martes, 28 de junio de 2011

Televisivo pero no telenovelero.

Como todo al principio, mis esfuerzos parecen infructuosos. Mi animación por el ejercicio se ve mermada en momentos por la magia de la televisión; es una tentación que no he solucionado desde que tengo uso de razón y creo que nunca la solucionaré, sólo espero que mis gustos televisivos no se cambién ni den el chaquetazo hacia las telenovelas.
Ése es un fenómeno que aún no entiendo, ¿cómo es que a cierta edad, ciertos hombres empiezan a gustar de este género televisivo cuando sus antecedentes tienen que ver más con los balazos, la violencia y el fútbol? ¿Será que se han ido ablandando, que dieron a torcer su brazo por la presión de su cónyuge, que se pusieron más en contacto con su lado femenino?
Sea lo que fuere, es impresionante el curso que está tomando el consumo de este medio. Lo que sí debo apuntar, es que no se trata de cualquier tipo de telenovela; para que haya hombres viéndolas, deben tener un toque de humorismo que, quienes hayan descubierto la veta, de verdad que le dieron al clavo abarcando un sector que tradicionalmente había atacado al lagrimeo consuetudinario.
Esa cierta edad a la que hago referencia , la veo cada día más cercana. Ya me veo, pañuelo desechabe en mano, sufriendo a la par con alguna protagonista, meticulosamente escogida y preparada para los menesteres del sufrimiento y el moco generoso. Puagg, mejor no. Capaz de que eso se contagia y no habrá ser humano que aguante mis desplantes. Mejor salud a discreción.

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