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| Las imágenes pueden ser idílicas, pero dicen poco del cielo. Foto: BAER vía Meta AI |
1. Las metáforas. Junto con los eufemismos, para no tener que invocarla según algunos, las metáforas vienen a suavizar un poco lo crudo que se nos presenta la muerte, si es en los libros de texto, en las páginas de los diarios, en los reportes médicos o en los comentarios cotidianos después del deceso de algún conocido, todos enfocados a ablandar la imagen misma del fenómeno como la del difunto; reza la sabiduría popular que la muerte todo lo expía y que cualquier pecador se vuelve bueno sólo con cruzar el umbral final. Para tal efecto, usamos todo tipo de objetos como carrozas, barcazas o naves que nos ayudarán a pasar puentes, ríos o mares puestos para delimitar la frontera entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, viaje por el que hay que pagar algo.
2. Los eufemismos. Sirven para que quien quiera referirse a algo que considera malo o peligroso, no se espante ni espante a otros por la posibilidad de invocar a eso referido; fuera de la moda algo estúpida impuesta por plataformas digitales como YouTube, el no mencionar a la muerte (y otras palabras) en las pláticas cotidianas, sino hacerlo como la pelona, la huesuda o la parca, sirve tanto como llamar a la acción de morir como colgar los tenis, ir al otro mundo o chupar faros, puesto que ni la llamamos, ni está a la espera de nosotros, ni mucho menos es un ente cuyo único propósito es tenernos amagados con llevarnos al más allá, pero tampoco nos hemos dado cuenta de que darle una imagen antropomórfica, tampoco nos hace más amable la transición.
3. Las mentiras. Todos mentimos, sentencian los terapeutas psicológicos, tomamos casi todos los argumentos que tenemos a la mano para suavizar el impacto de una sentencia, para hacer ameno un momento mediante una broma, intentar obtener un pequeño beneficio eventual como entrar a un bar o a un concierto o, de plano, aprovecharnos de la circunstancia de otro con el fin de despojarlo de algo. Mentir se ha convertido en una práctica normal puesto que, si somos estrictos, cada vez que contamos un chiste o un cuento, las que hemos leído una novela u observamos una película o programa de televisión, lo que vemos son mentiras aceptadas como entretenimiento y no sólo las aplaudimos, sino que hasta las premiamos, haciendo una distinción entre ellas y las dirigidas a lastimarnos.
4. La aterradora posibilidad. El problema está cuando las usamos para cubrir el hecho de que moriremos, con esperanzas de que en realidad no son otra cosa que deseos, pues no sabemos si lo que decimos en ellas sea cierto. Por desgracia para nosotros, no tenemos pruebas de que vayamos a algún lugar después de morir, menos estamos ciertos de que exista ese lugar puesto que la agencia de viajes que lo promueve, sólo tiene imágenes hechas por otros (que por iniciativa propia o por encargo), sólo nos dan una idea bastante rala de lo que el paraíso es, no así el infierno, que goza de descripciones más detalladas de su distribución de castigos y su aplicación, lo que hace de la práctica religiosa, más una promotora del terror que una promotora a ganarse el cielo. Salud.
Beto.

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