![]() |
| Temor es cuando te tienes que acercar rezando a un cajero. Foto: BAER vía Meta AI |
1. No sólo ignorancia. No importa el tamaño, la sofisticación o el precio, todos los aparatos se ponen sus moños cuando intento manejarlos, ya sea por las indicaciones en los instructivos que a veces resultan incomprensibles, ya porque los botones no indican las mismas funciones con las mismas palabras o de plano, porque operarlos está en chino; hay algo en esta vida rutinaria y excesivamente demandante de imaginación que me hace pensar en teorías conspiranóicas cuando el ordenador, el teléfono o la televisión no funcionan como se supone deberían porque cuando no se traban, se les va la señal o empiezan a hacer cosas raras como saltos en las imágenes o en el sonido cuando veo videos o listas de reproducción de música, lo que es frustrante al salírseme de las manos.
2. La condición básica. Pareciera que las máquinas me huelen cuando algo me importa mucho o tengo prisa por terminar algo; la vida de mi primer carro (un volks wagen sedán) fue muy curiosa, tengo el pleno convencimiento de que estaba hecho para mí, aguantó mis imprudencias e ignorancias como un verdadero campeón hasta que llegaban los días de pago. De pronto, como si algún esotérico le hablara al «oído», le atacaba algún achaque de los que había acumulado en los años de servicio... para sus anteriores dueños y yo tenía que pagarlos; cuando no fue una bujía, fue el carburador, el alternador o los limpiadores, hasta que un mal día decidió que la bomba de aceite no iba más y se desvieló. Supongo que mis demás aparatos se enteraron de ello y ahora siguen el mismo esquema.
3. La caja automática. Acabo de adquirir una pantalla porque a mi vieja televisión se le ocurrió que era demasiada carga el funcionar por medio de la red, si ya era suficiente carga hacerlo con el cable; en palabras técnicas, funciona pero ya no sirve, a menos que se use con antena aérea. Quizá se la ofrezca al señor que pasa con su triciclo por material reciclable, espero que de verdad funcione con una antena porque si no es así, lo meteré en problemas tratando de conseguir un convertidor. Pero para que eso suceda, debemos coincidir en los días en que pasa la basura por la colonia; es posible también que caiga en la tentación de conservarla, no sé aún para qué, pero voy a averiguarlo, total, un despiporre en el departamento lo tengo desde hace más de diez años.
4. Mi economía secuestrada. Por más de mes y medio, mi autonomía monetaria se vio afectada por la negativa de mi equipo móvil de permitirme el acceso a la aplicación bancaria a la que estoy adscrito; lo mismo que al intentar solicitar una nueva tarjeta, me sucedió con el cambio de teléfono (el aparato) puesto que en ambos casos, la toma de la «huella facial» me impedía continuar con los trámites, si era porque mi cara es muy común, si porque me temblaba la mano o vayan ustedes a saber, el caso es que ya no podía disponer de mi dinero haciendo uso de las transferencias electrónicas y de la otra tarjeta, mejor me olvidé. Tres intentos y los más de cuarenta y cinco días tuvieron que pasar para que todo se solucionara y sin la necesidad de la maldita foto; y yo que me había peinado. Salud.
Beto.






