Dedicado estoy a la contemplación de la naturaleza, no podía ser de otra manera después de haber degustado media docena de gorditas de lonja, cuyo valor calórico, hace de su ingesta poco menos que una odisea para mi aparto digestivo que ya de sí, manifiesta contrariedades al momento de realizar sus funciones con la celeridad y el empeño de antaño.
La mañana semisoleada también hace lo propio en mis deseos de permanecer inerte, vegetando en la silla menos incómoda que tengo en el estudio; pienso dos o tres veces si haré el dibujo semanal al que ya he acostumbrado a mi tía o si dedicaré las horas que me quedan a mi algo desarrollada melomanía; el acomodo de lo discos y los cassettes no ayudan mucho y los lápices me quedan más a la mano.
Segundo acto: cabilo sobre lo que plasmaré en el pedacillo de papel una vez que opté por el blanco y negro en lugar del color; recordé una discusión que tuvimos en la maestría sobre si lo hecho por Andy Warhol era o no arte. No me detendré aquí a explicar mis motivos por los cuales no lo considero así, lo importante es que me dije, "si él fue conocido por su lata de sopa, ¿yo por qué no?
No tenía ninguna a la mano, así que elegí algo igualmente conocido y que por estos días será motivo de plática en los círculos consumidores de refrescos. Además, mi memoria sí está fija en las latas de Coca-Cola antes que en las de Campbell's. El toque del paisaje de fondo casi es digno de mención y nos es porque yo lo haya hecho, pero creo que podría venderlo por ahí. ¡Ah, divino ocio! Salud.
Beto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario