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| Cuando ya no haya qué comprar, ¿vamos a comer billetes? Foto: BAER |
1. Paso en el tiempo. Como todo lo impuesto, servir sin convencimiento choca con lo que deberíamos tener nada más por haber nacido; libres somos por decreto porque, por decreto también, a alguien se le ocurrió en la antigüedad que era digno y motivo de derecho divino, el esclavizar a otros en su propio beneficio. Esa esclavitud sólo cambió de nombre y de formato para aplicarla, pero prevalece la idea casi intacta de propiedad; el esclavo, objeto de riqueza, podía ser asesinado sin consecuencias si acaso al amo se le daba la gana; en la edad media se pasó a siervo, cuyas condiciones no cambiaron muchos, salvo que fue un accesorio de la tierra, objeto de riqueza; desde hace mucho tiempo se ha llamado empleado, accesorio de una máquina actual, fuente de riqueza.
2. Acumulación física, riqueza virtual. Aunada a la pérdida de perspectiva sobre lo que es realmente importante, nos fijamos como objetivo (y a veces como meta) el acumular dinero por sobre todas las cosas, algo importante si consideramos que los ritmos de vida a los que nos hemos habituado, exigen previsión para no presentar carencias en el futuro. Pero cada vez más personas procuran producir más dinero y menos optan por la producción de satisfactores básicos a bajo costo, problema que se acentúa con el encarecimiento de los medios de transporte, por lo que cabe cuestionar, si el hacer que los productos de consumo básico va a ser cada vez más difícil, ¿de qué nos va a servir el tener mucho dinero si no vamos a tener qué comprar? ¿Comeremos papel, acaso?
3. Venta enajenante. Todo tiene un precio, de eso estoy cierto, sin embargo, no siempre está cotizado con dinero; habrá quien ceda a las pretensiones de otro con un carro, un instrumento de trabajo, una casa, un puesto público o el matrimonio, que cualquiera de ellos también sirve como moneda para medio ocultar que en realidad somos capaces de negociar lo que sea con quien sea. Vendemos lo que tengamos a la mano y supongamos que no es prescindible, algunos lo harán con un lápiz y otros, con la patria, lo que develará cuáles son sus reales valores. Hay quienes se venden a sí mismos y en el proceso renuncian a una posible y futura reivindicación, lo que podría tratarse como un sacrificio para salvar a los demás o una traición que afecte a un sector específico de la población.
4. Liberación propia. Ser libre es como la regla del fuera de lugar, no se alcanza por uno mismo; al ser un valor universal en su expresión, no puede ser segmentado para que sólo unos cuantos privilegiados lo gocen, si una parte del todo de una población está siendo explotada por la otra, ésta última está atada a la vigilancia de la primera para que no vaya a salírsele del carril. Como lo he dicho en otras ocasiones, quien decide esclavizar a otro, está fabricando una cadena con dos grilletes. Ser libre es con los demás, entre iguales tanto en lo material (que no significa por fuerza tener lo mismo), como en lo espiritual (lo que no tiene que ver con lo religioso), viviendo una armonía satisfactoria en lo individual, sin codiciar banalidades en lo social. Salud.
Beto.






