lunes, 2 de febrero de 2026

Les consta

A veces nos preguntamos para qué,
sin obtener respuesta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.Inutilidad institucional. De las muchas formas de control, el censo representa una muy buena para saber cuántos somos, ya el imperio romano era célebre por los conteos que realizaba cada cierto tiempo y así saber con cuántos efectivos contaba en ese momento y para el futuro para sus campañas de conquista; los países que heredamos algunos rasgos de la tradición latina, vimos la conveniencia del conteo de personas, lo que debe servirnos para saber y proyectar, los recursos con los cuales mantendremos a la población, según edad, sexo, condición socio-económica y escolaridad, lo cual a su vez, trazará el camino para que todos tengamos una vida mejor... ¡Pero no! Nunca ha resultado en eso y los datos obtenidos sólo justifican el ejercicio de un presupuesto tradicional, sí, pero del cual nunca hemos sacado una utilidad concreta.

2. El acta de nacimiento. Hace un rato que no hago trámites con ella, pero creo que la dinámica no ha cambiado, la piden en las dependencias de gobierno para... ¿qué? Un acta de nacimiento es una constancia de que naciste, de quiénes son tus progenitores, de quiénes son los progenitores de ellos, de dónde, de a qué hora y nada más; ahí no constan tus estados civil y económico, ni trae tu historial médico ni status fiscal, sólo dice que naciste (antes apuntaba que vivo y sano, ya no), entonces, ¿para qué demonios siguen pidiéndola? ¿Acaso suponen que cada cierto tiempo mutamos o cambiamos de padres? Ni siquiera trae fotografía de cuando éramos chiquitos; si ya existen la CURP y la credencial del INE con datos biométricos y foto, ¿de qué les sirve un acta de nacimiento con vigencia de tres meses? Absurdo por decir lo menos.

3.Testimonio de aprendizaje. Hay aspectos en la vida que no hemos aprendido a valorar por ver sólo su lado obligatorio, dejando de lado la oportunidad de trascender que nos ofrecen, como es el caso de la tesis; desde lo más profundo de mi ser, estoy convencido de que la vida universitaria no es un trampolín para tener un buen empleo, puede darnos herramientas de observación y de adaptación al mundo laboral, pero los escalafones se superan trabajando. Es cierto, con un trabajo de investigación no vamos a revolucionar el conocimiento universal, ni siquiera podemos aspirar a que con él, vayamos a cambiar el curso de una costumbre en el mismo momento que se publique, pero una tesis universitaria nos brinda la oportunidad de escribir nuestro primer libro y si es para hacer negocio, mejor.

4. Sobreidentificación. La tramitología no se ha encargado de explicarlo, aunque resulta sencillo intuir que el tener un montón de documentos sólo sirve para mantenernos ocupados en cosas triviales; con la tecnología tan avanzada como la tenemos ahora, resulta incomprensible que no haya una base de datos universal a la cual puedan acceder todas las instituciones, ya sean éstas de salud, educativas o de recaudación, así no tenernos empapelados a lo tarugo con tantas credenciales que, para colmo, tienen fecha de caducidad. Se me ocurre (ya ven cómo soy) que con las mejoras al hasta ahora inútil CURP, ya podríamos prescindir de documentos como el INE, las cartillas militares o de vacunación o algún otro documento que nada más hace bulto en la cartera. ¡Ay, no! Es cierto, la corrupción. Salud.

Beto.

lunes, 26 de enero de 2026

No es lo que sabemos

La idea de la aduana celestial nunca ha estado
del todo clara. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.Entretenimiento de mayores. Hablar del pasado nos decantará en la dicotomía entre la nostalgia y el más profundo de los odios, pues de algo debía servir la victimización a la que tanto nos hemos aficionado; creemos en imposibles porque, de alguna manera, estamos esperanzados en ser inmortales. El problema está en que las certezas de que eso sucederá (en otra vida) están sustentadas en dudas, porque nos hemos encargado de inventarnos puras trabas para llegar a ellas, que si haces el bien, vives según los mandamientos, luchas por los más necesitados y nunca molestas a nadie, todavía debes pasar unas vacaciones en el purgatorio porque no somos capaces de mantener un alma pura. Debe ser cierto puesto que lo que nos rodea, está infectado de «pecado» que es todo aquello que, supuestamente, nos aleja de la perfección, que no es otra cosa que una invención humana.

2. Si ya estábamos allá. Para los que no creemos que esta vida deba ser una víacrucis, nos saltan dudas sobre el método celestial de enseñanza; primero, ¿a qué ente se le ocurre que alguien va a aprender algo si muere? Ya que los aprendizajes sirven para corregir algo que estaba mal, alguien muerto ya no tendrá qué hacer; ¿el creador aprendió algo? Parece que no, después de un diluvió, bombardeó con fuego otras dos ciudades, los tres eventos hasta el exterminio total; segundo, al parecer el saberlo todo por parte del creador sólo sirve para sembrar dudas en su creación, las cuales debe resolver con fe, no con el don máximo otorgado para diferenciarse de las fieras que es la inteligencia; tercero, si es cierto que somos almas eternas guardadas en el paraíso, ¿para qué venir a «ganarnos» con sufrimiento algo que ya teníamos? Curiosito.

3. ¿Qué hay que probar? Los exámenes entre humanos sirven para dejar constancia de que somos capaces a un cierto nivel y, mejor aún, de que seguimos abiertos a aprender más cosas, esto es porque, al tener como seres vivos nuestros límites debemos saber, examinadores y examinados, con quién estamos tratando. Por desgracia no gozamos de omnisciencia ni de clarividencia, por lo que, nos inventamos herramientas que nos permitan medir las habilidades y los conocimientos para realizar las tareas. Pero al afirmar que la vida es una prueba para acceder al cielo, ¿no estamos dejando de lado un detalle? Nos sugerimos que debemos ser dignos para acceder a un lugar en el que el dueño lo sabe todo, entonces, si conoce todo lo que somos, seremos, hacemos y haremos, ¿para qué requiere la prueba?

4. La famosa condición humana. Si los que necesitamos probarnos somos los humanos, entonces deberíamos tener el derecho de crearnos nuestra próxima estancia, porque el pasar las de Caín por un promedio de sesenta años en un mundo que no tiene para cuándo componerse, para tener como premio una vida eterna en contemplación, parece muy poco. También parece contradictorio el haber creado a la naturaleza, acostumbrarnos a lidiar con ella por medio del trabajo, para que terminemos desnaturalizándonos; una oración resumiría la contradicción celestial, imagínense solicitando venir a este mundo a probarse que son dignos de estar en un lugar en el que ya habitaban, ese mítico cuarto de almas al que todavía otros le endilgan la famosa e inútil reencarnación. Salud.

Beto.

lunes, 19 de enero de 2026

Las remembranzas

Pocas cosas son tan ilustrativas como
los relatos de la abuela. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.Entretenimiento de mayores. En sus últimas semanas, tanto mi abuela como mi tía tenían pequeños periodos de rememorar lo que habían vivido en su más tierna juventud, cosas como el andar descalzas, ayudar en las labores domésticas, hacerse cargo de sus familias, la primera atender su molino y la segunda, a nosotros. Lapsos que se repetían con regularidad y que, al parecer, he empezado a tener desde hace algunos meses (muchos), lo que no quiere decir que antes no los tuviera, sino que ahora se repiten con mayor frecuencia. Nuestra especie debe tener esto como un mecanismo para intentar dejar constancia de que estuvimos aquí, con mayor vehemencia cuando suponemos que nuestra vida productiva ha finalizado y no parece que hayamos encontrado una ocupación que nos haga valer como personas completas.

2. Entrenamiento de pequeños. El entrenar a niños es un gran compromiso si se entiende que es ahí donde, por formación, se logra un buen deportista-aficionado-ciudadano; no se trata de una labor simplemente recreativa donde la condescendencia librará de todo peso al infante sólo porque es pequeño, lo será, pero también es capaz de entender conceptos como trabajo en equipo y camaradería. Eso sí, los entrenamientos para niños deben ser primordialmente divertidos antes que competitivos, ya que los niños reaccionan más fácilmente a la ludicidad, que la competitividad es cosa de adultos. Los recuerdos para los niños deben ser eso también, instrumentos que en un campo de juego, nos permitan almacenar lo más divertido que nos haya pasado en esa etapa que no es de paso, es el cimiento en el que descansará el adulto.

3.Volverlas objetos. Cosificar los recuerdos nos ayuda a muchos a mantener vivas las imágenes que nos significan momentos importantes en nuestro desarrollo; puede tratarse de regalos utilitarios o de adorno, una fotografía, una lista de reproducción de audio o video o cualquier cháchara adquirida en un momento de alta emotividad. Posiblemente seamos la única especie que cargamos afectivamente a los objetos como a «la estufa de la abuela», «el balón del padre», «el cuchillo del abuelo», «el collar de la madre», «la muñeca de la hermana» o los «libros del hermano» y si no es por propiedad, está la costumbre como «el parque donde paseaba la amiga» o «el lugar favorito de la esposa», amén de partes corporales como «el diente de leche del hijo» o «el mechón de pelo de la hija», todo funciona para proyectar un sentimiento.

4. La ciencia ficción. Algunos de nuestros pensamientos, entre ellos las remembranzas, irán quedándose truncos en la medida en la que crezcamos, unos porque no pusimos atención en el momento en el que aquello sucedió, otros porque nos los contaron y los demás porque carecían de importancia; hay otros en específico que son tan buenas que les vamos agregando de nuestra cosecha o que las respetamos tal cual fueron, porque la historia se defiende por sí sola, puede ser que aparezcan la exageración bruta o la grandilocuencia, en ese sentido puede incurrirse en la mentira, pero los buenos conversadores harán gala de la ficción y hasta presumirán de sus conocimientos comprobables por medio de la ciencia, por lo cual, sus relatos seguirán dignos de una antología literaria y, ¿por qué no?, de algún premio de la Academia. Salud.

Beto.

lunes, 12 de enero de 2026

Golpes de realidad

Lo bueno es que el diseño corporal
no nos corresponde. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.La anatomía. Por un tiempo breve (a veces) nos inconformamos con las características corpóreas que «nos tocaron», como si se tratara de un juego de lotería donde no nos dejaron escoger cómo queríamos vernos. Lamentamos no haber sido más altos, musculosos, rubios, con ojos claros (verdes o azules), más rápidos o fuertes y ya, en el colmo del hubiera, inteligentes, carismáticos o arrojados, nada de lo anterior que identifiquemos en esta realidad; que si los brazos son demasiado largos, que si las piernas demasiado flacas, que si la boca muy grande, que si el cabello muy lacio, en fin, fabricamos un ideal con base en lo que suponemos prefiere la gente y que nos gusta físicamente, por lo general en la adolescencia, rasgo que supuestamente debemos superar con los años y puede ser que lo hagamos en lo individual, pero en lo social...

2. La economía. No hay necesidad de meterse a leer los postulados de Weber, Marx o Smith para entender qué significa vivir en crisis, palabra que nos ha acompañado a los de a pie por casi todo el tiempo que este país se declaró independiente; mientras que los gobiernos post revolucionarios han declarado que todo es bonanza en el territorio nacional, las voces de la población han gritado de diferentes formas que no hay dinero que alcance y no importa cuánto hayan aumentado las salarios en ochenta o noventa años, el poder adquisitivo siempre ha sido menos al costo de los productos, sean éstos suntuarios o de la canasta básica, eso sin contar con la ridícula situación de haber prescindido de tres ceros en las denominaciones de nuestra moneda.

3. La inteligencia. Cada cierto tiempo tenemos la tentación de suponer que lo sabemos todo, que poco del conocimiento global puede escondérsenos y así, recetamos remedios contra la gripe, damos soluciones financieras y sabemos cómo educar a los hijos, a pesar de no ser médicos ni contadores ni tener hijos. La cruda de esa borrachera nos llega con un bofetón marca llorarás cuando alguien cuestiona nuestras opiniones y descubrimos que no tenemos una respuesta válida y el peor error que podríamos cometer sería el tratar de darla sin fundamento alguno, nada más por no parecer ignorante. Esta acción, poco inteligente, contrario a lo que pueda pensarse, nos permite aprender puesto que al descubrir cada error o mentira, vamos comparando las estructuras de pensamiento con las que se fabrican y así saber separarlas.

4. Responsabilidad y destino. ¿Habrá quien crezca deseando hacerse responsable? Queremos ser grandes y disfrutar de las libertades que gozan los mayores, aunque sin imaginar lo que tuvieron que trabajar para ejercerlas; como la responsabilidad no es un lugar sino una manera e vivir, nos inventamos una «fuerza extraña» que nos llevará por distintos derroteros llamada «destino», con la cual suponemos que nos libramos de ser señalados porque antes que en la responsabilidad, pensamos en la culpabilidad, posiblemente por la cultura judeo-cristiana que llevamos a cuestas. Algunos (muchos en realidad) dicen creer en la voluntad divina, que es la idea original de donde surge la de la predestinación, así ya tienen un buen pretexto para hacer lo que sea sin asumir realmente las consecuencias. Salud.

Beto.

lunes, 5 de enero de 2026

Búsqueda mística

Ser uno con el universo es una
búsqueda en solitario. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Por llamado. Cuando la búsqueda de identidad se cruza con el deseo de trascendencia sucede un fenómeno de validación basado en lo que, suponemos, no dejará mucho margen al cuestionamiento ni a la duda, porque esa base está consolidada por la ignorancia general; y ya que la ciencia, único instrumento que tenemos para crear certezas no se dedica a estudiar el mundo paranormal ni el universo místico, cualquier verdad lanzada desde el dogma, puede garantizar su existencia. Ser llamado o hablar con un ser extraterreno, debe tener por fuerza un valor superior a lo que vivimos comúnmente los simples mortales, puesto que se trata de un privilegio aún no develado por nadie con cierto poder para desmentirlo, por el contrario, quien suele atender a semejante evento, adquiere el poder para validarlo, curiosamente.

2. Por curiosidad. La curiosidad es el recreo de la razón, usamos las mismas facultades que para resolver problemas o entender teorías, pero con fines de entretenimiento; no nos confundamos, pueden ser cosas muy serias al igual que las que estamos obligados a sacar adelante, pero con la diferencia de que a éstas las escogimos nosotros; ahora bien, cuando nos enfrascamos en una búsqueda mística, nos encontramos con que tenemos dos opciones, ya que estamos usando la razón, una que implica que comprobemos que el misticismo es un estado mental o de plano, que lo manifestado como esencial y extraterrenal no existe. La segunda opción es que no usemos la razón y expongamos la fe, por lo tanto, nos alejamos de la curiosidad dando paso a la creencia ciega de que todo está escrito y nuestras decisiones son la voluntad de alguien más.

3. Por moda. Mucho de lo que deseamos tener está vinculado a las relaciones sociales que cultivamos, es una especie de código que se genera por aquello que podemos compartir como objetos e ideas, entre más se adhieran participantes, más grande será la moda. Este principio básico es conocido por los precursores de búsquedas místicas, generalmente traídas de oriente (no sé por qué siempre de allá), lo que nos deja como una nación subdesarrollada también es ese rubro. Una de dos, o no somos capaces de crear una práctica mística propia o en oriente tienen una labia infalible para vendernos siempre la misma idea. Quizá se deba a que todos los pueblos semi nómadas de la franja media de Eurasia crecieron con las mismas ideas, pero con versiones propias y giros inesperados.

4. Por iluminación. Lo que se supone más difícil, es lo que más sucede según las crónicas de cada poblado donde apareció un guía místico; los mensajes para realizar su ministerio les llegan de diversas formas, pero al parecer, es la aparición en sueños o en físico, no sé si porque se acabó el presupuesto celestial o porque a los iluminados nada más les gustaron las visitas personales, el caso es que la iluminación es tratada como una conseción que sólo se puede utilizar en aspectos muy concretos, porque los tiempos no están para andar derrochando dones a diestra y siniestra. Sólo los curanderos televisivos creen tener el derecho de auto proclamarse iluminados sin tener que declarar de dónde provienen sus «poderes sanadores multiusos», posiblemente porque no necesitan que caigan, salvo los ingenuos. Salud.

Beto.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Tiempos comerciales

Los títulos no garantizan
la futura riqueza. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1.Abuso como negocio. Una cosa es una táctica de venta y otra muy distinta una trampa para forzar la compra; mi experiencia con prestadores de servicios ha sido muy variada, desde esperar más de ocho meses para que me conectaran el gas estacionario hasta el incremento de la tarifa mensual sin razón aparente por parte de la compañía de cable. No sugiero que tales experiencias hayan marcado mi vida al grado de necesitar terapia, pero sí he de decir que considero su accionar como una reverenda porquería. La confianza comercial se funda en una relación como con el abarrotero, recibes un producto y pagas por él, así sin promesas ni expectativas mayores; que si te salió bueno, vuelves a comprar, de lo contrario, ya no regresas, sin que haya represalias ni reclamos de ninguna especie ni de ningún orden.

2. Mareo discursivo. No sólo los abogados utilizan los tecnicismos para tratar de asegurar su información, la mayor parte de las ventas se ven contaminadas con frases y oraciones que envuelven las condiciones de compra en un manto de benevolencia que, aunque no la creamos del todo, generalmente la condescendencia nos gana bajo el argumento de que hay que darles a los que ofrecen, el beneficio de la duda; la mayoría sabemos sobre «las letras chiquitas» que algunos suponíamos que sólo estaban escritas en los contratos, sin embargo,  en cada transacción siempre hay algo que no nos dicen sobre el producto en cuestión y nosotros no estamos acostumbrados a preguntar sobre ellos, quizá porque creemos que es de buena cuna no poner en duda la integridad de los vendedores.

3. Servicios baratos. Si partimos de la base de considerar barato todo aquello que podemos adquirir sin el peligro de quedarnos sin dinero, estaríamos englobando muy poco tanto de la canasta básica como de los satisfactores suntuarios, puesto que el número de artículos posibles rebasarían rápidamente una cantidad importante; vivir en el país no es barato, tampoco excesivamente caro si nos atenemos a consumir lo que nuestro presupuesto permite, sin embargo, lo más oneroso es aquello que las administraciones gubernamentales ofrecen como servicio, empezando por el tributario. Y a pesar de que nuestra cantaleta es que todo está muy caro, seguimos comprando cosas, quizá porque en el fondo suponemos que de nada nos serviría tener dinero en los bolsillos si no hay qué comprar y con lo cual satisfacer nuestras necesidades.

4. Intangibilidad onerosa. Hay una situación que resulta curiosa, esto es de lo que solemos consumir, lo más caro es aquello que no presenta un cuerpo sólido, por ejemplo, las membresías a los clubes privados o los tiempos compartidos; sí, está bien, las instalaciones son tangibles, pero ésas no se llevan a casa, lo único que tenemos es un vale para su uso por un corto tiempo, en el resto, se hace patente que no se es el dueño. La relación costo-beneficio no puede hacer que se considere una propiedad como pudiera serlo un carro o una licuadora. En una ocasión, alguien hizo una comparación de lo anterior con un departamento en un piso dieciséis (o cualquier otro que no sea la planta baja) pues si llegara a caerse, la propiedad se esfumaría. Sólo somos dueños de aire. Salud.

Beto.

lunes, 22 de diciembre de 2025

El rol, ¿adoptado o autoimpuesto?

¿Qué silla elegir si no sabemos para qué
vamos a usarla? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Cuando no queda de otra. La tradición familiar o la falta de recursos nos llevan a decidir prematuramente a lo que nos dedicaremos en el futuro para procurarnos el sustento, es común escuchar a adultos preguntar a infantes «¿qué vas a ser de grande?» como si la niñez fuera sólo una estancia de paso, sin problemas propios ni intereses particulares y de la que hay que salir pronto porque lo interesante está en el futuro. Quizá sea por eso que desde hace un tiempo estamos priorizando el vivir el ahora, porque de alguna manera nos fastidiaron la niñez guiándonos a pensar de prisa en una realidad que todavía no se hacía palpable; algunos llegamos a sentirnos culpables por ir cambiando de intereses en el trayecto y terminar escogiendo algo que nada tenía que ver con lo dicho en un principio, perdón arquitectura y veterinaria.

2. No ver a otro lado. A veces, las referencias de vida que tenemos, no nos permiten alternativas de crecimiento, sea porque no tenemos los recursos, sea por escasos conocimientos, posiblemente porque el entorno funciona así; hay los que nacen y mueren sin nunca haber salido de su pueblo y otros, aunque salgan, su arraigo es tal que no incorporan otras perspectivas a su estilo de vida, ambos seres que tienen dentro de su comunidad una identidad muy definida, lo cual significa que tienen también muy claro cuál es su papel y cuáles son las tareas que deben cumplir, desde su labor profesional o de oficio, hasta un posible activismo social. La bondad de la situación se ve limitada en perspectiva que sólo se amplía tomando referencias de otros lugares y adaptándolas al propio.

3. Identificar nuestro lugar. Pareciera una tarea que, cumpliéndola una única vez, ya la tenemos asegurada para toda la eternidad, pero no es así; aunque nos hayamos manejado de la misma manera toda la vida, las formas sociales e individuales de conducirnos cambian, ya sea por perspectiva, situación económica, percepción de los demás y otras tantas circunstancias que harán que vayamos adecuándonos a todo aquello que vaya cambiando, incluso, nuestro lugar en el grupo. Es como en cualquier asociación en la que utilicen la votación para elegir a sus dirigentes, no sólo los roles cambian junto con las tareas a realizar, también la percepción de uno mismo y la disposición ante los demás lo harán, según intereses, oportunidades y, lo más importante, en estos casos, la educación.

4. Dependencia de las características. Es cierto que nunca aspiré a ser un gran basquetbolista, tampoco a ser el primer remate en los equipos en los que milité, pero he de decir que aproveché una característica extraña que, en proporción a mi estatura, salía de los parámetros de mi familia pues entre que medí,1.50 m y 1.69 m llegué a calzar del siete, eso aunado a que por lo general pesé 64 kg, la palanca resultante me permitía despegarme del suelo unos ochenta cm, con lo que llegué a tener en mi mejor momento, un alcance vertical de 2.90 m, insuficiente para una selección nacional, pero sí para competir en mi categoría como un acomodador que podía ayudar en el bloqueo. Las características pueden determinarnos, pero somos nosotros los que decidimos qué hacer con ellas; ahora ya no salto ni un kilo de tortillas. Salud.

Beto.

Les consta

A veces nos preguntamos para qué, sin obtener respuesta. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. I nutilidad institucional. De las muchas formas de co...