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| Igualdad ante la ley, dicen. Foto: BAER |
1.Comprometidos con lo intangible. Si bien entendí en mis clases de materialismo histórico, las clases sociales podrán aspirar a la igualdad siempre y cuando lo que perciben debería alcanzarles, dentro de sus medios, para satisfacer sus necesidades básicas y las suntuarias que sean de su interés, sin más preocupación que el no exceder sus presupuestos. Por desgracia, para el sistema capitalista de producción, la igualdad en todos los terrenos es sólo una posibilidad prometida en cada cambio de poderes, proponiendo transformaciones que lo humanamente único que logran, es que nada cambie y, además, acentúan la desigualdad. Lo peor del caso, es que la posición contestataria, sólo pospone el conflicto sin que haya, en realidad, un desarrollo integral y sostenido que nos haga creer a todos.
2. El sentido de lo individual. Puesto que no somos abejas, el tener rasgos que nos identifiquen de los demás nos hace, entre otras cosas, el tener una valoración adecuada de lo que somos y en donde estamos; sentirnos diferentes hace que veamos a la colectividad desde perspectivas muy variadas que, al ponerlas en común, no harán otra cosa que enriquecer esa misma individualidad. Al identificarnos como individuos adquirimos el compromiso de aportar algo diferente al grupo mientras apoyamos y reproducimos los rasgos que distinguen a la comunidad de otras agrupaciones, que a su vez, podrían conformar una nación mediante el intercambio de sus propios rasgos. Por así decirlo, ser un individuo en sociedad, no es otra cosa que convertirnos en simbiotes unos de otros.
3.Inconciencia grupal. Desde el momento en que decidimos vivir en una economía emergente, rodeados de crisis, inseguridad e incertidumbre y que nosotros y sólo nosotros debemos salir de ahí por nuestros medios porque para eso somos hombres y mexicanos, no tenemos tiempo de imaginarnos formando asociaciones; los grupos son imaginados en equipos deportivos, escolares y de trabajo, todos eventuales por supuesto, ya que hemos constatado que cuando se trata de agrupaciones a largo plazo o permanentes, éstos tienen algo de perverso. En el imaginario general, indiscriminadamente, empresarios y políticos son los emisarios del mal porque suponemos que ambos sectores en contubernio, se aprovechan sin remedio de la gente común teniendo a la economía como principal argumento.
4. Hoy es accesoria. La actualidad señala que ser iguales se encuentra en entender la individualidad en porcentajes similares, no en la legalidad, no en las oportunidades, sino en que todos tenemos derecho de reservarnos sin que haya quien se interponga en nuestro camino. Persiste la idea de que si va a suceder algo malo, que pase en la parcela de mi vecino o lejos, donde no se dañe nuestro círculo cercano. Ser iguales está bien, pero ¿a quién? En nuestra realidad, la aspiración es tener lo mismo que Slim, aunque sabemos que sería imposible, puesto que quienes reparten el pastel, no son muy afectos a tener en su círculo a mucha gente, lo que hacen patente cuando un establecimiento de moda se «acorrienta» y pierde el rasgo que más aprecian en las cúpulas que es la exclusividad. Salud.
Beto.

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