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lunes, 7 de septiembre de 2026

Repetir patrones

La costura retrata mejor lo que son
los patrones. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Diría la costurera. Y mientras no sean los que tuve en ciertas escuelas de cuyo nombre no quiero acordarme; un patrón es un modelo, algo en lo que confías para poder repetir procesos y se mantenga la calidad; aplica para los moldes, las recetas y las personas. En otras palabras, un patrón no manda, procura que las cosas (y sus procesos) signa un mismo cauce; reitero lo de los procesos porque son los primeros indicativos de que se va bien o se va mal con lo que estemos emprendiendo. Tener una guía es importante si consideramos nuestra costumbre de repetir lo que nos gusta o lo que podemos intercambiar, eso en lo que se refiere a productos, si volteamos a ver a los asuntos conductuales, la repetición se fundamenta en cuanto a que debemos fabricarnos una «tarjeta de presentación».

2. Aferrado que es uno. El dominar un patrón lleva a algunos a mecanizar sus movimientos hasta convertirse en un maestro en su manejo, a otros, a buscar otras maneras más eficientes de hacer lo mismo; para los segundos puede volverse en una especie de obsesión, pero saben que sólo con constancia pueden lograr los cambios que imaginan. En el nombre está la naturaleza del individuo, ser constante es un camino y no una meta pues quien afirma serlo, debe probarlo a diario. Muchos de ellos son más bien personas que no soportan ver o dejar las cosas a medias, por lo que se comprometen a «rellenar» todo aquello que esté incompleto, según su perspectiva, por lo que van a tener trabajo caso de por vida, sin importar la naturaleza o las características de éste.

3. La útil contención. Si sólo fuera por obediencia, más de la mitad de la población de este país no aceptaría órdenes de algo impuesto de antemano sin explicación suficiente, como el uso de conceptos como «patriotismo», «religiosidad» o «deportivismo» con reglas establecidas bajo la óptica de un tiempo que ya pasó y con adecuaciones que no terminan de ser las óptimas. Nos imponemos a las adversidades que esos conceptos (y otros) traen consigo porque nuestro temperamento así lo exige; tenemos la templanza como para soportar cien años de abusos que han institucionalizado la inmediatez jugando con la esperanza popular de una mejor vida aquí y en el otro mundo, sin que veamos claro y a sabiendas de que, sin importar las caras, nadie cumplirá tales sinrazones.

4. Para no incomodar. ¿Nos educamos para ser amables o para no molestar? El primer comportamiento requiere de convencimiento personal de que el esfuerzo por tratar bien a las personas vale la pena, sin importar que seamos retribuidos o no; el segundo nos obliga a escondernos detrás de una carátula de «buena persona» sin que en realidad ejerzamos ese título, sólo nos libra del contacto con los demás y sus consecuentes compromisos. ¿De dónde habrá salido la idea de que, de primera mano, nuestra presencia molesta a los demás? Quizá se trate de una proyección de aquellos que no les agrada ser visitados a deshoras pero nunca explicaron qué significaba eso, aunque después lo hayamos descubierto al insertarnos en la dinámica laboral, haciéndonos casi antisociales. Salud.

Beto.

lunes, 31 de agosto de 2026

La tecnología no me quiere

Temor es cuando te tienes que acercar rezando
a un cajero. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. No sólo ignorancia. No importa el tamaño, la sofisticación o el precio, todos los aparatos se ponen sus moños cuando intento manejarlos, ya sea por las indicaciones en los instructivos que a veces resultan incomprensibles, ya porque los botones no indican las mismas funciones con las mismas palabras o de plano, porque operarlos está en chino; hay algo en esta vida rutinaria y excesivamente demandante de imaginación que me hace pensar en teorías conspiranóicas cuando el ordenador, el teléfono o la televisión no funcionan como se supone deberían porque cuando no se traban, se les va la señal o empiezan a hacer cosas raras como saltos en las imágenes o en el sonido cuando veo videos o listas de reproducción de música, lo que es frustrante al salírseme de las manos.

2. La condición básica. Pareciera que las máquinas me huelen cuando algo me importa mucho o tengo prisa por terminar algo; la vida de mi primer carro (un volks wagen sedán) fue muy curiosa, tengo el pleno convencimiento de que estaba hecho para mí, aguantó mis imprudencias e ignorancias como un verdadero campeón hasta que llegaban los días de pago. De pronto, como si algún esotérico le hablara al «oído», le atacaba algún achaque de los que había acumulado en los años de servicio... para sus anteriores dueños y yo tenía que pagarlos; cuando no fue una bujía, fue el carburador, el alternador o los limpiadores, hasta que un mal día decidió que la bomba de aceite no iba más y se desvieló. Supongo que mis demás aparatos se enteraron de ello y ahora siguen el mismo esquema.

3. La caja automática. Acabo de adquirir una pantalla porque a mi vieja televisión se le ocurrió que era demasiada carga el funcionar por medio de la red, si ya era suficiente carga hacerlo con el cable; en palabras técnicas, funciona pero ya no sirve, a menos que se use con antena aérea. Quizá se la ofrezca al señor que pasa con su triciclo por material reciclable, espero que de verdad funcione con una antena porque si no es así, lo meteré en problemas tratando de conseguir un convertidor. Pero para que eso suceda, debemos coincidir en los días en que pasa la basura por la colonia; es posible también que caiga en la tentación de conservarla, no sé aún para qué, pero voy a averiguarlo, total, un despiporre en el departamento lo tengo desde hace más de diez años.

4. Mi economía secuestrada. Por más de mes y medio, mi autonomía monetaria se vio afectada por la negativa de mi equipo móvil de permitirme el acceso a la aplicación bancaria a la que estoy adscrito; lo mismo que al intentar solicitar una nueva tarjeta, me sucedió con el cambio de teléfono (el aparato) puesto que en ambos casos, la toma de la «huella facial» me impedía continuar con los trámites, si era porque mi cara es muy común, si porque me temblaba la mano o vayan ustedes a saber, el caso es que ya no podía disponer de mi dinero haciendo uso de las transferencias electrónicas y de la otra tarjeta, mejor me olvidé. Tres intentos y los más de cuarenta y cinco días tuvieron que pasar para que todo se solucionara y sin la necesidad de la maldita foto; y yo que me había peinado. Salud.

Beto.

lunes, 24 de agosto de 2026

Los pecados en tu nombre

Querer siempre tener la razón, impide
la comunicación. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Supuesto patrimonio de todos. Presumimos de saber comunicarnos, inferimos que nos damos a entender perfectamente y sin lugar a dudas, suponemos entender todo lo que escuchamos, vemos o leemos, sin embargo, ¿por qué aún en este tiempo tan globalizado, aparecen los malos entendidos? Ruidos aparte, pudiéramos echarle la culpa a malas pronunciaciones, faltas de ortografía o efectos visuales, el caso es que a pesar de nuestra gran capacidad de procesar datos, mucha de la información que llega a nosotros nos confunde o de plano nos hace entender en direcciones contrarias a la intención original del mansaje. Con todo eso, en lo último en lo que pensamos cuando una línea de información se interrumpe y no conseguimos la respuesta que esperamos, es en problemas de comunicación.

2. La condición básica. Meseros, tenderos o dependientes de salchichonerías de las tiendas departamentales tienen una cosa en común para con el trato conmigo, pareciera que todos entienden una cosa distinta de la que les digo y terminan dándome otra cosa y no la que les pedí; ya pasó que al restaurante al que suelo ir los jueves me llevaron un vaso de jugo cuando solicité sólo una naranja, un señor me dio tortillas de harina en lugar de las de maíz en la tiendita de la esquina y cuando solicité jamón de pavo San Rafael, me dieron Sabori. No me molesta el cambio de marca tanto como la sensación de que nadie me hace caso, aunque a decir verdad, son más sus ansias por atenderme que no ponen atención a lo que digo, que posiblemente no sea del todo audible.

3. La contradicción. Cada capítulo de cada libro que leímos en la carrera debió pasar por el tamiz de la coherencia discursiva, es decir, que lo afirmado en un párrafo no se contradijera con el siguiente, a menos de que estuviera justificado; es quizá la contradicción, en el mundo de las letras, el mayor pecado que puede cometer un escritor, sin embargo hacia el interior, lo más molesto que debe soportar es la censura, principalmente cuando ésta viene de una autoridad que dice procurar la libertad de expresión y luego hace todo lo contrario. En décadas anteriores, ser de una sola pieza, era lo mínimo que se exigía a los demás (y a uno mismo) para cualquier tipo de relación, hoy no sé si basados en la relatividad confundida con ambigüedad, puede pasar inadvertido eso de serlo.

4. Simple información. A estas alturas de nuestro desarrollo intelectual y afectivo, ya deberíamos tener claro que informar no es comunicar y lo que hacemos en ocasiones frente a los demás, es sólo lo primero; damos órdenes, sugerimos de manera impositiva, o aconsejamos sin que se nos solicite, simplemente porque suponemos que poseemos una razón más válida que la de los demás para hacerlo, sin siquiera averiguar después si esa orden, sugerencia o consejo les fue de utilidad. La inmediatez y el poco o nulo seguimiento de lo que decimos a los demás, nos impide entender por qué se nos aísla de algunas decisiones; y esta reacción es lógica si suponemos que los demás ya tenían su respuesta y sólo querían ser escuchados. Salud.

Beto.

lunes, 17 de agosto de 2026

Haría lo que fuera

Por un simple deseo, solemos perder
lo que tenemos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Grito de necesidad. Como parte de la cultura, lo heroico aparece en la carencia de lo mínimo indispensable, según prive la idea que mueva a un grupo, en otras palabras, habrá quienes se levanten en contra de una tiranía por la falta de infraestructura económica, laboral o de transporte de servicios públicos como agua, gas o electricidad y aquellos que mueren de hambre, ésta última motivo de varias revoluciones armadas. Un ingrediente que aparece en todas las escenas de necesidad es la desesperación; hay niveles en nuestro estado de ánimo donde podemos medir nuestra capacidad de reacción, según el tiempo que hayamos soportado una desigualdad o lo que consideremos una injusticia y está también el detalle de que seamos las víctimas o lo sean otros.

2. Ofrecimiento desinteresado. Pocas veces lo mencionan quienes verdaderamente están dispuestos a ayudar sin esperar algo a cambio, ya que no necesita reconocimiento social aquel que se siente bien viendo a otro estable o progresando; desde la atribución a Voltaire (que en realidad acuñó la escritora británica Evelyn Beatrice Hall para resumir la forma de pensar del filósofo francés) de la icónica frase «no estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo», tenemos la mejor referencia sobre la disposición de algunos a ayudar casi exigiendo el anonimato, sin escatimar esfuerzos. Visto desde una plataforma romantizada, esperaríamos tener muchas personas así, pero quizá ahí está el problema, quisiéramos tener, no ser una de ellas.

3 Amenaza obsesiva. Una sociedad insegura, como nos hemos aferrado a creer que es la nuestra y no, no me refiero a que sea sólo un problema de apreciación, la inseguridad existe pero no es un fenómeno 24-7 perpetrado por todos los habitantes existentes, representa un problema que ataca a todas las estructuras del país, pues aumenta la desconfianza en instituciones e individuos de manera recíproca, ya no se encuentra consuelo en ninguno de los rituales socialmente aceptados y pocos se animan a emprender negocios porque sienten que sólo estarían trabajando para mantener las necesidades de delincuentes o, en ocasiones, de policías; inseguridad e incertidumbre van guiando nuestro camino con la única opción de conformidad soportada en frases sueltas de resignación disfrazada de esperanza.

4. Imaginación febril. El deseo nunca es buen consejero, pone en nuestro ojos esas anteojeras que nos obligan a ver una sola cosa y a ir en esa dirección; para colmo, la visión unidireccional provoca que creemos historias más allá de nuestras capacidades físicas, lo que nos lleva a cometer actos heroicos o los más estúpidos. En ambos casos, solemos ser víctimas de la temporalidad, pues ella es una combinación de urgencia con insensatez, la primera vista desde la necesidad y la segunda, desde los recursos disponibles. Otro punto en común en ambos es que suponemos que nuestras acciones, si son «buenas», no traerán consecuencias y al no resolver ese pensamiento en el corto plazo, las historias se acumularán hasta volverse una obsesión. Salud.

Beto.

lunes, 10 de agosto de 2026

Lo masivo no es comunicación

En una relación epistolar, las palabras se escriben
de una por una. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Faltas a lo establecido. Con perdón de Marshall McLuhan, Antonio Paoli o Fátima Fernández, pero voy a atentar en contra de todo lo buenamente establecido; los puristas pueden hacer leña de este escrito si es preciso, sin embargo, tomen en cuenta que lo que lean en los siguientes renglones, es con toda la buena voluntad del mundo. Antes de que vuelen las lanzas y se disparen las flechas, pongamos a la consideración de todos que vamos a observar al fenómeno comunicacional desde los ángulos conocidos, es decir, desde los actores y sus medios, inclusive en lo referente a las actuales tecnologías que implican la inmediatez y el almacenamiento virtuales además de la supuesta invención de los lenguajes multimedia que se superponen a la información de uso eventual al conocimiento permanente.

2. Intercambio uno a uno. Un punto básico para entender el concepto de comunicación es que el entendimiento se da en dos vías, pero únicamente entre dos entidades en circunstancias similares, tanto en cantidad como en calidad; en palabras mundanas, la comunicación es factible, en realidad, entre dos individuos y nada más. Si acaso puede darse cierto entendimiento, pero nunca un diálogo, entre un individuo y una multitud, pero eso sería más que una respuesta, una reacción, lo mismo entre una compañía teatral y sus públicos, un equipo deportivo y los asistentes a verlo o simplemente entre subgrupos dentro de una reunión informal con veinte personas. La razón es muy simple, los seres humanos no somos capaces de separar y comprender más de dos sonidos, menos responder. La música no cuenta.

3. Dos ojos, dos orejas, una garganta. Viéndonos optimistas, supongamos que existe alguien que puede captar tres, cuatro o los que gusten, pláticas por parte de interlocutores al mismo tiempo, ordena y clasifica los datos que le prodigan y capta las micro señales faciales que apoyan sus discursos, pero ¿será capaz de responderles al mismo tiempo con eficiencia? Ni siquiera podría pensar en una respuesta que resumiera todos los temas y dejara satisfechos totalmente a quienes intentaran platicar con él. Dicen que las mujeres sí pueden, pero el caso al momento de responder, sería el mismo. Ya en otro momento disertamos sobre este detalle al que considero una cuestión de conceptualización, pero en esta ocasión no se trata ni de capacidad, sino de disposición evolutiva para comunicarnos.

4. La base auditiva. Las mujeres sabrán sobre lo que mencionaré, la audición es el sentido que las féminas manejan mejor, algo así como un detector de sonidos y sus variantes, lo que es primordial para saber entender e interpretar lo que se escucha; las palabras suelen tener cierta sonoridad en diferentes contextos y la atención, por lo tanto, es mejor que en la parte masculina. Pero con todo eso, como ya afirmamos líneas arriba, sólo son capaces de responder a una conversación a la vez, es una acción que no permite trucos puesto que está el detalle de que hablar se hace pronunciando una palabra tras otra, al igual que cuando escribimos una carta, se pueden enviar varias al mismo tiempo a diferentes lugares, pero se leerán de una por una y la respuesta será igual. Salud.

Beto.

lunes, 3 de agosto de 2026

Las gestiones

Todo tiene un origen detectable.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. La idea original. No se trata de crear de la nada, la originalidad también abarca el manejo de la información desde un punto de vista distinto a lo que se haya manejado hasta nuestros días, una mejora, un pequeño cambio, otra perspectiva pueden ser considerados originales puesto que con ellos podemos iniciar un nuevo camino. Y más importante que el cómo usamos las cosas, está el cómo las explicamos, puesto que de lo que se trata es de lograr la aceptación por parte de los demás para que conformen un público específico o sea uno general; a veces una adecuación nos permite tener la atención de personas que no teníamos contempladas, lo que a su vez nos abre las puertas de lugares a los cuales ni siquiera habríamos imaginado tener acceso, acción que nos llevaría a pensar en nuevas adecuaciones.

2. Plasmarla de alguna manera. Si hablamos de planes, pensamos en gruesos mamotretos que van definiendo paso a paso, los conceptos con los que calificaremos las intenciones de las acciones que queremos llevar a cabo, mientras que los elaborados para el día a día, son ideas de palabra fácilmente modificables al vuelo, dado que su importancia nos permite una adaptación casi instantánea si se requiere de un cambio, ya sea de concepto, de lugar o de número de personas y es ahí, donde podemos distinguir a la institucionalidad de la cotidianidad. En la segunda opción decíamos que basta mencionarlo, escribirlo en una notita de papel y su parte formal será el calendarizarlo, mientras en el primero, podría estar acompañado de un manual de operaciones.

3. La búsqueda de recursos. En una ciudad, un estado o un país, el dinero circulante es todo lo que hay para todos sus habitantes, entonces para que unos puedan tener mucho, es necesario que otros tengan poco, es una ley económica en cualquier sistema que haya existido, por ello, para que una empresa pueda arrancar y sostenerse, se requiere que una parte de ese circulante pase de las manos que lo tienen a las que lo necesitan. Las negociaciones pueden ser muy variadas con personas u organismos de distintas naturalezas con consecuencias particulares; la cantidad a solicitar es determinante para saber con quién negociar y cuánta capacidad de pago tenemos de acuerdo a los intereses que cada entidad ofrezca, lo que nos obliga a evaluar esas posibilidades.

4. La inefable venta. Para los que suponemos estar negados para vender, esta parte de un negocio resulta traumática, hasta el momento en que recibimos un pago por un producto que estemos ofreciendo; pareciera que todo en el entorno se vuelve más amable, dejando atrás las sensaciones que nos dejaron las negativas anteriores. Vender (o venderse a uno mismo) debería significar siempre el otorgar el servicio de acercamiento de un producto necesario a alguien que va a apreciarlo en su justa medida, es decir, que sabrá distinguir entre la adquisición de un florero y una enciclopedia temática o un automóvil de lujo, no nada más por el precio, sino por el beneficio específico que cada producto le dará, sin confundir cada propósito. Salud.

Beto.

lunes, 27 de julio de 2026

Conciencia turística

No todos los talentos son llevados hasta
las grandes esferas. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Descubrir los propios lugares. Hace varios años, Paco Ignacio Taibo II dijo en uno de los programas de televisión que conducía «todos los días caminamos sobre la historia, el chiste es saber en dónde está»; en cada uno de los poblados que componen este país, hay eventos dignos de relatar, con poca o mucha ingerencia para todos o más o menos trascendentes por haber involucrado a figuras de poder, el caso es que la identidad de cada lugar se conforma con los relatos que se crearon a partir de hechos o surgieron de la imaginación de sus pobladores. Esos relatos son los que va a atraer a los potenciales visitantes pues, con ellos damos a entender que todo el mundo puede ser parte de nuestras historias ya que, al conocerlas, les daremos los motivos para sentirse como en su casa, con el mismo ambiente y responsabilidad.

2. Conocer anécdotas. La vida es el único «plato fuerte» que se adereza con historias personales de quienes, desde sus particulares trincheras han establecido sus condiciones para disfrutarla suponiendo que su versión es la mejor; cada uno cocinamos nuestras vivencias según la «estufa» que tengamos, porque los condimentos están al alcance de todos, con la diferencia de que, por sus presentaciones, unos son más caros que otros. En este sentido, la anécdota es siempre el postre que no necesariamente significa el final del ágape, podría decirse que algunas reuniones se rigieron por esta forma de historias sin que se les acuse de «poco nutritivas»; quizá tenga la misma condición que el chisme, entre más condimentada esté, mejor seré el sabor que deje.

3.Quién soy aquí. Los irapuatenses no vivimos en un espacio que consideremos turístico, no porque no tengamos lugares dignos de serlo, sino porque no tenemos presentes las historias que nos hicieran considerarlos de esa manera; la infraestructura es importante, pero lo son más las narrativas que se van tejiendo en torno suyo, así una casa vieja puede convertirse en «antigua» e incrementar su valor narrativo, una calle fundacional no sólo será la primera, sino el espacio donde nacieron los sueños o un parque no nada más será recreativo, sino también el marco de algún tórrido romance. Teniendo algo que contar, seremos partícipes de las andanzas que los antepasados realizaron por las mismas calles en las que diariamente deambulamos.

4. Dejar huella. ¿Qué es lo que cada uno de nosotros estaría dispuesto a dar a cambio de figurar en la historia? Eso implicaría tener fama y fortuna que no necesariamente quiere decir muchísima gente y dinero, hay niveles y formas de fortuna. Es posible que todos tengamos el ideal de ser recordados después de muertos al haber realizado algo extraordinario, que tampoco significa impresionar a todo el orbe; podríamos pensar en tener un reconocimiento local, donde nos conociera un sector y poder vivir dignamente, que para los tiempos que estamos pasando, eso ya es un triunfo. Lo cierto es que en algún momento los reflectores nos tocarán y quizá nos asocien con el lugar en el que habitamos que, al final, es el que perdurará después de que hayamos partido. Salud.

Beto.

lunes, 20 de julio de 2026

No soy de aquí

Nos traemos algo de los lugares
que visitamos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Por nacimiento. Ésta es la razón por la cual en varios momentos me he mostrado ajeno a una tierra que me recibió con una pléyade de novedades siendo yo muy chico, aunque ya tenía noción de bien y de mal; me costó trabajo adaptarme, quizá porque en el fondo, tenía la idea de que volveríamos al lugar que vi desde mi nacimiento y con esto me refiero a la colonia, porque casas, al menos conocí tres. Creo que ésa es la constante hasta hace doce años pues, si bien como familia mantuvimos a Fresópolis como nuestra «base de operaciones» el «cuartel general» sí cambió de sede en varias ocasiones, aunque la zona siempre ha sido la misma; en realidad sí podría hablar de haber tenido un lugar específico para crecer.

2. Sí por convicción. Cambié de escuelas y casas, por lo que el arraigo me llegó algo tarde por la vía menos pensada, porque estuvo determinada precisamente por esos cambios, ya que el necesitar pertenecer a algo, me dispuse a defender los eventuales colores deportivos empezando en la secundaria donde la adaptación tuvo que darse año con año, debido a que nos cambiaban de salón en cada curso. En la prepa ya pertenecí en dos periodos a la selección de voleibol, por lo que el arraigo fue un proceso más amable y con una buena razón de ser. En la universidad, se detonó la pertenencia, quizá porque se trataba de la última estancia real, con derechos y obligaciones, en la que los compromisos se hicieron con personas cercanas y no con instituciones.

3. Sino de muchas partes. Cada lugar en el que he vivido tiene un sabor especial que si bien han dejado una imagen con la cual manejarme, todas están conectadas por medio de una sensación que he cultivado durante bastante tiempo, la de tener que valerme por mi cuenta; pasar la mayor parte del tiempo como el «extranjero» ha desarrollado en mí la habilidad de adaptación que si bien, no me ha hecho pasar por «natural del lugar», tampoco me ha impedido mimetizar alguna parte de mi comportamiento con el de los que me rodean. Eso me ha permitido, más que el hacerme un archivo de comportamiento de cada región, el fabricarme una especie de resumen que sirve para adaptarme a cualquier lugar al que voy, usando la broma como herramienta principal.

4. Como buen mexicano, Una paráfrasis negativa de Chavela Vargas sería que no diré que nací donde me dio la gana, pero sí que me recreé en cada espacio que he ocupado; sin presumir que lo anterior haya sido desde cero, a lo único que le tendría temor sería a no haber sido un digno embajador de León, Salamanca, Juárez e Irapuato, sin contar con mis orígenes de Silao y la hermana república de Izúcar de Matamoros, Puebla; no sé si sea exacto pensar en una amalgama de comportamientos que dieron como resultado lo que soy, lo que sí me atreveré a afirmar es que apostaría a que todos pasamos por procesos en los que tomamos referencias de aquellos que estimamos tanto de aquellos que no nos importan del todo, pues así sabemos lo que queremos ser y qué no. Salud.

Beto.

lunes, 13 de julio de 2026

La calle

A veces nos despertamos pensando que
vivimos en el caos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Como entramado social. A la calle se le ha visto de formas tan diversas que hasta motivo teatral o cinematográfico ha sido, también se han creado historias de terror en su entorno y hasta podemos convertirla en cancha de fútbol; los saludos matutinos o las despedidas nocturnas van y vienen al ritmo de la costumbre, podemos verla como un lienzo o una película donde retratar lo que más nos gusta o más nos aterra como en un cuento de Edgar Allan Poe. Podemos usarla como un ejercicio de orientación y ubicación poniendo a prueba nuestra memoria, para lo cual nos serán de gran ayuda la tienda de don Pepito, la verdulería del gato guapo o la panadería de la glorieta, según hacia dónde queramos dirigirnos cada día.

2. Como rutas de viaje. Nunca me he manejado por los nombres de las calles para orientarme, a menos que sean las más importantes o las más conocidas, como la avenida Guerrero, el boulevard Díaz Ordaz o el Lázaro Cárdenas, de ahí en fuera, prefiero guiarme por referencias como gasolineras, panaderías, cafés y otro tipo de negocios fácilmente detectables. Los monumentos también me son útiles, pero los dejé al final porque son relativamente pocos y su radio de referencia es reducido. Para los que les gusta tomar, quizá les sirva la localización de las cantinas, para los demás, podríamos pensar en centros culturales como el CREA, las casas de la cultura o los andadores Sor Juana y Juárez, que éstos todavía son calles.

3. Salón de baile. Cuando hay una buena razón y un buen acuerdo entre vecinos, una calle puede ser una excelente pista de baile considerada propia por todos y donde los recuerdos adquieren el mejor significado. Desde posadas hasta quince años, la apropiación no puede ser más que el mejor trato de vecindad entre los participantes y dado que un permiso municipal es más barato que un salón, eso deja un mayor margen para los elementos de la fiesta o para pagar otra hora de música. Es en estas circunstancias donde hacen su aparición los mejores pasos de baile de aquellos que se saben los mejores bailarines del barrio, que se hicieron en situaciones similares, ya fuera el cumpleaños de la abuela o un dieciséis de septiembre organizado por el tío que fue bracero.

4. Zona de riesgo. Lo primero que pensamos al enfrentar a la calle es que está llena de desconocidos entre los cuales se esconden aquellos que sólo buscan aprovecharse de los demás; están también los autos conducidos por inconscientes que suponen tener en exclusividad, el derecho de tránsito por lo que las leyes les parecen opcionales; su construcción tampoco ofrece mucha seguridad que digamos, baches en los arroyos, grietas en las banquetas, anuncios publicitarios viejos desgajándose o a punto de caerse y construcciones a medias que con cualquier ventarrón se les desprenden partes. Temer es un verbo que conjugamos todos los días porque el código postal nos define socialmente dado que no nos trasladamos igual pues podemos salir bailando. Salud.

Beto.

lunes, 6 de julio de 2026

Los enceres domésticos

En toda actividad doméstica, debe privar
la limpieza. Foto: BAER vía Meta IA

Irapuato, Gto.-

1. Signos de crecimiento. Uno de los indicadores de que vamos alejando la cabeza del suelo, es que adquirimos pericia en el uso de las herramientas del hogar y son precisamente ésos, porque con ellos empezamos a medir nuestra estatura, nuestro alcance y nuestra fuerza, ya sea por medio de juegos o porque debemos aprender a usarlos; algunas veces quisimos asomarnos a ver qué tenía mamá en la tarja o si estaba bien usar una escoba como caballito, lo que nos sirvió de referencia para ver qué tan largos teníamos los brazos o si llegábamos a pasar el nivel del mueble sin un banquito de por medio. Quizá hayamos olvidado la satisfacción sentida cuando pudimos bajar un vaso del gabinete para servirnos agua de la jarra más pesada.

2. Y la madurez. Supongo que s todos nos explicaron qué era ser maduro en diversas formas, algunas entendibles de un jalón, otras no tanto, por lo que debíamos llenar la falta de información a golpe y porrazo; podríamos entenderla como una meta a la cual llegar por un camino de abrojos que debíamos transitar estoicamente, también, como un proceso en el cual mostrar equilibrio en etapas era lo importante. Cualquiera que fuera la explicación, estaba basada en lo que se esperaba de nosotros, no en cómo nos sintiéramos, visión dirigida a prevenir quizá que no fuéramos agredidos de alguna forma o que no estuviéramos molestando con tonterías, cuando lo que importa, es descubrirnos estables bajo cualquier contingencia.

3. Los de limpieza. ¿Cómo es que podríamos asociar, una escoba, un trapeador o una franela con el crecimiento mental y afectivo? La iglesia nos da una pista con Martín de Porres, el famoso «fray escoba», quien más allá de ser un guerrero que agarrara a escobazos a los infieles o presentarse como un ser resignado a su destino, tuvo entre sus manos un instrumento que le permitía escuchar a su entorno mientras realizaba una tarea cotidiana. Más allá de juntar o quitar polvo, los instrumentos de limpieza pueden simbolizar cierta paz interior, lo que se logra por tener el espacio que nos rodea en orden. Hay quienes, incluso, llevan sus arreos de limpieza a todas partes, obviamente en tamaños especiales para viaje, seguramente porque gustan de su estándar de orden.

4. Como una olla. A las emociones hay que cocinarlas a fuego lento, dándoles su tiempo de cocción propio, los recipientes con los que contamos pueden ser de barro, de aluminio o de acero inoxidable, de acción pausada o express, pero debemos tener algunas consideraciones, el tiempo de reacción de nuestra «olla» hará que, si no tomamos en cuenta a los demás, pueden aburrirse de nosotros o espantarse por nuestra posible explosividad. Otro punto es que cada uno tenemos una capacidad que no conviene rebasar puesto que podemos romperla o averiar sus empaques y una olla descompuesta o sirve para nada o queda nada más de adorno. Último punto, nunca debemos olvidar que el principal condimento de cualquier guiso es la paciencia. Salud.

Beto.

lunes, 29 de junio de 2026

Desperdicio y dispendio

¿Cuántos barriles más serán necesarios?
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. A la basura. Para todas las veces que en nuestra vida escuchamos los «tiempos no están para andar tirando las cosas», no cuadra que durante marzo y abril hayamos tenido que oír en los medios que un grave derrame de petróleo cerca de las costas de Campeche, Tabasco, Veracruz y a frontera de éste con Tamaulipas no se pudiera contener, lo que grafica la inutilidad de esta administración, no digamos para limpiar las aguas territoriales, sino para manejar el hidrocarburo eficientemente y evitar catástrofes de esa índole. La gravedad en lo ecológico trasciende en lo económico, no nada más por la pérdida del petróleo, sino porque esa mancha negra entorpeció la actividad pesquera y hasta el día de hoy, nadie mencionó una compensación a los afectados.

2. Reciclar, qué flojera. Pudiera ser que para los desechos diarios encontremos razón válida de darles una segunda oportunidad, como a los contenedores de comida que dan en los súper mercados, yo utilicé uno de plástico como lapicera y tengo uno de vidrio para el mismo fin, pero no todo es susceptible de usarse para otra función, aunque en política se piense lo contrario, por ejemplo, con los funcionarios públicos a los que podemos ver en periodos distintos o en el mismo, ocupando puestos diversos como si se tratara de módulos multi funcionales a los que nada más van a colocárseles algunos aditamentos para que sirvan bien, pero ya todos sabemos que sólo en muy raras ocasiones resultan adecuados para varias cosas.

3. No nos sobra. Pero nuestros gobiernos creen que tenemos el deber cívico de mandar recursos al costal sin fondo en el que se ha convertido el régimen cubano, porque el pueblo nunca ha sido depositario de la ayuda; la vida en la isla se ha vuelto, por la información que nos llega, insoportable casi desde los inicios del gobierno de Castro, el cual desde la teoría, significaba una alternativa a la falta de recursos al alcance de todos en el que se desarrolla el capitalismo dependiente en el que hemos estado sumidos toda la vida, por lo cual, estar regalando nuestros recursos no parece coherente, pues si no se usan para mejorar las condiciones de nuestra población, ¿por qué deben usarse para medio paliar las necesidades de otros? No hay razón.

4. El enemigo en casa. Después de la negación que la 4T ha hecho su estilo personal de gobernar, tres funcionarios, el subdirector de seguridad, salud en el trabajo y protección ambiental, el coordinador de control marino y el líder de derrames y residuos, sabían desde febrero del problema y sistemáticamente negaron que PEMEX hubiera tenido algo que ver y fueron capaces de dejar que la presidente de la República metiera la pata (cual es su costumbre) echándole la culpa a un barco de una empresa privada o a emanaciones naturales. El episodio no es otra cosa que la argumentación defendiendo la ineptitud y como dijo la mandataria, fue un evento de carácter penal, pero no se supo de acciones en contra de esos funcionarios. Salud.

Beto.

lunes, 22 de junio de 2026

Socialmente responsable

Estar dispuesto a ayudar no debe significar
un sacrificio. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Comercializado. Su unidad se pronuncia como los anuncios de los pastelillos hiper industrializados que las mismas fábricas de los productos la han puesto de moda desde hace algunas décadas. Podría parecernos una burla que en algún tiempo atrás, los anuncios de los refrescos, los mismos pastelillos, frituras y otros productos adicionaran en su texto la frase «aliméntate sanamente», cuando sus procesos de elaboración suelen ser, a la larga para quienes los consumen regularmente, dañinos para su salud; la moda actual indica que deben incluirse octágonos negros con letras en blanco que adviertan sobre excesos en sodio, azúcares y grasas entre otros, lo malo es que en ninguna bolsa se indica cuál es la porción adecuada.

2. Industrializado. El reciclado ha sido la bandera con la que varios sectores industriales defienden, sus actividades, quitándoles un poco la imagen de riesgosas para los ecosistemas en los que están asentados; el plástico es el material que más se transforma en objetos útiles y se recicla ya sea dándole a las piezas otra tares o fundiéndolas para hacer nuevas, en seguida está el vidrio pues presenta un manejo semejante de uso y fundición; la madera, los metales y otros materiales presentan dificultades por manejo de residuos o el requerir maquinaria especializada que para nada es barata, por lo que pensar en plantas recicladoras como una forma de hacer dinero, debe meditarse franca y pacientemente.

3. Escolarizado. Contrario a la concepción laboratorista de lo que es una escuela, ese universo no está totalmente controlado, las transformaciones esperadas se van dando lentamente, sin garantía de que funcionen como se espera, aunque hay confianza en la labor del docente, no así en los contenidos a manejarse, puesto que es responsabilidad del discente aplicarlos o no en su vida particular. Si bien, esa confianza se veía reflejada en la obtención de títulos universitarios o en la inserción en la vida laboral de la mayoría de los egresados de los distintos niveles escolares, hoy en día parece haber disminuido por efecto del aumento en la violencia y otros factores que han hecho de la convivencia cotidiana, una novela de terror.

4. Lo cotidiano. Si se trata de una fuga de agua, un cable eléctrico que cuelga o un accidente automovilístico, es muy probable que demos parte a las autoridades, pero la cultura de la denuncia pierde peso en nuestra sociedad cuando está de por medio la violencia o los malos manejos de un grupo con poder; la burra no era arisca... Es natural que temamos represalias de aquellos que se sientan agredidos por una denuncia de nuestra parte, en mayor medida si los afectados son delincuentes, gozan de una impunidad incomprensible. O quizá sí; cada desposeído de este país ha sido el resultado de un deterioro social en todos los aspectos y en todos los niveles, al grado de ver a la corrupción como algo inherente al humano. Salud.

Beto.

lunes, 15 de junio de 2026

Los límites del egocentrismo

Sucede que no sabemos cuáles son los límites
de lo que merecemos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Ser lo máximo. Es una sentencia que pesaba en nosotros apenas nos asomaban uno cuantos pelos en la cara, ser el mejor era una obligación con la base económica como requisito; la suposición era que con esfuerzo y mucho trabajo todo se nos daría, pero nunca nos aclararon que la meritocracia no ha sido suficiente puesto que un gran porcentaje del éxito se debe a las relaciones que sembramos a lo largo del tiempo, sin embargo, debíamos solventar el primer obstáculo que era el que a la mayoría nunca nos educaron para ser sociables, por el contrario, debíamos evitar el dar molestias, así que a los pocos que les dieron la oportunidad de desarrollar esa parte o mejor, les animaron, por supuesto que se creían mucho; caían gordos.

2. Todo a mi servicio. En años anteriores, los únicos que parecían tener el derecho de sentirse el centro del universo, eran los famosos, sin importar que fueran actores, deportistas, científicos, escritores o políticos, porque fuera de esos mundos, cualquier otro no pasaría de ser un presumido; ahora, la celebridad puede alcanzarse pavoneándose en ropa interior frente a una cámara o arreglando cosas o criticando con palabrotas de por medio a otra celebridad, una figura política o una obra literaria, por citar unas cuantas; lo que quiero decir es que ya no importa tanto el estar preparados o no para lograr notoriedad, aunque la preparación suele ayudar, lo que importa es lograr cierto impacto y mantenerse en el gusto de un público hedonista.

3. Vivan como yo. Gurúes de todo tipo, al descubrir que algo les funciona, sucumben a la tentación de compartirlo con el fin de ganarse un prestigio y unos pesos (¿por qué no?). El contenido de fondo no es necesariamente educativo pero sí tiene algo de doctrinario pues, sin importar de quién se trate, los que conformen el público adquirirán el compromiso de seguir la reglas que se impongan en el mensaje. El convencimiento es, en realidad, un contubernio entre quien organiza las ideas y quienes las compran por una necesidad fatua de ser tomados en cuenta en un proyecto cualquiera, aunque éste suponga la renuncia a pensar racionalmente y comprometer la individualidad por servir en algo sumamente complicado.

4. El Armagedón. A la más pura usanza de los infomerciales (a’pa nombrecito) la tendencia a hacer ver al mundo que no hay mejor manera de ser que la propia, responde quizá, a toda esa bola de argumentos sobre lo malo que resulta envidiar la vida y las posesiones ajenas; la negación y su subsiguiente represión de lo que sentimos, se a bien o mal visto, no nos ha creado más que una especie de olla exprés en la que metemos todo lo que nos avergüenza, hasta que llaga el momento en que nos explota en la cara, en lugar de reflexionar sobre que eso que sentimos es natural, pero que debemos responsabilizarnos de ello, es decir, si queremos algo, ¿qué haremos para conseguirlo? Salud.

Beto.

lunes, 8 de junio de 2026

Un adversario de verdad

No solemos gustarnos del todo cuando
amanecemos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Aparece por asalto. Los momento en los que pretendemos medir nuestras fuerzas, suelen aparecerse porque percibimos que algo no está bien en nuestro entorno, algo nos molesta y no parece querer alejarse en el corto plazo, es entonces cuando debemos ponernos en acción y saber si estamos hechos para soportar lo que venga. Un adversario al que debemos enfrentar, presenta características que supuestamente debimos prever puesto que se mueve en los mismos ámbitos que nosotros, conoce a las mismas personas y tiene casi los mismos recursos, aunque podría sorprendernos con argucias que también nosotros utilizaríamos, si se nos permitiera hacerlo. Los atavismos sociales son lozas que pesan por los agregados que les damos eventualmente.

2. Presenta poca piedad. Se aparece para contrariarnos, observando todo aquello que fingimos no ver cuando no encontramos remedio y los demás dejan pasar, pues suponen que nos molestaríamos si lo hacen notorio; y algo hay de eso porque la costumbre infantil indica que lo señalado sólo sirve para hacernos sentir mal, máxime si se usa el índice para recalcarlo; hay advertencias que con una ligera variación en el tono o la cadencia, se vuelven amenazas y si algo no les satisface, la carga emocional resultante de un posible reproche, será tan pesada que la incomodidad nos acompañará a toda hora sin que podamos safarnos ni mucho menos escondernos de sus acusaciones. Hay quien la llama conciencia.

3. Suele ser sanguinario. Si lo vemos a los ojos, podemos percibir que su expresión cambia como la de una fiera que olfatea el miedo, ya que no requiere acercarse sigilosamente porque está junto a nosotros desde el mismo instante en que volteamos a ver su imagen, nos observa de la misma manera que lo hacemos nosotros con tal exactitud que no hay lapso de diferencia, si le mostramos orgullo, es lo que nos regresa, si es odio, lo mismo que nos devuelve, si fuera gusto, no exagera pero tampoco se queda corto, lo curioso es que parece disfrutar más los momentos malos que los buenos, porque la competencia allá afuera es por sufrir más que los demás y quien se atreva a ser o estar conforme consigo, se verá rechazado.

4. Y lo vemos en el espejo. Nos levantamos en las mañanas y la primera imagen humana (o casi) que vemos es ésa a la que nos hemos acostumbrado, con muchos trabajos, a portar a diario; sin llegar a aborrecerla, sí nos incomoda que no haya mantenido la lozanía de antaño y que a diario nos reta a conseguir medianamente algo parecido. Aceptamos el reto y limpiamos lo que haya que limpiar, rasuramos lo que haya que rasurar y maquillamos lo que haya que maquillar sin olvidar el menester capilar, quienes tengan algo que peinar. La batalla puede ser cruenta, ya sea para conseguir la imagen que nos distingue o aquella con la que presumimos que nunca repetimos, pues en la variedad está el gusto, aunque a veces no el nuestro. Salud.

Beto.

lunes, 1 de junio de 2026

Los felices apestados

Al outsider no se le entiende, se le quiere.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Observar los márgenes. A veces, la ignorancia juega en favor de la felicidad y en otras, de vocero oficial de la injusticia; ignorar, como acto voluntario, es un rasgo que nos encamina a entender cómo es que se generan los rechazos a ideas, personas o etnias dejando para una mejor ocasión el comprender o al menos tener curiosidad sobre las diferencias que, con nuestro esquema de pensamiento, pudieran tener; en el límite de la intolerancia vamos a encontrar a aquello que no se ajustan a los estándares de creencias de la mayoría (ésta muchas veces fragmentada por detalles de una misma esencia) por lo que serían, en el menor de los casos, blancos de ser señalados por los demás por considerárseles un riesgo para la estabilidad del lugar y, por consecuencia, serían apartados.

2. Apartados pero no olvidados. Los «distintos» aparecen cuando adquirimos conciencia de grupo, hay un nosotros y un ellos; la mayor parte de las veces sirve para finar los rasgos personales, otras, sólo para segregar. Por desgracia, las segundas son más notorias debido a que las acciones, precedidas por discursos titulados por un «»nosotros no somos así» o «nosotros no hacemos así las cosas», no suelen ser para integrar esfuerzos, sino para suplir los de otros. Es posible que encontremos satisfacción cuando somos elegidos por sobre los demás para realizar alguna tarea o sea sólo el alivio de que no moriremos de hambre y los demás quedaron atrás, pero siguen de cerca recordándonos que pudimos ser nosotros los que estuviéramos en su lugar. O lo estuvimos.

3. La derrota no es opción. Para alguien contento con lo que tiene y conforme con lo que es, la palabra derrota no le significa gran cosa, posiblemente esté a un paso de la felicidad y al borde de la envidia de quienes no lo hayan logrado (o que piensen eso); la inconformidad puede ser productiva cuando lo que hacemos no ha logrado conmover a los demás, por supuesto, hay actividades que lo hacen más rápido que otras, pero eso es cuestión de apreciación de las partes involucradas, es decir, de quien produce y de quien consume. Una vez tomado en cuenta, nuestro trabajo hablará por sí mismo. La verdadera victoria no está en lo que logremos acumular, sino en saber darle utilidad a eso acumulado, para que no se vuelva chatarra.

4. La exclusión se vuelve libertad. Quienes hayan pasado algún episodio (o toda una temporada) de segregación, se habrán dado cuenta que no siempre es malo quedar apartados, pues además del descanso por no tener que soportar presencias no deseadas, hay tiempo para reflexionar sobre el lugar que se ocupa o el que los demás nos dejaron. Si acaso logramos hallarle el gusto a tener lapsos sin compañía, podríamos tener la oportunidad de ver nuestro entorno de otra manera, ya no nada más en función de nuestras necesidades, sino también en cuanto a lo que podamos hacer por él como un acto de libertad plena, donde no priva la urgencia, lo que nos interesa saber es si lo que hacemos va a beneficiar a los demás. Salud.

Beto.

lunes, 25 de mayo de 2026

¿Queremos ser libres?

La libertad no siempre es como
nos la pintan. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Para imponer nuestra voluntad. Desde un esquema de imposición de la individualidad, ser libres puede significar hacer lo que se nos dé la gana, lo que crea más incertidumbre que certeza, pues al no tener claros los límites de mis «ganas», tampoco estaré seguro de qué sería lo que a los demás se les antojaría hacer. Es por eso que la libertad, como todo en sociedad, debe ser consensuada, tener límites definidos al mismo tiempo por necesidades grupales y obligaciones y derechos particulares; recordemos también que la libertad es manifiesta cuando se ejerce y esto, aunque parezca obvio, pocas veces la aplicamos en la realidad, por ejemplo, somos libres de transitar por donde queramos, pero no lo hacemos porque algunas zonas nos resultan bastante peligrosas.

2. Porque es valorada desde la escuela. Se nos enseñó con los libros de texto que uno de los valores más apreciados era la libertad, paradójicamente, resulta ser el más mencionado, pero el que, racionalmente hablando, el que menos se ejerce; en la escuela se mantiene en el aire, flotando como una aspiración que nunca logró consolidarse dado que es más fácil adoctrinar desde la culpa, la vulnerabilidad y la derrota. La libertad requiere de un compromiso que pocos están dispuestos a asumir, porque eso exige además ejercerla con los demás, porque aunque se trate de un valor universal, no puede ser absoluto ya que debe compararse lo que hacemos con ella y lo que hacen los demás, dado que los límites y los alcances se encuentran en la propia práctica.

3. Porque es un derecho. Lo que pesa es que lo pensemos como un otorgamiento y no como parte esencial de nuestra (muy discutible) humanidad; eso sí, gritamos a los cuatro vientos que somos libres, que queremos ser libres y cada día nos encadenamos a pasiones y necesidades creadas por otros para alimentar un consumismo hueco que nos mantiene en un nivel básico de sobrevivencia y reacción, como el estar atrapados en un embotellamiento que concebimos, no como un uso irracional del coche, sino como la «obstaculización de mi derecho» a circular rápido, sin cuestionar «la libertad» que tuvimos de adquirir automóviles sin más restricción que nuestros bolsillos o de circular todos a fuerza a la misma hora por las mismas calles.

4. Porque no tenemos idea. Como abstracción, la libertad nos enamora como en un cuadro de fascinación de vuelo; si lo pensamos como una manera de independizarnos de la casa paterna (todo anhelamos eso alguna vez), nos regocijamos imaginándonos haciendo lo que nos pegue la gana, a la hora que se nos antoje y con quien mejor nos convenga, pero... por desgracia, todo tiene un costo, primero monetario y después anímico y ambos exigen un precio que, si los queremos, debemos estar dispuestos a pagar. Para empezar, una renta por un lugar para vivir, después, administrar el tiempo para poder salir porque el tener dinero requiere de trabajo, bien o mal remunerado, que suele ocuparnos al menos, por ocho horas diarias. Salud.

Beto.

lunes, 18 de mayo de 2026

El ejercicio de la libertad

No se obtiene libertad si no se ha construido
la propia vida. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Un odio sin mucho sentido. En el marco de un mes publicitariamente dedicado a las mujeres en su rol de madres, estuve recordando los resultados de la marcha llevada a cabo en nuestra ciudad mediante un video publicado en facebook por el creador de contenidos «Aladyn» y no tuve más que sumarme a su comentario, breve pero contundente; en dichas imágenes se veían en la noche a trabajadores municipales limpiando las paredes de Presidencia Municipal vandalizadas, al parecer, por integrantes de la marcha, algo a todas luces deleznable puesto que, existiendo maneras civilizadas de expresarse, algunas de las manifestantes escogieron comportarse como un porro cualquiera, lo que obligó al personal, que ni debía ni temía, a limpiar su desorden en lugar de descansar en sus casas.

2. La foto con razón oculta. Una publicación distinta da testimonio de otra acción llevada a cabo por una señorita, en ella se ve cómo prende fuego a algunos papeles en la esquina inferior izquierda de la fachada del inmueble (si la vemos de frente); las razones pueden parecernos válidas, no asó los resultados, porque si no utilizaron las autoridades los recursos para esclarecer los casos de los que quieren llamara la atención, ahora dieron el pretexto para usarlos en reparar sus destrozos y argumentar que ya no alcanzan por esa razón. Por supuesto, los posibles montos no se comparan, pero la razón nunca ha acompañado a la perorata gubernamental. ¿Hicieron mal? Sí, pero no nada más por el vandalismo manifiesto, sino porque con él sólo provocaron un mayor rechazo.

3. Cuando la parte pensante falla. Y antes de que utilizar la fuerza se convierta en una forma de diálogo, debemos pensar en la manera en que hemos venido normalizando acciones como las del ocho de marzo y todas las que ocurren a diario en varios puntos de la ciudad, como el asalto a la tienda Bara de Ejército Nacional o a los anteriores a la farmacia Guadalajara de esa misma cuadra; nos indignamos, claro, pero pronto nos invade la impotencia que ha venido acumulándose en una rabia contenida por años de incertidumbre. Han aparecido picos de paranoia agudizada por las redes sociales debido a que muchos usuarios no tienen rigor al momento de publicar cualquier tipo de contenido, máxime cuando se trata de notas violentas.

4. Es una decisión. Ser libre depende de nosotros mismos, a menos que nos maniaten por la fuerza; sin embargo, el pensamiento lo es por excelencia pues pensar no lastima ni duele, a lo mucho, incomoda cuando se expresa. Podemos plasmar mil y un situaciones tan libremente como nos sea posible, pero en ese mismo ejercicio interviene (necesariamente) la responsabilidad a la hora de difundirlo, pues todo mensaje provoca una posible respuesta, por ende, una afectación. Los viejos decían que había que tener palabra, sostenerla ante lo que fuera y ante quien sea, por lo que si llegáramos a declararnos libres, debíamos tomar en cuenta que ejercer ese libertad no significaba hacer lo que nos diera la gana, sino que esa gana no debía afectar a los demás. Salud.

Beto.

lunes, 11 de mayo de 2026

Doña justicia

La Justicia no disfruta del lugar
donde está. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Ciega. Nos hicieron creer que su invidencia se debía a que no percibía su aplicación de manera selectiva, la realidad indica que no sabe dónde aplicarse pues no ve dónde está parada; a la justicia se le percibe de una manera individual pues mientras nada malo me pase, la vida puede seguir sin alteraciones. La justicia es escurridiza y se deja atrapar sólo por quienes cuentan con recursos suficientes para comprar lo que sea, de cualquiera de las maneras en las que estén pensándolo; en el espíritu de la ley, se supone que debe aplicarse de la misma forma y rigor a todo el mundo, lo cual implica que la ceguera a la que se hace referencia, ni es selectiva, ni es conveniente, pero... ¡Ah, cómo suele sucumbir ante distintas tentaciones!

2. Sorda. También a conveniencia, pues mientras atiende a las palabras susurrantes de la corrupción, hace caso omiso del clamor de los desposeídos, porque tradicionalmente le es más útil la comodidad de sus recintos alejados de la chusma. En los últimos años, ese distanciamiento se ha agudizado; si me permiten la interpretación, la negativa a acercarse a los problemas (que ellos mismos provocaron) no es más que es un síntoma de que saben que no les ha interesado hacer las cosas. Lo peor del caso es que no hay aparatos para la sordera especiales para funcionarios públicos ni mucho menos, para una figura retórica como lo es la justicia, por muy antropomórfica que sea.

3. Anosmática (anósmica). Ya de sí, el ser humano tiene un olfato bastante deficiente, comparado con otras especies, sin embargo su incapacidad para «olérselas» cuando por descuido o ineptitud cae en sus propias trampas legales, las consecuencias toman proporciones épicas; el daño por sus acciones, desgraciadamente, no se queda en su entorno, sino que nos afecta a todos, sin que seamos del todo conscientes de lo que nos implica en la vida cotidiana, que es donde sentimos los cambios. Ya que salió a la palestra, la cotidianidad ha sido tratada como si fuera un recurso natural renovable, hasta cierto punto, de manera irresponsable ya que suponemos que su transición está fuera de su control, por lo cual, si no nos afecta no nos importa.

4. Se hace la loca. Ser justo nos viene de la idea de ser equitativos, pero en algunas instancias lo interpretamos como aquello que nos ajusta o nos va bien; y el yo es un mal consejero pues reacciona y razona tarde. Ante un conflicto, si éste no nos afecta, entonces estamos bien, pero si sucede lo contrario, no hay espacio suficiente que contenga nuestra ira, ahí es donde la justicia adquiere dimensiones desproporcionadas, por ejemplo, en general nos parece justo que un trabajador viva con un sueldo de entre tres mil y diez mil pesos al mes en jornadas de ocho horas por seis días, mientras que sólo a los diputados les parece justo tener sueldos de noventa a cien mil pesos al mes por trabajar a su favor cuando les da la gana. Curiosito y salud.

Beto.

lunes, 4 de mayo de 2026

Si creas fama

El famoso debe soportar las cosas
como le vengan. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. ¿Te echas a dormir? Es decir, ¿te vuelves al estado que originó tu deseo de ser famoso? Soñar con ser reconocido pareciera una pulsión que va desapareciendo conforme ningún productor renombrado nos descubre o ningún entrenador o visor de talentos va a nuestros partidos; por otro lado, ¿por qué habría necesidad de que fuéramos descubiertos? Lo que hacemos o dejamos de hacer importa únicamente a quienes están dentro de nuestros círculos sociales (ahora redes también), dependiendo del tamaño de éstas, será el reconocimiento que tengamos, aunado al trabajo pues si no es constante, el olvido sería un destino más probable. Por supuesto que no es una ley, la variable más importante en la relación creador-público es el tiempo que decida invertir este último al consumo de contenidos.

2. Tampoco tomas siesta. Las cosas por las que somos conocidos tienen fecha de caducidad en la memoria de los demás, según el grado de conocimiento que tengamos con ellos, la frecuencia con la que convivamos y su propia capacidad de retención de información. Las dinámicas han cambiado y la vigilancia sobre lo que hacemos es más cercana, pero también se desecha más fácilmente, las escalas de prioridades han cambiado radicalmente transformándonos en espectadores en lo que deberíamos ser actores y viceversa. Los valores se han reconfigurado en una escala cambiante en plazos muy cortos, acordes a la atención que ponemos en las cosas, a nuestros hábitos de consumo y a la concepción de «úsese y tírese» con lo que nos involucramos con todo.

3. Alerta con los comentarios. El famoso debe tener la piel gruesa y dura además de contar con la ayuda profesional para mantenerlo cuerdo, sobrio y funcional, pero claro, eso es mucho pedir cuando la fama sirve nada más para deslindarnos del común de los mortales, sin importar los medios con los que adquirimos esa notoriedad, no obstante, las alertas se disparan cuando los comentarios de esos mismos mortales no favorecen la imagen de famoso, pues es donde nos damos cuenta que al halo que nos envuelve no nos pertenece, que nos lo hemos ganado, sí, pero es prestado porque depende del ejercicio de admiración de un público que pudiera estar obnubilado mientras su gusto se satisface, pero el posible despertar puede suceder en cualquier momento.

4. La gozas. Al menos así debería ser porque, ¿a quién no le gustaría tener los reflectores sobre su persona y ser admirado por los demás mortales, poniéndonos en una plataforma superior, aunque sólo se trate de un miserable ladrillo? Lo malo es que en un ámbito de fama (y fortuna), el gozo se asocia con los excesos y éstos resultan atractivos hasta que aparece el deterioro moral o físico, lo que puede concluir de dos maneras, la «muerte virtual» o la muerte real y, si hay suerte, la reivindicación de la víctima de la fama, aunque en este segundo plano, también existe el riesgo del exceso testimonial al convertirse en predicador del formato en el que se regeneró. Salud.

Beto.

lunes, 27 de abril de 2026

Prohibido viajar

¿Se llegará el tiempo en que viajaremos
sin dar tentaciones? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Pesos y centavos. Para los grandes potentados no, pero para la gente común como nosotros, tener un pequeño fondo será la diferencia entre salir o no; hablar de un ahorro sería inexacto puesto que no se trata de ganar réditos que tampoco implica el tener ganancias, sino simplemente, mantener el poder adquisitivo del dinero. Nuestra moneda ha tenido que adaptarse, cada cierto tiempo, a las necesidades de las que ahora dominan el mercado mundial, principalmente la de nuestros capto... perdón, nuestros socios comerciales, el dólar; la situación es la misma, entre la dominación económica y la corrupción doméstica, la inseguridad ha crecido como una infección viral en la que los únicos perdedores somos los ciudadanos de a pie, el sostén de la nación.

2. Las distancias. Se traducen también en dinero, por lo que salir de las ciudades requiere de apartar el billete y calcular el costo del viaje redondo más la estadía por si se trata de horas o días, las comidas y los recuerditos. El traslado será siempre lo más caro en proporción del bienestar y la satisfacción que proporciona pues, comparado con un buen cuarto, un buen restaurante o un buen lugar para realizar diferentes actividades, las carreteras, las casetas, la gasolina o la espera de un autobús, suelen ser algo oneroso. Y si a todo eso le sumamos los conflictos que se han dado como el cierre de las caminos, el tiempo no parece estar bien invertido. Ya ni hablar de la inseguridad porque eso es tema de todos los días, a toda hora y en cualquier lugar.

3. El bendito tiempo. Los traslados tienen un encanto casi olvidado en las entrañas de las aerolíneas y las súper carreteras, «pueblear» ya no es una primera opción, los viajes tienen un solo fin: llegar, los destinos se han restringido y conocer es lo de menos; el goce y la variedad ya no parecen tan cercanos, mucho menos la diversión y la inversión del tiempo, que se hace eterno teniendo como fondo la cantaleta «¿ya mero llegamos?»; la imaginación en consecuencia, también ha sufrido restricciones, por las que ahora necesita de profesionales de la administración del tiempo en el formato de agentes de viajes, hoteleros y animadores, que no tienen otro cometido que decirnos qué hacer en nuestro tiempo libre, como si de niños pequeños se tratara.

4. La inseguridad. Empieza a ser muy molesto que el llegar con bien a nuestros destinos no sea nuestra responsabilidad, sino de otros; desde hacer conciencia de que hay borrachos irresponsables (todavía) hasta temer el que te encuentres con un comando armado, este país ya tiene tientes de estado de sitio. Salimos porque no tenemos de otra y las razones son igualmente importantes, sean por trabajo, negocios o esparcimiento, como para que una bola de inadaptados nos tengan secuestrados y con toques de queda intermitentes. Si me permiten la expresión, ya era tiempo de que empezáramos a pagar los descuidos de antaño, el permitir que nuestros hijos supusieran que todo se merecen sin hacer esfuerzo alguno y, con ello, ver pasivamente cómo se convertían en unos pelados. Salud.

Beto.

Repetir patrones

La costura retrata mejor lo que son los patrones. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. D iría la costurera. Y mientras no sean los que ...