lunes, 22 de noviembre de 2021

La exclusividad

Haiga sido como haiga sido, Pepe el Toro
es inocente. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hay declaraciones que piden a gritos ser descubiertas en el engaño, quizá para probar que son producto de pensamientos que se suponen inmunes a cualquier sanción, de ésas parece ser la emitida por Claudia Sheinbaum el pasado quince del mes en curso, que no es otra cosa que la reiteración de una de las promesas de campaña de su jefe sobre que no debe haber un gobierno rico con un pueblo pobre, que entonces trasladó al INE echando más leña al fuego en el pleito por controlar ese órgano. Habrá que empezar por entender que la frase es tramposa en el sentido de que no es con austeridad con lo que se combate a la acumulación ilícita de riqueza (si es a eso a lo que se refiere) por parte de los funcionarios, sino con el cumplimiento de la ley y el castigo a los culpables de delitos.

Además, ser rico no es pecado, lo es la manera en que se obtiene la riqueza si ésta es el resultado del latrocinio y, por lo tanto, merece sanción; por definición no existe tal cosa como un “gobierno rico”, puesto que en ningún momento maneja dinero suyo, sino que administra el dinero del pueblo y con base en ello, si hay funcionarios que se enriquecen, entonces no son ricos, son ladrones. Siguiendo con el esquema, el que “no deba haber INE rico con pueblo pobre” como dijo la jefa de gobierno de la Ciudad de México, también es una falacia porque lo que maneja, tampoco es su dinero y, peor aún, no es una dependencia gubernamental, por lo que no son empleados de la federación, aunque sí susceptibles de ser auditados por alguna de ellas.

¿Qué está en juego? La consulta ciudadana (ese bendito juguete para dar atole con el dedo) sobre la continuidad del mandato presidencial; el resultado de pedir que se recorte el presupuesto al INE no es que éste deje de ser corrupto, sino que no tenga el alcance suficiente la mencionada consulta y así acusarlo de ineficiente para, por fin, tomar su control y como no habrá los votos suficientes para revocar el mandato, pues el gobiernos podrá seguir con su parodia sexenal. Sólo imaginen un ejercicio que no provea de las suficientes casillas y/o boletas, que se coloquen en lugares estratégicos donde los fifíes no vayan y pudieran causar un revés a las aspiraciones de seguir siendo populares. Y quizá así el gobierno no será rico, pero tendrá unas construcciones faraónicas de cuarta.

Transformación que, al parecer, no cuajará en la conciencia de quienes pueden ver la inoperancia de iniciativas caprichosas pero sí en los que pueden conformarse con dádivas que compran votos. ¿Qué mérito podrá tener el gobernar u país empobrecido? En estos tiempos de globalización total, es imposible desligarse de la imagen cotidiana a la que se supone un gobernante representa. Si un sector de tu pueblo se comporta como limosnero, tú también como gobernante también lo serás y alguien que mendiga, generalmente no causa más que lástima. Si el cine de la época de oro en México hubiera sido premonitorio, estamos en un periodo en la que el país se ve como la vecindad en la que todo tipo de tragedias se vuelcan para regodearnos en la autocompasión, ahora sí, abierta. Salud.

Beto

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