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| Nos traemos algo de los lugares que visitamos. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Por nacimiento. Ésta es la razón por la cual en varios momentos me he mostrado ajeno a una tierra que me recibió con una pléyade de novedades siendo yo muy chico, aunque ya tenía noción de bien y de mal; me costó trabajo adaptarme, quizá porque en el fondo, tenía la idea de que volveríamos al lugar que vi desde mi nacimiento y con esto me refiero a la colonia, porque casas, al menos conocí tres. Creo que ésa es la constante hasta hace doce años pues, si bien como familia mantuvimos a Fresópolis como nuestra «base de operaciones» el «cuartel general» sí cambió de sede en varias ocasiones, aunque la zona siempre ha sido la misma; en realidad sí podría hablar de haber tenido un lugar específico para crecer.
2. Sí por convicción. Cambié de escuelas y casas, por lo que el arraigo me llegó algo tarde por la vía menos pensada, porque estuvo determinada precisamente por esos cambios, ya que el necesitar pertenecer a algo, me dispuse a defender los eventuales colores deportivos empezando en la secundaria donde la adaptación tuvo que darse año con año, debido a que nos cambiaban de salón en cada curso. En la prepa ya pertenecí en dos periodos a la selección de voleibol, por lo que el arraigo fue un proceso más amable y con una buena razón de ser. En la universidad, se detonó la pertenencia, quizá porque se trataba de la última estancia real, con derechos y obligaciones, en la que los compromisos se hicieron con personas cercanas y no con instituciones.
3. Sino de muchas partes. Cada lugar en el que he vivido tiene un sabor especial que si bien han dejado una imagen con la cual manejarme, todas están conectadas por medio de una sensación que he cultivado durante bastante tiempo, la de tener que valerme por mi cuenta; pasar la mayor parte del tiempo como el «extranjero» ha desarrollado en mí la habilidad de adaptación que si bien, no me ha hecho pasar por «natural del lugar», tampoco me ha impedido mimetizar alguna parte de mi comportamiento con el de los que me rodean. Eso me ha permitido, más que el hacerme un archivo de comportamiento de cada región, el fabricarme una especie de resumen que sirve para adaptarme a cualquier lugar al que voy, usando la broma como herramienta principal.
4. Como buen mexicano, Una paráfrasis negativa de Chavela Vargas sería que no diré que nací donde me dio la gana, pero sí que me recreé en cada espacio que he ocupado; sin presumir que lo anterior haya sido desde cero, a lo único que le tendría temor sería a no haber sido un digno embajador de León, Salamanca, Juárez e Irapuato, sin contar con mis orígenes de Silao y la hermana república de Izúcar de Matamoros, Puebla; no sé si sea exacto pensar en una amalgama de comportamientos que dieron como resultado lo que soy, lo que sí me atreveré a afirmar es que apostaría a que todos pasamos por procesos en los que tomamos referencias de aquellos que estimamos tanto de aquellos que no nos importan del todo, pues así sabemos lo que queremos ser y qué no. Salud.
Beto.






