viernes, 10 de diciembre de 2010

Turista en mi propio pueblo

Circunstancias ajenas a mi control me obligan a publicar a estas altas horas de la noche; increíblemente la ciudad estaba paralizada por un numeroso contingente de vehículos merced a tres eventos: la peregrinación de cada día para la Guadalupana, los que querían llegar a los Barrios en Los Cobos y, por si no fuera suficiente, el desfile de la Coca-Cola.
Estoy de acuerdo en que necesitamos distractores de las rutinas a las que nos hacemos esclavos, pero con uno basta para crear un caos en Irapuato. Y a de sí, las vialidades no son muy buenas que digamos, menos para dar cabida a cuanto automóvil se le ocurra transitar al mismo tiempo que tales eventos. Si en algún momento pensaron en que es imposible que te tardes más de una hora en recorrer la distancia entre la salida a Salamanca y la Comercial Mexicana, déjenme decirles que sí es posible.
No tenemos una mancha urbana muy grande, pero los problemas de una metrópoli empiezan a aparecer, incluido el estrés. La parte de la culpa que me toca es que no me tomé el tiempo de averiguar qué habría para el día de hoy, así que mañana tomaré las debidas precauciones para que no vuelva a pasarme lo que hoy. Eso sí, llegué con un hambre, que parecía que no había comido en tres días. Ja, la compensación de la frustración con el alimento. ¿Será que también tengo síntomas de una persona mayor? Naa, sólo es producto de mi imaginación... pero antes no me cansaba así...

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