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| La Justicia no disfruta del lugar donde está. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Ciega. Nos hicieron creer que su invidencia se debía a que no percibía su aplicación de manera selectiva, la realidad indica que no sabe dónde aplicarse pues no ve dónde está parada; a la justicia se le percibe de una manera individual pues mientras nada malo me pase, la vida puede seguir sin alteraciones. La justicia es escurridiza y se deja atrapar sólo por quienes cuentan con recursos suficientes para comprar lo que sea, de cualquiera de las maneras en las que estén pensándolo; en el espíritu de la ley, se supone que debe aplicarse de la misma forma y rigor a todo el mundo, lo cual implica que la ceguera a la que se hace referencia, ni es selectiva, ni es conveniente, pero... ¡Ah, cómo suele sucumbir ante distintas tentaciones!
2. Sorda. También a conveniencia, pues mientras atiende a las palabras susurrantes de la corrupción, hace caso omiso del clamor de los desposeídos, porque tradicionalmente le es más útil la comodidad de sus recintos alejados de la chusma. En los últimos años, ese distanciamiento se ha agudizado; si me permiten la interpretación, la negativa a acercarse a los problemas (que ellos mismos provocaron) no es más que es un síntoma de que saben que no les ha interesado hacer las cosas. Lo peor del caso es que no hay aparatos para la sordera especiales para funcionarios públicos ni mucho menos, para una figura retórica como lo es la justicia, por muy antropomórfica que sea.
3. Anosmática (anósmica). Ya de sí, el ser humano tiene un olfato bastante deficiente, comparado con otras especies, sin embargo su incapacidad para «olérselas» cuando por descuido o ineptitud cae en sus propias trampas legales, las consecuencias toman proporciones épicas; el daño por sus acciones, desgraciadamente, no se queda en su entorno, sino que nos afecta a todos, sin que seamos del todo conscientes de lo que nos implica en la vida cotidiana, que es donde sentimos los cambios. Ya que salió a la palestra, la cotidianidad ha sido tratada como si fuera un recurso natural renovable, hasta cierto punto, de manera irresponsable ya que suponemos que su transición está fuera de su control, por lo cual, si no nos afecta no nos importa.
4. Se hace la loca. Ser justo nos viene de la idea de ser equitativos, pero en algunas instancias lo interpretamos como aquello que nos ajusta o nos va bien; y el yo es un mal consejero pues reacciona y razona tarde. Ante un conflicto, si éste no nos afecta, entonces estamos bien, pero si sucede lo contrario, no hay espacio suficiente que contenga nuestra ira, ahí es donde la justicia adquiere dimensiones desproporcionadas, por ejemplo, en general nos parece justo que un trabajador viva con un sueldo de entre tres mil y diez mil pesos al mes en jornadas de ocho horas por seis días, mientras que sólo a los diputados les parece justo tener sueldos de noventa a cien mil pesos al mes por trabajar a su favor cuando les da la gana. Curiosito y salud.
Beto.






