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| Los mitos trascienden generaciones. Foto: BAER |
1.Inutilidad institucional. Prácticamente desde el momento en que fuimos capaces de intercambiar ideas, también necesitamos de contarnos historias para entender nuestro entorno y que los nuevos lo hicieran como los viejos para mantener una idea perdurable; la intención era conservar al grupo unido mediante un concepto que ayudara a mantener un estilo de vida. La mejor forma fue el crear seres fabulosos que pudieran realizar hazañas que el común de los mortales no pudiéramos hacer, al menos no sin ortopedia y deberían ser tan buenas que tuvieran que ser contadas por siempre. La división entre buenos y malos quizá no era tan marcada ya que los personajes a utilizar debían retratar las características observables de los modelos en los que estaban basados, es decir, los humanos.
2. Necesidad de notoriedad. El mito se crea para alinear conciencias y si llegan éstas a descubrir que no son verdad, pues se inventan otros y ya está; ¿quién los inventa? Seguro que no un individuo, en cada grupo social surgen subgrupos que irremediablemente buscarán el poder por todo tipo de razones y el que lo logren, depende de las historias que se inventen según el nivel de credulidad de la población. La vida de la humanidad está sujeta a la búsqueda de motivos para trabajar, para subsistir, para procrear, algunos de esos motivos se vuelven adictivos y crean verdaderos monstruos necesitados de sobresalir a como dé lugar, por lo que los medios estarán justificados por lo que suponen un fin supremo. En este sentido, sin importar lo que hagan o dejen de hacer, el fabricar un mito sólo les dará notoriedad.
3.Búsqueda de dominio. Uno de los caminos para obtener el control de un grupo social es la conformidad, si sentimos que algo nos satisface, difícilmente vamos a querer cambiarlo, aunque a veces eso que nos conforma, sea sólo una idea que nunca se hará tangible. Tienen los mitos una utilidad innegable, no muy grata por lo general, pero utilidad al fin que tiende a la unificación en la concepción del mundo y su ascendencia en el comportamiento social; un mito regulará también lo que debe valorarse, tanto en la realidad palpable como en abstracto puesto que, tengan o no una figura central antropomórfica, están hechos para que todos podamos identificarnos con él. El manejo de una población mediante mitos, ahorra la necesidad de sojuzgamiento por represión.
4. Parte de la identidad. Un mito bien manejado enciende el fervor patrio que nada más necesita un pretexto para emerger desde lo más profundo de nuestro ser para «echarle montón» a aquellos que no comulguen con nosotros; tenemos como ejemplo el escudo nacional, un símbolo que nos acompaña toda la vida y cuyo trasfondo es de una gran belleza, aunque no veo cómo eso sustenta la afirmación de que nuestra bandera es «la más bonita del mundo»; conformémonos con entender su significado y valorarla como lo que representa. La gran productora de mitos (la religión, todas) ha sobrevivido gracias a la lógica extraterrenal que manejan, en la que las aspiraciones humanas de tener súper poderes se compensan adjudicándoselos a seres imaginarios para nuestra protección. Salud.
Beto.

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