lunes, 6 de abril de 2026

Para qué proyectar

Además de todo, hay que lidiar
con las noticias de la violencia. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La generación del futuro. Una frase que, si escuchábamos en los setenta unas cinco o seis veces al día, era poco; en los salones de clase, en algunos programas de televisión o radio, en las reuniones con otros adultos, la referencia era la misma y los nacidos en la década anterior no teníamos de otra que sentirnos aludidos. En la primaria, la carga no parecía tan pesada, total, el futuro aún estaba muy lejos y cuando tuviéramos que enfrentarlo, todo estaría de alguna manera automatizado; la secundaria fue prácticamente la misma cantaleta y el futuro se acercaba muy lentamente sin muchas ganas de llegar. Para la preparatoria ya no hicimos caso, si llegaba, ahí que nos avisaran porque la espera había sido mucha, tediosa y sin un plan adecuado para que saliéramos adelante.

2. Crisis, eterna acompañante. En estos años ha tenido tal variedad, que ya no es factible saber cómo estar seguros; a la crisis financiera la siguieron la de la salud, la de seguridad y la de educación, no precisamente en ese orden. El concepto en sí pareciera ir perdiendo sentido a fuerza de su presencia perenne y el fastidio consecuente de la población; el caso que hacemos de ella se da con eventos cada vez más traumáticos, pero con el mismo efecto de las ranas en agua caliente. El mayor problema que nos han causado las crisis, es el estado mental de indefensión ante quienes deberían servirnos, no como una concesión, sino con la vocación de poner sus esfuerzos en aras del bien común, uno de esos rasgos sociales que las autoridades suponen haber superado.

3.Negatividad presumible. Todo lo malo que presumíamos en los setenta, se revirtió en las décadas recientes trayendo consigo, una oleada de eventos que no hemos tenido más remedio que normalizar; que si éramos arteros, que si taimados,  que si corruptos y toda una pléyade de calificativos que nos daban la falsa sensación de ser más inteligentes que el resto del mundo por lo cual teníamos grandes ventajas con qué engañar a quien fuera, ventajas que nunca vimos porque siempre hemos estado a la sombra de países que se «aprovechan» de nosotros y que históricamente nos han visto la cara con el desdén propio del tirano, cuando en realidad, lo que nos pasa es el resultado de haber dejado el manejo de nuestros destinos en manos de vividores que nada más han visto por su propio bienestar.

4. Ahora, la violencia. Si bien siempre ha estado presente, en los últimos años lo ha hecho de la manera más absurda posible y resurge ante el más mínimo pretexto, el caso es que no se da por un buen ideal, ni por defender la casa, sino porque es posible y no se necesita más argumento que el fastidio; estamos hartos de la carestía, de la contaminación, de la indiferencia juvenil, estamos hartos de estar hartos. Se supone que la intención de hacer proyectos es para mantener la estabilidad y mejorar algún aspecto de nuestra existencia, pero cuando la incertidumbre y la inseguridad dominan el espacio que ocupamos, no parece sensato planear acciones a futuro si antes no lo hacemos para erradicar a los maleantes, cosa que cada vez se ve más lejana y apta para el argumento de una película post apocalíptica. Salud.

Beto.

lunes, 30 de marzo de 2026

La servidumbre

Cuando ya no haya qué comprar,
¿vamos a comer billetes? Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Paso en el tiempo. Como todo lo impuesto, servir sin convencimiento choca con lo que deberíamos tener nada más por haber nacido; libres somos por decreto porque, por decreto también, a alguien se le ocurrió en la antigüedad que era digno y motivo de derecho divino, el esclavizar a otros en su propio beneficio. Esa esclavitud sólo cambió de nombre y de formato para aplicarla, pero prevalece la idea casi intacta de propiedad; el esclavo, objeto de riqueza, podía ser asesinado sin consecuencias si acaso al amo se le daba la gana; en la edad media se pasó a siervo, cuyas condiciones no cambiaron muchos, salvo que fue un accesorio de la tierra, objeto de riqueza; desde hace mucho tiempo se ha llamado empleado, accesorio de una máquina actual, fuente de riqueza.

2. Acumulación física, riqueza virtual. Aunada a la pérdida de perspectiva sobre lo que es realmente importante, nos fijamos como objetivo (y a veces como meta) el acumular dinero por sobre todas las cosas, algo importante si consideramos que los ritmos de vida a los que nos hemos habituado, exigen previsión para no presentar carencias en el futuro. Pero cada vez más personas procuran producir más dinero y menos optan por la producción de satisfactores básicos a bajo costo, problema que se acentúa con el encarecimiento de los medios de transporte, por lo que cabe cuestionar, si el hacer que los productos de consumo básico va a ser cada vez más difícil, ¿de qué nos va a servir el tener mucho dinero si no vamos a tener qué comprar? ¿Comeremos papel, acaso?

3. Venta enajenante. Todo tiene un precio, de eso estoy cierto, sin embargo, no siempre está cotizado con dinero; habrá quien ceda a las pretensiones de otro con un carro, un instrumento de trabajo, una casa, un puesto público o el matrimonio, que cualquiera de ellos también sirve como moneda para medio ocultar que en realidad somos capaces de negociar lo que sea con quien sea. Vendemos lo que tengamos a la mano y supongamos que no es prescindible, algunos lo harán con un lápiz y otros, con la patria, lo que develará cuáles son sus reales valores. Hay quienes se venden a sí mismos y en el proceso renuncian a una posible y futura reivindicación, lo que podría tratarse como un sacrificio para salvar a los demás o una traición que afecte a un sector específico de la población.

4. Liberación propia. Ser libre es como la regla del fuera de lugar, no se alcanza por uno mismo; al ser un valor universal en su expresión, no puede ser segmentado para que sólo unos cuantos privilegiados lo gocen, si una parte del todo de una población está siendo explotada por la otra, ésta última está atada a la vigilancia de la primera para que no vaya a salírsele del carril. Como lo he dicho en otras ocasiones, quien decide esclavizar a otro, está fabricando una cadena con dos grilletes. Ser libre es con los demás, entre iguales tanto en lo material (que no significa por fuerza tener lo mismo), como en lo espiritual (lo que no tiene que ver con lo religioso), viviendo una armonía satisfactoria en lo individual, sin codiciar banalidades en lo social. Salud.

Beto.

lunes, 23 de marzo de 2026

Porque nada es para siempre

No toda acaba, sólo hacemos las cosas
más lento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La rutina no es divina. Hay que tener alguna, impuesta o voluntaria, eventual o perenne, a nuestro gusto (por favor) o no, no podemos evadirlas porque de ellas depende el que tengamos orden y no nos invada el caos, sin embargo, en teoría las acciones repetitivas carecen de atractivo en sí mismas y, por ello, luego andamos poniéndoles retos para volverlas interesantes; que si logramos barrer la sala en cinco minutos, que si los trastes se escurren en dos, que si tendemos la cama en otros cinco y que si mañana lo hacemos todo en menos de diez, porque será necesario e imprescindible todo lo rutinario, pero a veces nos cuesta un pequeño sobre tiempo empezarlo. Tampoco se trata de satanizar a las rutinas, porque como afirmé, son necesarias, pero ¿dónde se consigue el convencimiento para hacerlas?

2. El tiempo no tiene grietas. Ni el alma tampoco pues, al ser ambos constructos para poner en orden dos aspectos importantes en nuestro desarrollo, no hay un contenedor tangible en el cual observarlas; ¿nuestro cuerpo? Claro que se agrieta, no obstante, el cuerpo contiene cosas palpables como órganos, plasma, agua y demás componentes necesarios para funcionar adecuadamente. Asociamos el paso del tiempo con las marcas faciales sin considerar que el proceso de envejecimiento no depende del tiempo sino del desgaste natural de la células que cumplen con ciertas tareas y tienen una fecha de caducidad o, mejor dicho, un margen de utilidad; quizá sea más determinante la pérdida de agua que las horas vividas para que nuestro aspecto pierda eso que definimos como juvenil.

3. Todo pasa. La eternidad comienza cuando termina la vida y así existiéramos por setecientos años, ningún tiempo es comparable al que el mundo ha prescindido de nuestra presencia; vale de muy poco lo que supongamos o creamos con base en las religiones, la vida se extingue y no parece haber indicios que haber vuelto en ninguna de las formas individuales que ha manifestado y lo que produzcamos, sólo estará en pie mientras dure este planeta, cuando truene (que lo hará) todo va a perderse, a menos que encontremos la manera de trasladar todo a otro mundo. Quizá si lo viéramos todo desde esta perspectiva, aprenderíamos a apreciar el tiempo que pasamos en esta dimensión (en estas tres, mejor dicho) en lugar de invertirlo en maltratar todo lo que nos rodea.

4. Y todo queda. El chiste está en tener el mayor número de cercanos posible, sin importar que los conozcamos o no; por la obra se reconoce al artesano, dice el dicho y sobre eso emiten su juicio aquellos que siguen su trayectoria o consumen sus productos, en eso debe consistir dejar un legado, algo que cualquiera pueda observar y disfrutar sin restricciones o el módico pago de recuperación para la entrada al recinto en el que se encuentren. En algo como heredar, el número de personas sí es importante porque no es lo mismo dividir entre dos que entre dieciocho, sin embargo, el estar seguros que el legado será preservado, nos lleva más tiempo para saber quiénes serán esos individuos que asumirán la tarea de la manera más seria posible, puesto que ya no estaríamos para verlo. Salud.

Beto.

lunes, 16 de marzo de 2026

Se llevan y no se aguantan

Provocan todo para estar mal y luego
se hacen las víctimas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Niños berrinchudos. Así debieron tratarlos en la infancia y por ello tratan de desquitarse con nosotros ahora, la mayor parte de las personas que se meten en la política (como sucede en otras prácticas) tratan de solventar alguna carencia sólo que los demás, al hacerlo, no perjudicamos a miles de personas de un plumazo; posiblemente, debido a la baja escolaridad que presentan, no estén preparados para habitar el ojo del huracán las veinticuatro horas, lo que aumenta la presión y, por tanto, acentúa su baja tolerancia a la crítica. Para colmo de males, tampoco están preparados para realizar sus funciones y ahí va otro tanto de presión por parte de sus semejantes, cerrando con ello, un círculo vicioso que ellos suponen compensar con los ilícitos de los cuales nos enteramos todos los días.

2. Una bazuca en las cámaras. O tienen una en esas boquitas que se disparan a la más mínima provocación o realmente necesitan una para probar qué tan delgada tienen la piel para señalarles sus estupideces o qué tan gruesa para mantenerse sin hacer su trabajo y soportar que se les señale; o la bazuca la deberíamos tener los contribuyentes, padrinos de tanta corrupción (no nos hagamos, la hemos solapado), para deshacernos de tanta rémora que vive del presupuesto y que en realidad, ni siquiera sirven para limpiar a este tiburón caduco que llamamos México. Una purga como la que he imaginado no podría darse sin el aval de toda la población, pero pensarlo sin tomar en cuenta las consecuencias sería un suicidio vano, ya que con ellos hemos creado una extraña simbiosis.

3. Por no atender en la escuela. Por muchas deficiencias que tenga nuestro sistema educativo, hay que aceptar que sí provee de herramientas para soportar adversidades, al menos eso solía pasar en tiempos en que los terminajos en inglés aún no llegaban a «suavizar» los epítetos con los que se calificaba a los gandallas. Resulta también que con la anglo adaptación de los términos, aumentó el número de individuos que no aguantan ni siquiera la crítica y, entonces, existen reglas para que ni siquiera tengan que molestarse en crear argumentos para defenderse o explicar lo errático de sus comportamiento. Algunas minorías y políticos se han unido en campañas que sólo buscan reivindicar el escándalo como distracción, en lugar de justificar sus acciones con genuino trabajo.

4. Imagen devaluada. La piel tan delgada de algunos sectores de la sociedad y de la mayoría de los políticos, no es otra cosa que un síntoma de que están haciendo mal las cosas y haciéndose los ofendidos por todo, suponen que van a tapar todo aquello que han echado a perder. Hemos llegado al punto en que, sólo por ridiculeces, debemos cuidarnos de señalar cosas obvias de las cuales los señalados son los únicos responsables o que su condición no puede ser cambiada, como el llamar chaparro a un tipo que mide 1.50 m y que éste se ofenda porque no tiene la media de 1.70 m que hay en el país. De ahí, los gordos, los pecosos, los güeros, nos negros y toda clase de evidencias que debemos evitar porque a veces, ni siquiera los señalados son los que se ofenden. Salud.

Beto.

lunes, 9 de marzo de 2026

Todos somos mordaces

Los bromistas tendrán que esperar
a mejores oportunidades. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La broma nuestra de cada día. Supongo que nadie en estas tierras se despierta pensando «¿a quién haré víctima de mis bromas hoy?», aunque puedo equivocarme; de todo hay en la viña del señor, lo que hay en abundancia y con una variedad que ni el boticario del pueblo donde creció mi madre se lo hubiera imaginado, son bromas; tampoco creo que haya una hora adecuada para hacer o recibir la primera broma del día, pero de que seremos testigos de una, lo seremos. Los escenarios son tan diversos que debemos estar alertas todo el tiempo porque en cada uno habrá al menos un bromista que haya tomado como apostolado el difundir su muy grato, aunque a veces poco oportuno, sentido del humor; como pasa con todo en este mundo, la costumbre mencionada depende de la apreciación de otros.

2. No todos están para aguantar. Las sensibilidades son muy distintas en cada uno y van cambiando conforme crecemos, lo cual no significa que necesariamente transitemos directo a la madurez; bromistas y víctimas de las bromas no siempre estamos de vena para realizarlas ni para aguantarlas, a las primeros los traiciona su «obligación» de ser chistosos todo el tiempo y a los segundos, a veces se les enciende la conciencia de que no están para soportar tonterías, por lo cual, suele suceder que los papeles se reviertan y las respuestas se vuelvan ofensivas, lo malo es que los bromistas suelen también tener puntos vulnerables que alguien avispado podría utilizar para atacarlos, lo que redunda en una baja en la estima del atacado.

3. La vieja indirecta. Desde muy chicos estamos expuestos a las frases que son pero no son, que van contra otros pero que en realidad somos el blanco, en las que pretenden hacerte sentir bien, pero en realidad son para atacarte; pudieran pasar como un signo de inteligencia, sin embargo, en realidad son un camuflaje para herir sin consecuencias. Podríamos apelar a la espectacularidad que resulta de una batalla basada en el disimulo, quizá implementando una escala de puntaje para definir un ganador, por ejemplo, el número de argumentos que nada tengan que ver con un defecto físico o un problema psicológico, cuántas caras de incertidumbre logran en un probable público o dejar callado al oponente, como «muerte súbita», al menos con eso, provocar el mejorar la formulación de imágenes.

4. Joyas de la mariconería. La máxima expresión del disimulo se da en el anonimato, cuando suponemos que al hacer algo que sabemos que va a molestar a uno o a muchos, no van a descubrirnos como en un estadio de fútbol o en una manifestación multitudinaria. Ya lo había explicado antes, pero no está de más explicarlo otra vez, estamos en presencia de la mariconería cuando percibimos que alguien «tira la piedra» y esconde la mano, aclaro que eso nada tiene que ver con la homosexualidad, por lo que maricones hay de todos tamaños, colores y sabores. En este sentido, habrán notado que el estilo actual de gobernar se define por esta burda práctica de hacer o decir algo para después negarlo y se mantienen en su postura a pesar de descubrirles el confeti en los calzones. ¡Qué poca... memoria! Salud.

Beto.

lunes, 2 de marzo de 2026

La capacidad de asombro

No es necesario que pase algo extraordinario
para poder asombrarnos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Recurso natural no renovable. Hay rasgos de la personalidad que, a fuerza de burlas y ataques, hemos convertido en casi pecados capitales, lo contradictorio es que intentamos preservarlos en la niñez como si de verdad fueran un tesoro para después erradicarlos como si nos estorbaran; ¿por qué no los preservamos en la edad adulta? Yo sólo tengo una respuesta: porque, por flojos, no hemos aprendido a relacionarnos con todo tipo de personas y pretendemos que todos se comporten como nosotros lo hacemos. Un caso muy claro es la ingenuidad, la cual desde edades muy tempranas se toma como tontería, sin embargo, quien la trata de esa manera tiende a relacionarse con los demás basándose en bromas, que ellos tienen la obligación de entender y quien no lo hace, debe aprender aunque sea con burlas.

2. ¿Son una pérdida? El esquema anterior nos hace perspicaces, quizá sólo suspicaces y de ninguna manera, mejores que alguien ingenuo, al que si lo volvemos como nosotros nos haría parecer cínicos; quizás hayan escuchado a alguien decir que su niña/o «perdió la inocencia», pero nunca escuchamos en qué se convirtió, suponemos que en alguien «normal», sin embargo, si eso fuera bueno, ¿por qué lo lamentamos? Tratamos de justificarnos diciendo que lo permitimos para que no vayan a aprovecharse de su ingenuidad, claro que hay gente estúpida que vive de aprovecharse de los demás, pero una cosa es alertar sobre engaños y otra, sugerir que ser ingenuo es malo. Reitero que nos falta paciencia para tratar con alguien sin malicia, paciencia para no caer en la tentación de «ayudarle» a salir.

3.Sentirnos mundanos. Quien afirma que ya nada de este mundo le asombra, padece de un cinismo generalizado y a veces involuntario impuesto por la ignorancia y el desdén por lo que no puede controlar, así que lo minimiza hasta el ridículo para no evidenciar su carencia; asombrarnos es el último bastión de nuestro gusto por estar vivos, aspecto que compartiremos con los demás mamíferos y con el cual manifestamos nuestra afinidad. A cambio de ello, preferimos pasar por hombres y mujeres de mundo, quienes ya lo vimos todo y que aseguramos, sin temor a equivocarnos, que nada hay nuevo bajo el sol; es cierto que mucho de lo que escuchamos y vemos ya lo habíamos experimentado antes, pero ¿qué hay de malo en repetirlo sin hacerles el feo? ¿Acaso no consumen telenovelas?

4. Vuelta a la candidez. No se trata de parar cada cinco metros y asombrarnos porque volaron mariposas o moscas o cómo es que algo tan pequeño como una hormiga pueda llevar por «grandes distancias» objetos más pesados que ella; recordemos que la relatividad está en ponernos en la perspectiva específica de lo que se está tratando o de quien lo está tratando, por lo tanto, el estar o parecer asombrado se ajusta a lo que realmente nos interesa, sin avergonzarnos de ello y sin menospreciar todo lo demás, por otro lado, asombrarse no es lo mismo que sorprenderse; algo nos asombra porque, de alguna manera, estamos al pendiente de ello, como un gol de media distancia al ángulo superior derecho por parte del delantero, el mismo gol nos sorprendería si fuera obra de un espontáneo. Salud.

Beto.

lunes, 23 de febrero de 2026

Costumbres adicionales

En el proceso de acostumbrarnos eliminaremos
lo que no nos gusta. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Acción fortuita. Adherirnos a una costumbre nueva depende de cuánto estemos convencidos de aceptar posibles cambios en las rutinas y con quiénes tengamos que realizarlas; generalmente la respuesta es positiva pues, para empezar, la curiosidad nos acercó y la apertura de mente haría el resto. Cada cambio está constituido de dos partes, como todo en la naturaleza, es decir, por cada ganancia hay una pérdida por inversión y ésta se da en tiempo, recursos y esfuerzo. Pero de eso nos damos cuenta con el paso de los años, puesto que en el momento en que tenemos la oportunidad de cambiar nuestras rutinas, responsabilizamos de ello a la casualidad, ya que nadie planea cambiar a menos que sea necesario por carencia, incomodidad o superación de facultades, circunstancias que no se presentan a diario.

2. Deseo cumplido. Gracias a la cantidad de información de toda índole a la que podemos acceder, es factible aficionarnos o ¿por qué no?, de enamorarnos de culturas ajenas a la nuestra, de ésas que nos permiten expresarnos sin tener que soportar la carga afectiva de los rituales (si practicamos de ellos) o de la cooperación en efectivo (si nos declaramos ajenos); entre estar dentro de asociaciones o fundaciones y estar fuera de ellas, la adición por lo que hacen determinará nuestro carácter, lo mismo que si nunca pisamos sus terrenos, pero al comprometernos a participar, al contrario de cambiar totalmente nuestros hábitos, reforzaremos algunos y modificaremos otros al darnos cuenta de que lo que hacen, no está tan alejado de lo que pensamos de nosotros mismos y los círculos en los que nos desenvolvemos.

3. La asistencia social. A estas alturas, esa forma de juntar dinero ya no es nueva, sin embargo, pareciera reinventarse año con año aprovechando la poca memoria que tenemos para la indignación; tanto las loterías como las cooperaciones voluntarias televisivas juegan con partes vulnerables de nuestra idiosincrasia, las primeras con el sentido de urgencia que nos ha rodeado por toda la vida a muchas generaciones y las segundas, con el sentimentalismo que despierta todo manejo melodramático que hacen de aquello que consideramos desgracia, aunque también nos hemos vendido la idea de los mejores guerreros. En ciento sentido, ambas prácticas nos permiten valorar de otra manera a las asistencias que de manera individual y anónima realizan algunas personas preocupadas por los demás.

4. El buen vecino. Debería ser aquel que con nadie se mete en problemas, que está dispuesto a colaborar en su colonia o barrio y que se toma el tiempo para denunciar lo que está mal en su entorno o de perdida, que tuviera uno de esos tres rasgos. Por desgracia, el no meterse en problemas se confunde con la indiferencia, ya que la definición que tenemos , la comparamos con el conflicto lo cual restringe el entendimiento de aquello que deberíamos resolver en comunidad. Asimismo, al colaborar lo equiparamos con la obligación y por su parte, a la denuncia la confundimos con acusación; lo que no hemos entendido es que hay diferentes niveles de compromiso que dependen del evento a enfrentar y el número de personas involucradas. Salud.

Beto.

Para qué proyectar

Además de todo, hay que lidiar con las noticias de la violencia. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. L a generación del futuro. Una frase que, si ...