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| ¿Se llegará el tiempo en que viajaremos sin dar tentaciones? Foto: BAER |
1. Pesos y centavos. Para los grandes potentados no, pero para la gente común como nosotros, tener un pequeño fondo será la diferencia entre salir o no; hablar de un ahorro sería inexacto puesto que no se trata de ganar réditos que tampoco implica el tener ganancias, sino simplemente, mantener el poder adquisitivo del dinero. Nuestra moneda ha tenido que adaptarse, cada cierto tiempo, a las necesidades de las que ahora dominan el mercado mundial, principalmente la de nuestros capto... perdón, nuestros socios comerciales, el dólar; la situación es la misma, entre la dominación económica y la corrupción doméstica, la inseguridad ha crecido como una infección viral en la que los únicos perdedores somos los ciudadanos de a pie, el sostén de la nación.
2. Las distancias. Se traducen también en dinero, por lo que salir de las ciudades requiere de apartar el billete y calcular el costo del viaje redondo más la estadía por si se trata de horas o días, las comidas y los recuerditos. El traslado será siempre lo más caro en proporción del bienestar y la satisfacción que proporciona pues, comparado con un buen cuarto, un buen restaurante o un buen lugar para realizar diferentes actividades, las carreteras, las casetas, la gasolina o la espera de un autobús, suelen ser algo oneroso. Y si a todo eso le sumamos los conflictos que se han dado como el cierre de las caminos, el tiempo no parece estar bien invertido. Ya ni hablar de la inseguridad porque eso es tema de todos los días, a toda hora y en cualquier lugar.
3. El bendito tiempo. Los traslados tienen un encanto casi olvidado en las entrañas de las aerolíneas y las súper carreteras, «pueblear» ya no es una primera opción, los viajes tienen un solo fin: llegar, los destinos se han restringido y conocer es lo de menos; el goce y la variedad ya no parecen tan cercanos, mucho menos la diversión y la inversión del tiempo, que se hace eterno teniendo como fondo la cantaleta «¿ya mero llegamos?»; la imaginación en consecuencia, también ha sufrido restricciones, por las que ahora necesita de profesionales de la administración del tiempo en el formato de agentes de viajes, hoteleros y animadores, que no tienen otro cometido que decirnos qué hacer en nuestro tiempo libre, como si de niños pequeños se tratara.
4. La inseguridad. Empieza a ser muy molesto que el llegar con bien a nuestros destinos no sea nuestra responsabilidad, sino de otros; desde hacer conciencia de que hay borrachos irresponsables (todavía) hasta temer el que te encuentres con un comando armado, este país ya tiene tientes de estado de sitio. Salimos porque no tenemos de otra y las razones son igualmente importantes, sean por trabajo, negocios o esparcimiento, como para que una bola de inadaptados nos tengan secuestrados y con toques de queda intermitentes. Si me permiten la expresión, ya era tiempo de que empezáramos a pagar los descuidos de antaño, el permitir que nuestros hijos supusieran que todo se merecen sin hacer esfuerzo alguno y, con ello, ver pasivamente cómo se convertían en unos pelados. Salud.
Beto.

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