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| A lo único a lo que hay que temerle, es a ser inútil. Foto: BAER |
1. Una perspectiva humana. Los papeles que realizamos los seres vivos tienen que ver con las capacidades desarrolladas según las herramientas con las que fuimos dotados, los intereses suelen apoyar el ánimo con el que abordamos nuestro gusto por hacer las cosas y eso debería ser lo que rigiera nuestro modo de subsistencia, fuera de obligaciones impuestas o de necesidades adquiridas por artificio; sea por instinto o por un razonamiento primitivo, los castores construyen diques que sirven para mantener los niveles hídricos óptimos en los bosques, condición que beneficia a una buena cantidad de fauna endémica, sin embargo, los adjetivos los agregamos nosotros sin saber siquiera si esos animalitos son conscientes de su labor o si los lobos toman en serio su tarea de mantener el equilibrio de su ecosistema.
2. Condición de servidumbre. A la utilidad, en abstracto, puede vérsele como una condición perenne, algo que ni las herramientas como un martillo o un desarmador tienen, puesto que no todo el tiempo andamos cargándolos ni sirven para todo; podrían revirarme diciendo que un electricista o un carpintero los traen siempre en sus cinturones, pero no me los imagino durmiendo con ellos puestos o tratando de voltear un huevo a martillazos, por lo tanto, ¿qué nos hace pensar que hay personas que deben estar disponibles las veinticuatro horas del día? El principio de servidumbre es ése, como así llegaron a consolidarlo los zares rusos, las monarquías europeas, Lenin, Stalin, y Brézhnev, Castro, Chávez y Obrador, además del PRI, PAN, PRD, PT y demás engendros salidos de lo más oscuro del supuesto movimiento revolucionario nacional.
3. Rasgo de dignidad. La caricatura del vago es sólo eso, una parodia de humano que nos sirve de referencia para saber qué no debemos ser ya que, en todo el reino animal, al que no es útil lo exterminan los depredadores; algo semejante pasa con nosotros, quizá no sea motivo de exterminio, pero las habladurías serían implacables con quien ose tirarse al ocio infructuoso. Existen loas al trabajo en abstracto y también al los brazos que lo realizan, lo mencionan como algo que debe defenderse en los tratados del materialismo histórico, otros lo presumen como el resultado de su vocación, el caso es que la conciencia de él constituye otro rasgo que nos diferencia de las demás especies, pues sabemos que nuestra labor afecta a otros así como ellos nos afectan a nosotros, los beneficios resultantes son los que hacen que valga la pena.
4. El precio ajeno. Está claro que, a menos que seamos actores o cantantes, no hacemos nuestras tareas esperando un aplauso al final, pero al menos un reconocimiento si ésta ha sido bien hecha; ahora bien, no se trata de tener actos solemnes ni de que nos hagan un desfile por cumplir con nuestro deber, pero un «bien hecho» de vez en cuando, no nos caería mal. Estamos tan acostumbrados a que no suceda que, cuando pasa, nos toma por sorpresa y nuestra reacción pudiera ser mal interpretada por no corresponder a lo que se supone es la normalidad. Una muestra de aprecio es consumir a quien produce, puesto que eso reivindica el propósito de su labor, por lo tanto, habrá una valoración importante en reciprocidad que redundará, mínimo, en el mantenimiento de la calidad en el producto. Salud.
Beto.

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