lunes, 8 de junio de 2026

Un adversario de verdad

No solemos gustarnos del todo cuando
amanecemos. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Aparece por asalto. Los momento en los que pretendemos medir nuestras fuerzas, suelen aparecerse porque percibimos que algo no está bien en nuestro entorno, algo nos molesta y no parece querer alejarse en el corto plazo, es entonces cuando debemos ponernos en acción y saber si estamos hechos para soportar lo que venga. Un adversario al que debemos enfrentar, presenta características que supuestamente debimos prever puesto que se mueve en los mismos ámbitos que nosotros, conoce a las mismas personas y tiene casi los mismos recursos, aunque podría sorprendernos con argucias que también nosotros utilizaríamos, si se nos permitiera hacerlo. Los atavismos sociales son lozas que pesan por los agregados que les damos eventualmente.

2. Presenta poca piedad. Se aparece para contrariarnos, observando todo aquello que fingimos no ver cuando no encontramos remedio y los demás dejan pasar, pues suponen que nos molestaríamos si lo hacen notorio; y algo hay de eso porque la costumbre infantil indica que lo señalado sólo sirve para hacernos sentir mal, máxime si se usa el índice para recalcarlo; hay advertencias que con una ligera variación en el tono o la cadencia, se vuelven amenazas y si algo no les satisface, la carga emocional resultante de un posible reproche, será tan pesada que la incomodidad nos acompañará a toda hora sin que podamos safarnos ni mucho menos escondernos de sus acusaciones. Hay quien la llama conciencia.

3. Suele ser sanguinario. Si lo vemos a los ojos, podemos percibir que su expresión cambia como la de una fiera que olfatea el miedo, ya que no requiere acercarse sigilosamente porque está junto a nosotros desde el mismo instante en que volteamos a ver su imagen, nos observa de la misma manera que lo hacemos nosotros con tal exactitud que no hay lapso de diferencia, si le mostramos orgullo, es lo que nos regresa, si es odio, lo mismo que nos devuelve, si fuera gusto, no exagera pero tampoco se queda corto, lo curioso es que parece disfrutar más los momentos malos que los buenos, porque la competencia allá afuera es por sufrir más que los demás y quien se atreva a ser o estar conforme consigo, se verá rechazado.

4. Y lo vemos en el espejo. Nos levantamos en las mañanas y la primera imagen humana (o casi) que vemos es ésa a la que nos hemos acostumbrado, con muchos trabajos, a portar a diario; sin llegar a aborrecerla, sí nos incomoda que no haya mantenido la lozanía de antaño y que a diario nos reta a conseguir medianamente algo parecido. Aceptamos el reto y limpiamos lo que haya que limpiar, rasuramos lo que haya que rasurar y maquillamos lo que haya que maquillar sin olvidar el menester capilar, quienes tengan algo que peinar. La batalla puede ser cruenta, ya sea para conseguir la imagen que nos distingue o aquella con la que presumimos que nunca repetimos, pues en la variedad está el gusto, aunque a veces no el nuestro. Salud.

Beto.

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