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| La buena vida se da aprovechando el tiempo. Foto: BAER |
1. Resistencia ante todo. Estaremos de acuerdo en que no hay una única problemática en las sociedades; aunque sean de un mismo país, deben enfrentar complicaciones propias de urbanizaciones aceleradas y, en muchos casos, mal planeadas, dotar de servicios a asentamientos irregulares, abrir vías de transporte o crear redes de información adecuadas a las zonas ocupadas, problemas no faltan porque las necesidades cambian o aumentan debido a que hemos basado gran parte de nuestro desarrollo tanto físico como mental, en la tecnología como ha sucedido en todas las épocas, desde solucionar cómo comer sin ensuciarnos las manos hasta trasladarnos de un lugar a otro con rapidez y eficiencia. Y soportamos los cambios porque hemos entendido esto de la adaptabilidad forzada, ya sea por compromiso o por mantenimiento de imagen.
2. Visión del otro. El mecanismo que utilizamos para observarnos junto con nuestras acciones, es el mismo aplicado a los demás, pero algunas veces benévolo, otras condescendiente y en la mayor parte, no los señalamos; sucede gradualmente según la cercanía de los observados y los rasgos culturales con los que hayamos sido criados. La sabiduría popular sentencia que lo que censuramos en los demás es lo que identificamos en nosotros mismos o en nuestro entorno inmediato, ya sea porque creamos que eso nos hace vulnerables y por eso hay que señalarlo en otros o porque nuestra propia estima nos obliga a hacerlo, porque pensamos que así sobresaldremos del grupo. Con base en ello, el otro será el punto de comparación con el que sabremos, si no de una manera íntegra, sí al menos que nos ponga en un justo lugar, aunque puede no gustarnos.
3. Jugar un papel. En todo podríamos estar de acuerdo, menos en la descripción que hacemos de temas absolutos como el amor o las deidades, pero lo relativo tampoco nos brinda la seguridad de coincidir plenamente; jugamos roles dentro de nuestros círculos sociales que no tienen que ver únicamente con nuestra actividad laboral pues, aunque nuestros «libretos» indican qué debemos hacer en específico en cada una de esas esferas, las mezclas entre ellas es inevitable. Una madre de familia podría «adoptar» a sus compañeros de oficina si sus hijos ya son mayores y no cohabitan con ella; un obrero tomaría al papel de instructor si tiene la oportunidad de auxiliar a un novato con una máquina de difícil manejo; un abogado se convertiría en guía si unos turistas de visita en su ciudad le solicitaran alguna dirección. Todos somos multitareas.
4. Imponer y apoyar. Hay situaciones en nuestra vida cotidiana que se contraponen haciéndonos olvidar que siempre hay un precio que pagar por vivir en sociedad, pagaríamos otro si lo hiciéramos en un lugar remoto; si son de los que alguna vez alegaron ante una imposición paterna que no pidieron nacer, recuerden que no había manera de pedirles autorización y que, además son como todos, obra de la casualidad, porque los padres sólo pueden planear la temporada en la que nacerán sus retoños y por cuánto tiempo van a mantenerlos, no la estatura, el color de ojos ni cabello, ni el alma dem mítico cuarto celestial, llegaron y ése es el milagro; otro sería el coincidir con tantas personas como hay, con un montón de riqueza por mostrar y de la cual nos perderemos porque la vida no nos da para tratar a tantos. Salud.
Beto.

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