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| A veces nos preguntamos para qué, sin obtener respuesta. Foto: BAER |
1.Inutilidad institucional. De las muchas formas de control, el censo representa una muy buena para saber cuántos somos, ya el imperio romano era célebre por los conteos que realizaba cada cierto tiempo y así saber con cuántos efectivos contaba en ese momento y para el futuro para sus campañas de conquista; los países que heredamos algunos rasgos de la tradición latina, vimos la conveniencia del conteo de personas, lo que debe servirnos para saber y proyectar, los recursos con los cuales mantendremos a la población, según edad, sexo, condición socio-económica y escolaridad, lo cual a su vez, trazará el camino para que todos tengamos una vida mejor... ¡Pero no! Nunca ha resultado en eso y los datos obtenidos sólo justifican el ejercicio de un presupuesto tradicional, sí, pero del cual nunca hemos sacado una utilidad concreta.
2. El acta de nacimiento. Hace un rato que no hago trámites con ella, pero creo que la dinámica no ha cambiado, la piden en las dependencias de gobierno para... ¿qué? Un acta de nacimiento es una constancia de que naciste, de quiénes son tus progenitores, de quiénes son los progenitores de ellos, de dónde, de a qué hora y nada más; ahí no constan tus estados civil y económico, ni trae tu historial médico ni status fiscal, sólo dice que naciste (antes apuntaba que vivo y sano, ya no), entonces, ¿para qué demonios siguen pidiéndola? ¿Acaso suponen que cada cierto tiempo mutamos o cambiamos de padres? Ni siquiera trae fotografía de cuando éramos chiquitos; si ya existen la CURP y la credencial del INE con datos biométricos y foto, ¿de qué les sirve un acta de nacimiento con vigencia de tres meses? Absurdo por decir lo menos.
3.Testimonio de aprendizaje. Hay aspectos en la vida que no hemos aprendido a valorar por ver sólo su lado obligatorio, dejando de lado la oportunidad de trascender que nos ofrecen, como es el caso de la tesis; desde lo más profundo de mi ser, estoy convencido de que la vida universitaria no es un trampolín para tener un buen empleo, puede darnos herramientas de observación y de adaptación al mundo laboral, pero los escalafones se superan trabajando. Es cierto, con un trabajo de investigación no vamos a revolucionar el conocimiento universal, ni siquiera podemos aspirar a que con él, vayamos a cambiar el curso de una costumbre en el mismo momento que se publique, pero una tesis universitaria nos brinda la oportunidad de escribir nuestro primer libro y si es para hacer negocio, mejor.
4. Sobreidentificación. La tramitología no se ha encargado de explicarlo, aunque resulta sencillo intuir que el tener un montón de documentos sólo sirve para mantenernos ocupados en cosas triviales; con la tecnología tan avanzada como la tenemos ahora, resulta incomprensible que no haya una base de datos universal a la cual puedan acceder todas las instituciones, ya sean éstas de salud, educativas o de recaudación, así no tenernos empapelados a lo tarugo con tantas credenciales que, para colmo, tienen fecha de caducidad. Se me ocurre (ya ven cómo soy) que con las mejoras al hasta ahora inútil CURP, ya podríamos prescindir de documentos como el INE, las cartillas militares o de vacunación o algún otro documento que nada más hace bulto en la cartera. ¡Ay, no! Es cierto, la corrupción. Salud.
Beto.






