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| Provocan todo para estar mal y luego se hacen las víctimas. Foto: BAER |
1. Niños berrinchudos. Así debieron tratarlos en la infancia y por ello tratan de desquitarse con nosotros ahora, la mayor parte de las personas que se meten en la política (como sucede en otras prácticas) tratan de solventar alguna carencia sólo que los demás, al hacerlo, no perjudicamos a miles de personas de un plumazo; posiblemente, debido a la baja escolaridad que presentan, no estén preparados para habitar el ojo del huracán las veinticuatro horas, lo que aumenta la presión y, por tanto, acentúa su baja tolerancia a la crítica. Para colmo de males, tampoco están preparados para realizar sus funciones y ahí va otro tanto de presión por parte de sus semejantes, cerrando con ello, un círculo vicioso que ellos suponen compensar con los ilícitos de los cuales nos enteramos todos los días.
2. Una bazuca en las cámaras. O tienen una en esas boquitas que se disparan a la más mínima provocación o realmente necesitan una para probar qué tan delgada tienen la piel para señalarles sus estupideces o qué tan gruesa para mantenerse sin hacer su trabajo y soportar que se les señale; o la bazuca la deberíamos tener los contribuyentes, padrinos de tanta corrupción (no nos hagamos, la hemos solapado), para deshacernos de tanta rémora que vive del presupuesto y que en realidad, ni siquiera sirven para limpiar a este tiburón caduco que llamamos México. Una purga como la que he imaginado no podría darse sin el aval de toda la población, pero pensarlo sin tomar en cuenta las consecuencias sería un suicidio vano, ya que con ellos hemos creado una extraña simbiosis.
3. Por no atender en la escuela. Por muchas deficiencias que tenga nuestro sistema educativo, hay que aceptar que sí provee de herramientas para soportar adversidades, al menos eso solía pasar en tiempos en que los terminajos en inglés aún no llegaban a «suavizar» los epítetos con los que se calificaba a los gandallas. Resulta también que con la anglo adaptación de los términos, aumentó el número de individuos que no aguantan ni siquiera la crítica y, entonces, existen reglas para que ni siquiera tengan que molestarse en crear argumentos para defenderse o explicar lo errático de sus comportamiento. Algunas minorías y políticos se han unido en campañas que sólo buscan reivindicar el escándalo como distracción, en lugar de justificar sus acciones con genuino trabajo.
4. Imagen devaluada. La piel tan delgada de algunos sectores de la sociedad y de la mayoría de los políticos, no es otra cosa que un síntoma de que están haciendo mal las cosas y haciéndose los ofendidos por todo, suponen que van a tapar todo aquello que han echado a perder. Hemos llegado al punto en que, sólo por ridiculeces, debemos cuidarnos de señalar cosas obvias de las cuales los señalados son los únicos responsables o que su condición no puede ser cambiada, como el llamar chaparro a un tipo que mide 1.50 m y que éste se ofenda porque no tiene la media de 1.70 m que hay en el país. De ahí, los gordos, los pecosos, los güeros, nos negros y toda clase de evidencias que debemos evitar porque a veces, ni siquiera los señalados son los que se ofenden. Salud.
Beto.






