![]() |
| Yo, en mi modalidad inglesa. Foto: BAER |
1.Costumbre lejana. Sólo lo había escuchado a manera de anécdota en pláticas con mi familia o visto en películas, lo cual me llamaba la atención como una curiosidad ya que al ser una costumbre británica, me parecía muy lejana tanto en kilometraje como en cultura; comencé el veinte de octubre pasado y nada en mi rutina diaria cambió aunque sí algo en mi estado de ánimo, nada químico, sólo la espera de que algo bueno pasará mientras paladeo la mezcla de la yerbabuena y la miel. Hay algo de paz entre trago y trago que permite pensar de otra manera en los asuntos cotidianos, algo así como si las obligaciones no lo fueran tanto y la diversión se prolongara hasta lo que debemos hacer por los demás; como costumbre tiene mucho de disfrutable puesto que puede convertirse en un buen pretexto para la auto conciencia.
2. Placer personal. Ya sea té o tizana, no puedo considerar a estas infusiones como bebidas «suaves» puesto que, a decir de los que saben, tienen una cantidad de cafeína semejante a la de una taza de café, algo que no me consta porque no me he dedicado a leer textos especializados en cada bebida, ni mucho menos a experimentar con ellas para separar sus contenidos; la verdad es que lo tomo porque me gusta, con mayor razón ahora que le adiciono miel, ya que tiene la fama de proveer protección para las vías respiratorias. Además del placer al paladearlo, está también el hecho de que viste un poco en las pláticas con amigos el decir que tomo té a las cinco, dando también la misma explicación que aquí. Por último, está el hecho de haber iniciado una costumbre por mi cuenta, no importa que sea prestada.
3.Fuente de ideas. Como ha venido dándose, el lapso de las cinco y las cinco y media de la tarde, viene a convertirse en una pausa para la reflexión que en algún momento pudiera compartir, lo que haría más interesante ese tiempo, por lo pronto, lo he aprovechado para imaginar temas con que cubrir este espacio sin que tenga que recurrir a la crítica del accionar gubernamental (lo cual es muy complicado evadir) o las barrabasadas que cometemos en la vida cotidiana, aunque esto último lo evito poco. Y es que, con salir un rato a la calle, puede obtenerse muchos datos para el señalamiento, la denuncia o la mofa, sí con la intención de mejorarlos, pero con un dejo de resignación e impotencia, que tampoco van a aliviarse consumiendo infusiones, pero al menos serán minutos productivos.
4. De verdad tomar té. En realidad, lo que hago son infusiones de yerbabuena y de manzanilla, lo que para los puristas no es té propiamente dicho, sino tizanas (supongo), pero para mí cumplen con su función de hacer una pausa en la tarde para ordenar mis ideas y los sabores combinados con miel, me gustan. Si acaso la curiosidad me llevara por otros derroteros y quisiera averiguar sobre la planta que dio una parte de su identidad a los ingleses y supiera sobre cualidades y dónde la venden, posiblemente empiece a exigir más sobre su preparación, por lo pronto, sin que esto sea una competencia para su majestad el café, seguiré tomando mis infusiones que, de alguna forma, me remiten a los cuidados que recibía de niño cuando la gripe atacaba; pretextos sobran. Salud.
Beto.






