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lunes, 14 de septiembre de 2020

¡Halé Lucha!

La palabra duda no existía
en su vocabulario. Foto: BAER

Querer encajar está bien, pertenecer a un grupo es un alivio a tensiones internas ya que da la oportunidad de intercambiar experiencias. Las opiniones de otros pueden ser un buen parámetro para saber si lo que hacemos va por buen camino o tenemos que cambiarlo. Mi amiga Lucha tenía ideas semejantes a éstas y procuraba aplicar maniobras que cumplieran con ellas, así se manejó por muchos años; quienes la conocían bien, solían contarle sus preocupaciones y, aunque no tuviera una idea sólida del asunto, era capaz de proveer de alternativas al consultante.

El aprecio hacia ella crecía conforme su entorno se daba cuenta de lo útiles que eran sus consejos y lo servicial que solía presentarse, aunque fuera a desconocidos, incluso los que deseaban aprovecharse de su tiempo y de su espacio, debían aceptar que se enfrentaban a un espíritu libre y se conformaban tan sólo con llamarla “mi Lucha”. Cualquier referencia histórica es mera coincidencia. Claro que la mezquindad asentaba sus reales en varias sensibilidades retrógradas manifestándose con muestras de envidia por detalles a la luz, insignificantes, pero del todo distinguibles.

Que si se vestía como viejita, que cómo se atrevía a aconsejar si ni estudios tenía, que su esterilidad era un castigo, que... en todo encontraba competidor de espúrios méritos, como don Neto el talabartero que de todo refunfuñaba y se las daba se sabiondo, que decía haber encontrado la causa de cada problema que surgía en el país pero que daba soluciones distintas a los valientes que osaban preguntarle. O como doña Natalia, la que vendía pozole todas las noches en la esquina de Allende y Libertad, que por un pelito se le muere don Nacho por el remedio para la tos que le recetó.

Aunque el más agobiante era Tavito, que navegaba con bandera de chistoso y sus bromas terminaban siendo insultos que por involuntarios que parecieran, no dejaban de ser dolorosos. Dicen que por andar haciéndole al engabanado, por poco se lo llevan al bote al tantear a un polícía con un supuesto asalto, allá por los rumbos de la plaza del Comendador. Lo irónico de todos los casos es que, por mucho que se esforzaran, no lograban el tino, la sapiencia ni la gracia de aquella a quien todos identificaban como benefactora, eso sí, admitían que al menos hacían “su lucha”. Salud.

Beto

lunes, 11 de mayo de 2020

Realismo

Las presiones pueden ser peligrosas.
Foto: BAER
Revisó nuevamente cada uno de los últimos renglones antes de poner "fin" en el escrito; su editor no había tenido contemplaciones al amenazarlo con retirarle su apoyo si no entregaba por lo menos dos capítulos de la novela que había prometido entregar dos meses atrás. Sabía que era la oportunidad de reivindicarse y volver a las listas de los más leídos.
Su más reciente obra había tenido las críticas más ásperas que cualquier libro pudiera tener, al contrario de sus primeras creaciones las cuales, le habían hecho acreedor de varios reconocimientos y premios en el extranjero. El nervio de ver otra novela terminada, le hacía esperanzarse pero sabía que no debía ilusionarse demasiado, pues todo mundo dudaba ya de su capacidad.
Quiso especializarse en relatos de misterio, pues suponía que la vena romántica que tuvo alguna vez, desapareció junto con quien fuera el amor de su vida, la cual había matado un buen número de veces... mentalmente al menos y esto le proporcionaba buen material para usar en sus historias, lo que explicaría porqué la mayor parte de sus "victimas" eran mujeres.
Satisfecho por no encontrar errores "de dedo" o fallas semánticas, se dispuso a imprimir pero antes recordó que su editor le había pedido mayor realismo para que esto sirviera de contrapeso al escepticismo de sus posibles detractores, que ya se contaban por decenas. Así entonces, el vídeo que tomó al momento de matarla, tomó relevancia. Salud.
Beto

lunes, 4 de mayo de 2020

Sensaciones

Los palacios de memoria suelen tener fugas. Foto: BAER
Abrumado y solo, porque las expectativas se vienen abajo al saber que aumentarán las semanas de confinamiento por culpa de un virus; ni cuando he estado enyesado de algunos de mis miembros móviles el distanciamiento se plantó ten extenuante, que la imaginación tomó sus cosas y me dejó esperando su regreso desde finales de marzo. No pareciera justo, pero de todos modos nuestra relación ya era distante.
No considero que estemos peleados, pero es cierto que no me dirigía ni una mirada, como si algo le hubiera hecho. Por más que hago memoria (otra que me tiene en calidad de indiciado) no imagino -redundancia  negativa- cuál pudo ser la causa de su ausencia, eso sin contar con que chantajeó a la inspiración a que la acompañara a un “retiro espiritual” a no sé qué parte de ése su inhóspito mundo virtual.
El tiempo es su aliado, al menos eso me dejó claro el hastío cuando me contó que se veían a mis espaldas en los momentos en que yo me refosilaba con el asombro por las nuevas tecnologías. La posibilidad de que mi imaginación se viera traicionada no me pasó por los ojos, siempre confié en su fidelidad y su aguante; máxime cuando recuerdo todo lo que pasamos cuando, de niños, nos divertíamos con un triste pasador para el pelo.
Debería hacer acopio de confianza, pero amenazó con alcanzarlas en el destino que la imaginación y la memoria le dejaron en un mapa inentendible para mí. Casi puedo verlas recostadas en un camastro, disfrutando de alguna bebida espirituosa contándose anécdotas en las que quedo mal parado, sin tomar en cuenta que son ellas las causantes de mis olvidos, mis cortas ideas y mis temores. La naturaleza de su género. Salud.
Beto

Repetir patrones

La costura retrata mejor lo que son los patrones. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. D iría la costurera. Y mientras no sean los que ...