de él; desde Jacobo Zabludowsky pasando por Manuel Buendía hasta los comunicadores actuales siempre han estado en la mira del “cochupo”; a excepción de los últimos, los dos primeros ya gozan de la benevolencia de la muerte. Hay ejemplos cercanos que no menciono por falta de pruebas pero, aunque no las tengo, tampoco podría dudarlo; la práctica periodística es de las más nobles que hemos inventado, sin embargo, basta sólo un poco para corromperla. Es como en una escaramuza amorosa: no es lo mismo el cuarto poder, que no poder en el cuarto. Sé de lo que hablo. Salud.
Beto

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