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| No todos los talentos son llevados hasta las grandes esferas. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Descubrir los propios lugares. Hace varios años, Paco Ignacio Taibo II dijo en uno de los programas de televisión que conducía «todos los días caminamos sobre la historia, el chiste es saber en dónde está»; en cada uno de los poblados que componen este país, hay eventos dignos de relatar, con poca o mucha ingerencia para todos o más o menos trascendentes por haber involucrado a figuras de poder, el caso es que la identidad de cada lugar se conforma con los relatos que se crearon a partir de hechos o surgieron de la imaginación de sus pobladores. Esos relatos son los que va a atraer a los potenciales visitantes pues, con ellos damos a entender que todo el mundo puede ser parte de nuestras historias ya que, al conocerlas, les daremos los motivos para sentirse como en su casa, con el mismo ambiente y responsabilidad.
2. Conocer anécdotas. La vida es el único «plato fuerte» que se adereza con historias personales de quienes, desde sus particulares trincheras han establecido sus condiciones para disfrutarla suponiendo que su versión es la mejor; cada uno cocinamos nuestras vivencias según la «estufa» que tengamos, porque los condimentos están al alcance de todos, con la diferencia de que, por sus presentaciones, unos son más caros que otros. En este sentido, la anécdota es siempre el postre que no necesariamente significa el final del ágape, podría decirse que algunas reuniones se rigieron por esta forma de historias sin que se les acuse de «poco nutritivas»; quizá tenga la misma condición que el chisme, entre más condimentada esté, mejor seré el sabor que deje.
3.Quién soy aquí. Los irapuatenses no vivimos en un espacio que consideremos turístico, no porque no tengamos lugares dignos de serlo, sino porque no tenemos presentes las historias que nos hicieran considerarlos de esa manera; la infraestructura es importante, pero lo son más las narrativas que se van tejiendo en torno suyo, así una casa vieja puede convertirse en «antigua» e incrementar su valor narrativo, una calle fundacional no sólo será la primera, sino el espacio donde nacieron los sueños o un parque no nada más será recreativo, sino también el marco de algún tórrido romance. Teniendo algo que contar, seremos partícipes de las andanzas que los antepasados realizaron por las mismas calles en las que diariamente deambulamos.
4. Dejar huella. ¿Qué es lo que cada uno de nosotros estaría dispuesto a dar a cambio de figurar en la historia? Eso implicaría tener fama y fortuna que no necesariamente quiere decir muchísima gente y dinero, hay niveles y formas de fortuna. Es posible que todos tengamos el ideal de ser recordados después de muertos al haber realizado algo extraordinario, que tampoco significa impresionar a todo el orbe; podríamos pensar en tener un reconocimiento local, donde nos conociera un sector y poder vivir dignamente, que para los tiempos que estamos pasando, eso ya es un triunfo. Lo cierto es que en algún momento los reflectores nos tocarán y quizá nos asocien con el lugar en el que habitamos que, al final, es el que perdurará después de que hayamos partido. Salud.
Beto.

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