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| Por un simple deseo, solemos perder lo que tenemos. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Grito de necesidad. Como parte de la cultura, lo heroico aparece en la carencia de lo mínimo indispensable, según prive la idea que mueva a un grupo, en otras palabras, habrá quienes se levanten en contra de una tiranía por la falta de infraestructura económica, laboral o de transporte de servicios públicos como agua, gas o electricidad y aquellos que mueren de hambre, ésta última motivo de varias revoluciones armadas. Un ingrediente que aparece en todas las escenas de necesidad es la desesperación; hay niveles en nuestro estado de ánimo donde podemos medir nuestra capacidad de reacción, según el tiempo que hayamos soportado una desigualdad o lo que consideremos una injusticia y está también el detalle de que seamos las víctimas o lo sean otros.
2. Ofrecimiento desinteresado. Pocas veces lo mencionan quienes verdaderamente están dispuestos a ayudar sin esperar algo a cambio, ya que no necesita reconocimiento social aquel que se siente bien viendo a otro estable o progresando; desde la atribución a Voltaire (que en realidad acuñó la escritora británica Evelyn Beatrice Hall para resumir la forma de pensar del filósofo francés) de la icónica frase «no estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo», tenemos la mejor referencia sobre la disposición de algunos a ayudar casi exigiendo el anonimato, sin escatimar esfuerzos. Visto desde una plataforma romantizada, esperaríamos tener muchas personas así, pero quizá ahí está el problema, quisiéramos tener, no ser una de ellas.
3 Amenaza obsesiva. Una sociedad insegura, como nos hemos aferrado a creer que es la nuestra y no, no me refiero a que sea sólo un problema de apreciación, la inseguridad existe pero no es un fenómeno 24-7 perpetrado por todos los habitantes existentes, representa un problema que ataca a todas las estructuras del país, pues aumenta la desconfianza en instituciones e individuos de manera recíproca, ya no se encuentra consuelo en ninguno de los rituales socialmente aceptados y pocos se animan a emprender negocios porque sienten que sólo estarían trabajando para mantener las necesidades de delincuentes o, en ocasiones, de policías; inseguridad e incertidumbre van guiando nuestro camino con la única opción de conformidad soportada en frases sueltas de resignación disfrazada de esperanza.
4. Imaginación febril. El deseo nunca es buen consejero, pone en nuestro ojos esas anteojeras que nos obligan a ver una sola cosa y a ir en esa dirección; para colmo, la visión unidireccional provoca que creemos historias más allá de nuestras capacidades físicas, lo que nos lleva a cometer actos heroicos o los más estúpidos. En ambos casos, solemos ser víctimas de la temporalidad, pues ella es una combinación de urgencia con insensatez, la primera vista desde la necesidad y la segunda, desde los recursos disponibles. Otro punto en común en ambos es que suponemos que nuestras acciones, si son «buenas», no traerán consecuencias y al no resolver ese pensamiento en el corto plazo, las historias se acumularán hasta volverse una obsesión. Salud.
Beto.

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