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| Todo tiene un origen detectable. Foto: BAER vía Meta AI |
1. La idea original. No se trata de crear de la nada, la originalidad también abarca el manejo de la información desde un punto de vista distinto a lo que se haya manejado hasta nuestros días, una mejora, un pequeño cambio, otra perspectiva pueden ser considerados originales puesto que con ellos podemos iniciar un nuevo camino. Y más importante que el cómo usamos las cosas, está el cómo las explicamos, puesto que de lo que se trata es de lograr la aceptación por parte de los demás para que conformen un público específico o sea uno general; a veces una adecuación nos permite tener la atención de personas que no teníamos contempladas, lo que a su vez nos abre las puertas de lugares a los cuales ni siquiera habríamos imaginado tener acceso, acción que nos llevaría a pensar en nuevas adecuaciones.
2. Plasmarla de alguna manera. Si hablamos de planes, pensamos en gruesos mamotretos que van definiendo paso a paso, los conceptos con los que calificaremos las intenciones de las acciones que queremos llevar a cabo, mientras que los elaborados para el día a día, son ideas de palabra fácilmente modificables al vuelo, dado que su importancia nos permite una adaptación casi instantánea si se requiere de un cambio, ya sea de concepto, de lugar o de número de personas y es ahí, donde podemos distinguir a la institucionalidad de la cotidianidad. En la segunda opción decíamos que basta mencionarlo, escribirlo en una notita de papel y su parte formal será el calendarizarlo, mientras en el primero, podría estar acompañado de un manual de operaciones.
3. La búsqueda de recursos. En una ciudad, un estado o un país, el dinero circulante es todo lo que hay para todos sus habitantes, entonces para que unos puedan tener mucho, es necesario que otros tengan poco, es una ley económica en cualquier sistema que haya existido, por ello, para que una empresa pueda arrancar y sostenerse, se requiere que una parte de ese circulante pase de las manos que lo tienen a las que lo necesitan. Las negociaciones pueden ser muy variadas con personas u organismos de distintas naturalezas con consecuencias particulares; la cantidad a solicitar es determinante para saber con quién negociar y cuánta capacidad de pago tenemos de acuerdo a los intereses que cada entidad ofrezca, lo que nos obliga a evaluar esas posibilidades.
4. La inefable venta. Para los que suponemos estar negados para vender, esta parte de un negocio resulta traumática, hasta el momento en que recibimos un pago por un producto que estemos ofreciendo; pareciera que todo en el entorno se vuelve más amable, dejando atrás las sensaciones que nos dejaron las negativas anteriores. Vender (o venderse a uno mismo) debería significar siempre el otorgar el servicio de acercamiento de un producto necesario a alguien que va a apreciarlo en su justa medida, es decir, que sabrá distinguir entre la adquisición de un florero y una enciclopedia temática o un automóvil de lujo, no nada más por el precio, sino por el beneficio específico que cada producto le dará, sin confundir cada propósito. Salud.
Beto.






