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| Por desgracia, no existen tampoco los genios de lámparas maravillosas. Foto: BAER/Meta AI |
1. El ego por delante. Ambos términos ligados a la abundancia material, nos recrean imágenes en donde sólo vemos los resultados y pocas veces los procesos, posiblemente porque usamos un verbo que refiere a un estado pasivo como es tener y no a uno activo que podría ser conseguir o trabajar; tampoco hay una mención a que los métodos a utilizar sean lícitos, por lo que el tener fama y fortuna se vuelve una aspiración en abstracto sin que se tenga una idea clara del cómo y para qué. Es posible también que ésa sea la razón por la que mantenemos fantasías que revestimos de casualidad en las que descubrimos curas inimaginables, inventamos aparatos fantásticos, tenemos la mejor de las ideas para un programa y... nada más. La realidad así se vuelve una carga muy pesada.
2. Vivir con temor. Estamos claros que los tiempos en que vivimos nos representan un cierto miedo, caminando por las calles volteando a todos lados previniendo impensables ataques que, por suerte, pasan en ocasiones muy específicas; la violencia y la inseguridad siguen marcando territorios en los que la desesperación ha mantenido sus reales sin que institución alguna, sea eclesiástica, educativa, de asistencia social o de salud, logren erradicar la sensación de abandono en colonias que no logran entender del todo, el rol que les ha tocado jugar. Y no me refiero a un estrato social en particular, aunque en las clases bajas es evidente, pues las pocas posesiones presentan problemas distintos al tener muchas, aunque el miedo se cruza, en ambos casos, en un solo evento que sería el dejar de existir.
3. Idolatrado por desconocidos. La fama seduce a quien no tiene idea sobre la dificultad de la defensa de la privacidad en contra de quienes se sienten con derecho sobre la vida pública de alguien reconocido; la idolatría tiene dos componentes, la necesidad de admiración del idolatrado y la de pertenencia del idólatra. Por lo tanto, hay dos tipos de trabajo, la producción de consumibles por un lado y la compilación de lo producido por el otro; además de la inversión económica, está el hecho de que les interesa casi lo mismo, lo que hace entendible el éxito de inicio en su relación y la separación posterior si cambia alguno de los dos que, generalmente, es quien produce. Todos podríamos desear ser idolatrados, imaginarnos las interminables filas para entrar a escucharnos cantar, dar una conferencia o actuar, pero ¿para qué? ¿Se logra eso con sólo desearlo?
4. La vida solitaria. El poco contacto con la gente genera un caldo de cultivo para crearnos historias disparatadas, como invasiones extraterrestres, asesinatos callejeros, depresiones económicas o todo aquello que nuble nuestro razonamiento y nos haga caer en pánico, aunque también es posible que alucinemos con encontrar el remedio a todos esos males, pero aunque lo pensemos de la manera más estructurada y lo deseemos con todas nuestras fuerzas, el universo no estará a nuestro favor ni guiará a un comando extraterrestre para que, además de todo lo anterior, nos dé el secreto para producir energía infinita, entonces, nuestro objetivo de que todo eso lograremos aislarnos para gozar de la vida sin necesitar de nadie, se verá reducido a un sueño guajiro sin lógica ni sustento. Salud.
Beto.

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