"Ya esas cosas se han hecho tan necesarias..." dijo la señora con aire de "yo tambièn sé de eso". Y ¿saben qué? Le creo. La tecnología impone sus ritmos y permea todas las visiones de este maltrecho planeta. Cualquiera puede entender que las más mínimas actividades de los que nos llamamos seres humanos, dependen en gran mediad de los bits que podamos ser capaces de consumir.
Digo lo anterior porque tuve mis treinta minutos de inutilidad debido a que mi conexión a la red ha sufrido un desperfecto. Eso sí, gracias a que existen los cafés internet, he podido escribir esta líneas. Casi se me cierra el mundo cuando escuché por el auricular que quizá el desperfecto estaba en mi máquina (la computadora también es una máquina), lo preocupón salió a flote y ya me imaginaba prescindiendo de publicar mis miedos otra vez.
Pero no, la alternativa se impuso, salí al ciberespacio y ahora se tienen que fletar estos párrafos. El problema será mañana, cuando no tenga la oportunidad tan abierta de llegar haste este establecimiento. El que dijo que debería bastarle a cada día su propios afán, no tenía idea de que cada afán se plantaría ante nosotros con tal prisa. Sólo le falta a este local que de verdad sirvan café para completar el cuadro.
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