lunes, 28 de septiembre de 2026

Soy quien soy

Únicos e irrepetibles, pero no
imprescindibles. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. El ego por delante. El mundo debe tener un serio problema al no saber, alrededor de quién de los ocho mil trescientos millones de ególatras que lo pueblan, deba estar y quizá deba ponerse en la categoría de un mercenario para circundar al que tenga más dinero o poder; todos y cada uno de nosotros creemos que el mundo gira alrededor de nuestra persona (los más egocéntricos suponen que es el universo entero el que lo hace) pero no sabemos la extensión de esa afirmación ya que damos por sentado que es una situación permanente, cuando en realidad es que ese pensamiento se genera porque pocas (poquísimas) veces alguno nos niega algo que deseamos pues el tiempo que invertimos en ellos es bastante reducido, ¿y cómo no hacerlo de esa manera si no disponemos de empatía suficiente para atenderlos?

2. La línea. En el trayecto por este mundo debemos pasar pruebas que compartimos tanto con los seres más imponentes como con los más insignificantes, unos lo serán por su tamaño, su fiereza o su nobleza y los otros, por la ignorancia sobre su papel en la naturaleza; las opciones sobre lo que queremos ser se presentan mediante metáforas animales que intentan graficar el posible potencial del que disponemos para «sobresalir», una exigencia siempre presente, pero que pocas veces nos queda claro cuándo es que lo logramos. Claro, lo notamos en los demás porque sabemos qué efectos tienen sus labores en nosotros, pero ¿qué muestras hay de que lo que hacemos les haya causado algún impacto? Quizás en nuestros círculos inmediatos tengamos ciertas respuestas, pero ¿habremos influenciado a otros?

3. Estar conforme. Hay un momento en las mañanas en el que la prisa cotidiana desaparece por un instante y nos permite poner atención en la imagen que esté devolviéndonos el espejo, hay indicios de que el tiempo ha pasado en formatos que hace apenas unos lustros nos parecían muy lejanos y difíciles de creer en los demás, ¿cómo es que la tía Clarita ya no puede subir las escaleras tan rápido como antes si apenas tiene cuarenta y ocho años? Y allí están las canas, las arrugas y las bolsas en los párpados, con la imagen de la tía Clarita viéndonos con condescendencia y un gesto de así son las cosas mi’jo» y no nos queda de otra que comprenderla porque las rodillas así lo exigen y pensar en artificios para mantener la imagen juvenil de antaño, sólo evidencian el paso del tiempo.

4. Ahora soporten. El avance del individualismo a ultranza ha impedido en varias oportunidades, apreciar las bondades del trabajo en equipo, la convivencia cotidiana hace mucho que dejó de tener, como prioridad, el compartir lo logrado con los demás para convertirse en una competencia sorda por ver quién es capaz, no de acumular cosas nada más, sino de establecer quién debe soportar que se le restregue en la cara, nuestros supuestos triunfos. No basta con ganar, tiene que ser a otro y por fuerza, hacer que se sienta mal. Un escalón arriba, habría que quejarse porque, porque a nadie parecen interesarle nuestros triunfos, hay que acusarlos de resentidos que no soportan que alguien sea mejor y por ello, nunca saldrán de «pericos-perros», sin saber por qué nos sentimos tan solos. Salud.

Beto.

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