lunes, 19 de octubre de 2026

Las expresiones «comodín»

 

Como aprender un segundo idioma.
Foto: BAER vía Meta AI
Irapuato, Gto.-

1. Échale ganas. En pocas ocasiones he tenido que detenerme a entender y sacar mi propia definición de algo que me hubieran dicho, que cuando escucho los modismos que todos damos por claros y captados, aunque éstos se queden a medio camino; esas expresiones tienen como cometido el dar por terminada una plática o un tópico específico de ella y, a la vez, dar un consejo o una advertencia acerca de un problema. Está el caso del «échale ganas» cuya ventaja para el que la emite es que no tiene porqué esforzarse en especificar a qué, pues si usara el supuesto sinónimo que es «esfuérzate», tendría que decir en qué o para qué, dando con ello un punto a la ambigüedad con la que solemos conducirnos cotidianamente; por otro lado, ¿cómo se echan las ganas? José Luis García Galeano diría al respecto: «qué ganas de que me den ganas».

El hubiera no existe. ¿Qué diría Platón al respecto? El gran ideólogo del mundo inmaterial estará retorciéndose en donde sea que se encuentre, pero seguro será un espacio que él mismo se creó para pasar a gusto toda la eternidad; nos estará mirando con desdén y sentirá que le taladran los oídos cada vez que pronunciemos esa frase condenatoria de todo ese mundo de ideas que ocupó parte de su tiempo y seguro, sirvió como punto de partida para lo que ahora conocemos como relativismo, los universos alternos y las especulaciones sobre los viajes en el tiempo. Si ya pensamos en las alternativas, por supuesto que existen mientras las tengamos en la mente, las olvidaremos quizá, pero las recrearemos cada vez que vuelvan a nuestra memoria con las ventajas o desventajas que eso implique.

3. Amárrense los pantalones. En el colmo de la resignación, seguimos reglas no escritas con las que decimos que nos alineamos y adaptamos a las circunstancias que nos rodean, como en tiempos de escases y austeridad (que han sido todos desde que nacimos) o de contingencias como desastres naturales y provocados por el consumo de hidrocarburos o meramente de ineptitud programada como inflaciones y poco conocimiento económico; «hay que amararse los pantalones» tiene como trasfondo la renuncia a resistirnos a malos manejos de las instituciones que conducen al país y suponemos que, con ello, nos zafamos de la responsabilidad de observar qué es lo que está mal, puesto que así nos tocó vivir y no habrá nadie que lo componga, dejando libre el paso a vividores y rateros con ínfulas de redentores.

4. Ponerse abusado. Como es costumbre en mi muy atribulada cabeza, al oír esta expresión tuve que preguntar por el significado, ya que a mis tiernos cinco años, no había tenido la oportunidad de escucharla, con la consecuencia de que la respuesta fue totalmente contraria a su significado original; me advirtieron «ponte abusado», por lo cual entendí algo así como «alerta» o «listo», sin embargo, con el paso del tiempo me enteré que no se trataba de una postura sino de un estado, es decir, que era un calificativo de alguien que es víctima de abuso, lo que hizo que me imaginara después que quizá ésa era la razón por la cual se usa como alternativa «ponte buzo», pero resultó peor porque eso me remitía irremediablemente a pensar que debía estar «en el agua». Salud.

Beto.

lunes, 12 de octubre de 2026

Autosuficiencia

La avaricia suele perder sentido cuando
nos vamos de este mundo. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. El ego por delante. Mal terminamos nuestros estudios profesionales, nos damos cuenta de dos cosas, uno, que no somos los profesionistas que todo México esperaba y dos, que nada sabemos sobre economía doméstica; si bien tuvimos la suerte de aplicar y tener un empleo de inmediato, tomar las riendas de nuestros gastos requiere de facturarnos un esquema mental que intuíamos, pero que otros estaban a cargo de llevarlo a cabo. Ingresos y gastos deberán balancearse según las necesidades propias y del entorno que habitemos, porque no es lo mismo vivir solo que el no haber salido de la casa paterna; las dinámicas pasarán de la comodidad de no tener que pensar en calendarios estrictos a considerar los límites de ciertos plazos como uno de los motores que animen nuestras ajetreados vidas.

2. Gastos encadenantes. Hay gastos inevitables como los servicios y otros que podemos postergar pero que, por desgracia, dependen de nuestra voluntad; ¿de dónde sale esta barbaridad? Somos entes que no vivimos según nuestras necesidades, naturales o creadas, que tenemos la desgracia de ser libres para escoger lo que nos gusta y lo que nos conviene; trataré de quitarle el tono condenatorio a esta afirmación. Nuestro cerebro está hecho para buscar el bienestar que producen ciertas hormonas, lo cual sin inferir que sea adictivo, sí es algo que todos los días buscamos por cualquier medio, ya sea fabricado, comprado o prestado, pero no podemos dejarle en pausa pues eso significaría estar a expensas del fastidio o la tristeza. En la vida cotidiana, son los pequeños placeres los que van creando la costumbre.

3. Ahorro esperanzador. Guardamos dinero con la perspectiva de gastarlo en el futuro, si éste es inmediato, mejor. Sin embargo, cualquier cantidad guardada no parece constituir un ahorro debido a un pequeño detalle, el dinero se deprecia y su poder adquisitivo va mermándose día con día, por lo que habría que ajustar nuestro concepto de ahorro hacia el entendido de que es aquella acción que hace que el dinero mantenga su valor respecto de los satisfactores que puede comprar, en contra de la tendencia inflacionaria. Claro está, nada hay más satisfactorio y tranquilizador que tener un «guardadito» llenándole la panza a un cochinito, una figura de Cantinflas o una cajita a la que tenemos fácil acceso, pero eso no representa un ahorro como lo haría una inversión.

4. Acumulación para los demás. Más que no saber para quién trabajamos, la verdadera pregunta debe ser ¿para quién acumulamos? Trabajar y trabajar en lo que nos gusta, pasa de ser un derecho a una bendición, pues con él solemos intercambiar productos, ideas y conocimientos, mientras que acumular nos ata al cuidado de lo que acumulamos sin importar la naturaleza de lo acumulado, cada «colección» encierra en sí misma el grillete con el cual atrapa a su centinela. El valor de lo coleccionado pasa a un segundo término cuando el temor por perderla invade nuestra tranquilidad, ningún cuidado es suficiente y todos los rostros se vuelven amenazantes ante nuestros ojos. Al pensar en qué manos dejaremos lo que acumulamos, solemos tratar de identificar a quien le dará el mismo valor que nosotros. ¿Es así? Salud.

Beto.

lunes, 5 de octubre de 2026

Sólo con desearlo

Por desgracia, no existen tampoco los genios
de lámparas maravillosas. Foto: BAER/Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. El ego por delante. Ambos términos ligados a la abundancia material, nos recrean imágenes en donde sólo vemos los resultados y pocas veces los procesos, posiblemente porque usamos un verbo que refiere a un estado pasivo como es tener y no a uno activo que podría ser conseguir o trabajar; tampoco hay una mención a que los métodos a utilizar sean lícitos, por lo que el tener fama y fortuna se vuelve una aspiración en abstracto sin que se tenga una idea clara del cómo y para qué. Es posible también que ésa sea la razón por la que mantenemos fantasías que revestimos de casualidad en las que descubrimos curas inimaginables, inventamos aparatos fantásticos, tenemos la mejor de las ideas para un programa y... nada más. La realidad así se vuelve una carga muy pesada.

2. Vivir con temor. Estamos claros que los tiempos en que vivimos nos representan un cierto miedo, caminando por las calles volteando a todos lados previniendo impensables ataques que, por suerte, pasan en ocasiones muy específicas; la violencia y la inseguridad siguen marcando territorios en los que la desesperación ha mantenido sus reales sin que institución alguna, sea eclesiástica, educativa, de asistencia social o de salud, logren erradicar la sensación de abandono en colonias que no logran entender del todo, el rol que les ha tocado jugar. Y no me refiero a un estrato social en particular, aunque en las clases bajas es evidente, pues las pocas posesiones presentan problemas distintos al tener muchas, aunque el miedo se cruza, en ambos casos, en un solo evento que sería el dejar de existir.

3. Idolatrado por desconocidos. La fama seduce a quien no tiene idea sobre la dificultad de la defensa de la privacidad en contra de quienes se sienten con derecho sobre la vida pública de alguien reconocido; la idolatría tiene dos componentes, la necesidad de admiración del idolatrado y la de pertenencia del idólatra. Por lo tanto, hay dos tipos de trabajo, la producción de consumibles por un lado y la compilación de lo producido por el otro; además de la inversión económica, está el hecho de que les interesa casi lo mismo, lo que hace entendible el éxito de inicio en su relación y la separación posterior si cambia alguno de los dos que, generalmente, es quien produce. Todos podríamos desear ser idolatrados, imaginarnos las interminables filas para entrar a escucharnos cantar, dar una conferencia o actuar, pero ¿para qué? ¿Se logra eso con sólo desearlo?

4. La vida solitaria. El poco contacto con la gente genera un caldo de cultivo para crearnos historias disparatadas, como invasiones extraterrestres, asesinatos callejeros, depresiones económicas o todo aquello que nuble nuestro razonamiento y nos haga caer en pánico, aunque también es posible que alucinemos con encontrar el remedio a todos esos males, pero aunque lo pensemos de la manera más estructurada y lo deseemos con todas nuestras fuerzas, el universo no estará a nuestro favor ni guiará a un comando extraterrestre para que, además de todo lo anterior, nos dé el secreto para producir energía infinita, entonces, nuestro objetivo de que todo eso lograremos aislarnos para gozar de la vida sin necesitar de nadie, se verá reducido a un sueño guajiro sin lógica ni sustento. Salud.

Beto.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Soy quien soy

Únicos e irrepetibles, pero no
imprescindibles. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. El ego por delante. El mundo debe tener un serio problema al no saber, alrededor de quién de los ocho mil trescientos millones de ególatras que lo pueblan, deba estar y quizá deba ponerse en la categoría de un mercenario para circundar al que tenga más dinero o poder; todos y cada uno de nosotros creemos que el mundo gira alrededor de nuestra persona (los más egocéntricos suponen que es el universo entero el que lo hace) pero no sabemos la extensión de esa afirmación ya que damos por sentado que es una situación permanente, cuando en realidad es que ese pensamiento se genera porque pocas (poquísimas) veces alguno nos niega algo que deseamos pues el tiempo que invertimos en ellos es bastante reducido, ¿y cómo no hacerlo de esa manera si no disponemos de empatía suficiente para atenderlos?

2. La línea. En el trayecto por este mundo debemos pasar pruebas que compartimos tanto con los seres más imponentes como con los más insignificantes, unos lo serán por su tamaño, su fiereza o su nobleza y los otros, por la ignorancia sobre su papel en la naturaleza; las opciones sobre lo que queremos ser se presentan mediante metáforas animales que intentan graficar el posible potencial del que disponemos para «sobresalir», una exigencia siempre presente, pero que pocas veces nos queda claro cuándo es que lo logramos. Claro, lo notamos en los demás porque sabemos qué efectos tienen sus labores en nosotros, pero ¿qué muestras hay de que lo que hacemos les haya causado algún impacto? Quizás en nuestros círculos inmediatos tengamos ciertas respuestas, pero ¿habremos influenciado a otros?

3. Estar conforme. Hay un momento en las mañanas en el que la prisa cotidiana desaparece por un instante y nos permite poner atención en la imagen que esté devolviéndonos el espejo, hay indicios de que el tiempo ha pasado en formatos que hace apenas unos lustros nos parecían muy lejanos y difíciles de creer en los demás, ¿cómo es que la tía Clarita ya no puede subir las escaleras tan rápido como antes si apenas tiene cuarenta y ocho años? Y allí están las canas, las arrugas y las bolsas en los párpados, con la imagen de la tía Clarita viéndonos con condescendencia y un gesto de así son las cosas mi’jo» y no nos queda de otra que comprenderla porque las rodillas así lo exigen y pensar en artificios para mantener la imagen juvenil de antaño, sólo evidencian el paso del tiempo.

4. Ahora soporten. El avance del individualismo a ultranza ha impedido en varias oportunidades, apreciar las bondades del trabajo en equipo, la convivencia cotidiana hace mucho que dejó de tener, como prioridad, el compartir lo logrado con los demás para convertirse en una competencia sorda por ver quién es capaz, no de acumular cosas nada más, sino de establecer quién debe soportar que se le restregue en la cara, nuestros supuestos triunfos. No basta con ganar, tiene que ser a otro y por fuerza, hacer que se sienta mal. Un escalón arriba, habría que quejarse porque, porque a nadie parecen interesarle nuestros triunfos, hay que acusarlos de resentidos que no soportan que alguien sea mejor y por ello, nunca saldrán de «pericos-perros», sin saber por qué nos sentimos tan solos. Salud.

Beto.

lunes, 21 de septiembre de 2026

El derecho

¿Cómo pasar de defensor de causas justas
a un francotirador? Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Significados múltiples. No sé si suceda con tal fervor en todos los países hispanohablantes como sucede aquí, que el buscar diferentes significados a las palabras es casi un deporte nacional; voy a dejar de lado los dobles sentidos en esta ocasión para dar paso a una cotidianidad menos agresiva, pero muy rica en cuanto a la apertura mental que resulta de jugar con los vocablos. Dentro del transitar por esta vida vamos a encontrarnos con que cada región del país toma los significados de las palabras según los elementos que compongan su entorno, la manera de pronunciarlas, las influencias lingüísticas que rodean a la población o las metáforas a las que la misma esté acostumbrada, sin dejar de lado la práctica profesional que generalmente no inventa, sino que pide prestados los epítetos.

2. La línea. La usamos como alegoría del buen proceder en la vida y todavía se menciona como el camino más corto entre dos puntos (esto en geometría rectilínea), pero también puede tener una connotación negativa cuando en algunas prácticas, como el periodismo, se menciona que algún medio tiene línea o se le ha marcado una línea; no es necesario ahondar en los sistemas de ideas prevalecientes para entender que el origen de las imposiciones sociales está en nuestras dinámicas familiares donde, a pesar de las aperturas de las décadas recientes, no hemos entendido para qué ni en qué momentos pueden democratizarse las decisiones y en cuáles no. Mantener la línea (supongo que recta) nos indica una forma ideal en cuerpos que adoran, generalmente, los excesos.

3. El comportamiento. Para este tiempo que vivimos ya deberíamos tener claros los derechos a los que somos acreedores por el simple hecho de estar vivos, requerir un modus vivendi y ser ciudadanos de este país, fuera de esos ámbitos debemos trabajar y comportarnos de ciertas maneras so pena de perderlos; y es aquí, en la forma de proceder, donde la práctica del derecho como carrera universitaria, tendrá el grueso de controversias para la aplicación de los criterios para regular las sanciones a las acciones contrarias a las leyes, máxime cuando hay una mezcolanza de ellas con los ahora muy sobados derechos humanos. Los resultados son casi siempre poco satisfactorios porque las tales sanciones no alcanzan a reparar los daños y los comportamientos negativos se repiten al no haber consecuencias.

4. En derecho. ¿Qué hacemos con el derecho de aprender derecho? Sabemos que debemos estar enterados sobre lo que podemos hacer o aspirar y lo que no tenemos permitido; la posibilidad de estudiar la carrera de derecho se da como en cualquier otra disciplina, sin embargo, al hecho de convertirnos en defensores (o atacantes) de los demás no suele partir de la concepción de que son precisamente esos atacados o defendidos, los que hicieron posible esa opción y entonces, suponemos que al habernos «hecho a nosotros mismos», no es necesario exigirnos encontrar la justicia en cada caso, esto es, da lo mismo exonerar delincuentes y acusar inocentes puesto que, todos tenemos derecho a la mejor defensa posible y esto, en nuestro país, significa acceder a la mejor defensa posible que podamos pagar. No hay derecho. Salud.

Beto.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Inofensivo, no indefenso

Debe llegar el momento en que defendamos
lo nuestro. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. La primera arma. Habrá quien la vea como un signo de debilidad, principalmente en la infancia, pero la diplomacia debería ser el camino para dirimir diferencias de toda índole, pero no, en muchos de los casos ya sean domésticos o históricos, preferimos partirnos la cara antes que hablar. Ante una agresión, según hayamos sido educados, la responderemos o trataremos de evitar que la sangre llegue al río, lo que nos tiene a nivel social en un estado de indefensión momentánea, lo que no significa que nunca vayamos a reaccionar. Basta con que alguien detecte el origen del descontento (esperemos que sea tangible) y el conflicto que hubiera podido arreglarse por la palabra, se lleve a los golpes. No atacar no significa no defenderse.

2. Motivos de hartazgo. Debemos plantear que el ser inofensivo no implica no tener defensas, sino que no se tiene como prioridad el atacar a los demás, lo que lleva a alguien así a ser poco reactivo a los ataques ajenos, hasta que éstos llegan a cierto límite; todos llegamos a un punto de reacción contraofensiva generalmente cuando percibimos que estamos a un límite de humillación y el hartazgo detona nuestra capacidad de ataque. Así como hay que temer de los callados, también hay que hacerlo de los pacientes, pues así como pueden reaccionar con un plan maquiavélico perfectamente elaborado con tiempo, pueden hacerlo de manera explosiva, siendo los más peligrosos los primeros, porque aunque las huellas que dejen ambos sean permanentes, la de aquellos es más destructiva.

3.Como perrito bailarín. No sé cuánta resistencia a la frustración tengamos como país o si tenemos la facultad de reproducirla una vez que nos damos cuenta de que algunas situaciones no tienen remedio, el caso es que cuando logramos sobreponernos a un problema, alguien se las ingenia para oponernos el mismo, pero con un grado de dificultad mayor, algo así como alimentar las esperanzas de ganar un mundial de futbol cambiando cuerpos técnicos, sin resolver los problemas estructurales en la federación que dirige tal deporte ni mucho menos, sanear la liga que lo preside; bien dicen por ahí que con dinero baila el perro, es decir, que quien tiene solvencia económica puede imponer su voluntad sobre los demás y quienes no la tenemos, debemos aprendernos varios pasos de baile.

4. Hombres y mujeres de paz. Supongo que la mayoría de nosotros despertamos todas las mañanas deseando tener un buen día de labores en la mejor de las condiciones, con la tranquilidad que merecemos y sin que nada perturbe esa paz; por supuesto, nuestro primer pensamiento no será «¿a quién le haremos la vida imposible hoy?», a menos que tengamos problemas mentales. No, hemos sido educados para mantener la fiesta en paz (curiosa selección de palabras), para no tener más conflictos que el cómo hacer mejor las cosas, a pesar de los inadaptados que buscan maneras de conseguir lo que desean por cualquier medio, tratando de que nada les cueste. Producimos lo que nos gusta a la escala que nos conviene cuando entendemos que lo que importa de ello es compartirlos entre todos. Salud.

Beto.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Repetir patrones

La costura retrata mejor lo que son
los patrones. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Diría la costurera. Y mientras no sean los que tuve en ciertas escuelas de cuyo nombre no quiero acordarme; un patrón es un modelo, algo en lo que confías para poder repetir procesos y se mantenga la calidad; aplica para los moldes, las recetas y las personas. En otras palabras, un patrón no manda, procura que las cosas (y sus procesos) signa un mismo cauce; reitero lo de los procesos porque son los primeros indicativos de que se va bien o se va mal con lo que estemos emprendiendo. Tener una guía es importante si consideramos nuestra costumbre de repetir lo que nos gusta o lo que podemos intercambiar, eso en lo que se refiere a productos, si volteamos a ver a los asuntos conductuales, la repetición se fundamenta en cuanto a que debemos fabricarnos una «tarjeta de presentación».

2. Aferrado que es uno. El dominar un patrón lleva a algunos a mecanizar sus movimientos hasta convertirse en un maestro en su manejo, a otros, a buscar otras maneras más eficientes de hacer lo mismo; para los segundos puede volverse en una especie de obsesión, pero saben que sólo con constancia pueden lograr los cambios que imaginan. En el nombre está la naturaleza del individuo, ser constante es un camino y no una meta pues quien afirma serlo, debe probarlo a diario. Muchos de ellos son más bien personas que no soportan ver o dejar las cosas a medias, por lo que se comprometen a «rellenar» todo aquello que esté incompleto, según su perspectiva, por lo que van a tener trabajo caso de por vida, sin importar la naturaleza o las características de éste.

3. La útil contención. Si sólo fuera por obediencia, más de la mitad de la población de este país no aceptaría órdenes de algo impuesto de antemano sin explicación suficiente, como el uso de conceptos como «patriotismo», «religiosidad» o «deportivismo» con reglas establecidas bajo la óptica de un tiempo que ya pasó y con adecuaciones que no terminan de ser las óptimas. Nos imponemos a las adversidades que esos conceptos (y otros) traen consigo porque nuestro temperamento así lo exige; tenemos la templanza como para soportar cien años de abusos que han institucionalizado la inmediatez jugando con la esperanza popular de una mejor vida aquí y en el otro mundo, sin que veamos claro y a sabiendas de que, sin importar las caras, nadie cumplirá tales sinrazones.

4. Para no incomodar. ¿Nos educamos para ser amables o para no molestar? El primer comportamiento requiere de convencimiento personal de que el esfuerzo por tratar bien a las personas vale la pena, sin importar que seamos retribuidos o no; el segundo nos obliga a escondernos detrás de una carátula de «buena persona» sin que en realidad ejerzamos ese título, sólo nos libra del contacto con los demás y sus consecuentes compromisos. ¿De dónde habrá salido la idea de que, de primera mano, nuestra presencia molesta a los demás? Quizá se trate de una proyección de aquellos que no les agrada ser visitados a deshoras pero nunca explicaron qué significaba eso, aunque después lo hayamos descubierto al insertarnos en la dinámica laboral, haciéndonos casi antisociales. Salud.

Beto.

Las expresiones «comodín»

  Como aprender un segundo idioma. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. É chale ganas. En pocas ocasiones he tenido que detenerme a ent...