lunes, 1 de junio de 2026

Los felices apestados

Al outsider no se le entiende, se le quiere.
Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Observar los márgenes. A veces, la ignorancia juega en favor de la felicidad y en otras, de vocero oficial de la injusticia; ignorar, como acto voluntario, es un rasgo que nos encamina a entender cómo es que se generan los rechazos a ideas, personas o etnias dejando para una mejor ocasión el comprender o al menos tener curiosidad sobre las diferencias que, con nuestro esquema de pensamiento, pudieran tener; en el límite de la intolerancia vamos a encontrar a aquello que no se ajustan a los estándares de creencias de la mayoría (ésta muchas veces fragmentada por detalles de una misma esencia) por lo que serían, en el menor de los casos, blancos de ser señalados por los demás por considerárseles un riesgo para la estabilidad del lugar y, por consecuencia, serían apartados.

2. Apartados pero no olvidados. Los «distintos» aparecen cuando adquirimos conciencia de grupo, hay un nosotros y un ellos; la mayor parte de las veces sirve para finar los rasgos personales, otras, sólo para segregar. Por desgracia, las segundas son más notorias debido a que las acciones, precedidas por discursos titulados por un «»nosotros no somos así» o «nosotros no hacemos así las cosas», no suelen ser para integrar esfuerzos, sino para suplir los de otros. Es posible que encontremos satisfacción cuando somos elegidos por sobre los demás para realizar alguna tarea o sea sólo el alivio de que no moriremos de hambre y los demás quedaron atrás, pero siguen de cerca recordándonos que pudimos ser nosotros los que estuviéramos en su lugar. O lo estuvimos.

3. La derrota no es opción. Para alguien contento con lo que tiene y conforme con lo que es, la palabra derrota no le significa gran cosa, posiblemente esté a un paso de la felicidad y al borde de la envidia de quienes no lo hayan logrado (o que piensen eso); la inconformidad puede ser productiva cuando lo que hacemos no ha logrado conmover a los demás, por supuesto, hay actividades que lo hacen más rápido que otras, pero eso es cuestión de apreciación de las partes involucradas, es decir, de quien produce y de quien consume. Una vez tomado en cuenta, nuestro trabajo hablará por sí mismo. La verdadera victoria no está en lo que logremos acumular, sino en saber darle utilidad a eso acumulado, para que no se vuelva chatarra.

4. La exclusión se vuelve libertad. Quienes hayan pasado algún episodio (o toda una temporada) de segregación, se habrán dado cuenta que no siempre es malo quedar apartados, pues además del descanso por no tener que soportar presencias no deseadas, hay tiempo para reflexionar sobre el lugar que se ocupa o el que los demás nos dejaron. Si acaso logramos hallarle el gusto a tener lapsos sin compañía, podríamos tener la oportunidad de ver nuestro entorno de otra manera, ya no nada más en función de nuestras necesidades, sino también en cuanto a lo que podamos hacer por él como un acto de libertad plena, donde no priva la urgencia, lo que nos interesa saber es si lo que hacemos va a beneficiar a los demás. Salud.

Beto.

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