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| ¿Esperamos a darles un “raid”? No, van a enviar unos paquetitos. Foto: BAER |
Porque el ser libre implica responsabilidades que algunas veces parecen onerosas y que sobrepasan nuestras posibilidades de crecimiento, lo que desviaría nuestra atención sobre lo que nos urge, que es sobrevivir a pesar de los adoctrinamientos; las válvulas de escape siguen yendo en contra del beatificador sufrimiento, pero estoicos nos callamos más por la posibilidades de represalias que por aguantadores. Entonces el pueblo calla, una parte porque con su silencio sale beneficiado y la otra por no meterse en problemas, los primeros son menos pero manejan las palancas del poder a su antojo, los segundos son mayoría pero han comprado muy barata la idea de que su destino es competir para aspirar a ser parte de la élite, sin tener idea de cómo lograrlo.
La afirmación de que el jefe del ejecutivo federal ha estado haciendo que hablemos de lo que a él le pega la gana, palabras más o menos, me parece barata en el sentido de que quizás el columnista que lo escribió, no tenía mucho material para entregar a su rotativo ese día, porque como podríamos ver en la mayor parte de los medios que consumimos cotidianamente, en las mesas de trabajo y hasta en los cafés, de lo que más se sigue hablando es de fútbol, lo que no nos exime de culpa pero que ilustra la indolencia del público y la presunción ególatra de un presidente que ya ha agotado sus temas de conversación desde hace mucho tiempo, Si fuera cierto que hablamos sobre lo que dice, es posible que no nos creyéramos tanto cuento con relación a sus supuestos logros y ya lo hubiéramos obligado a ponerse a trabajar.
Por el contrario, con nuestro silencio él sigue explotando la excusa depauperada de culpar al pasado, posiblemente suponiendo que todo el mundo le cree o cerrando todos sus sentidos a los reclamos que los medios y sociedad le hacemos, de no ser así y es cierto que no se da cuenta de ello, entonces estamos siendo gobernados por un perfecto idiota;; la explicación alternativa es que está pagando los favores adquiridos en sus tres campañas presidenciales en la forma de medios de transporte para... lo que tenga que transportar el verdadero gobernante del país, porque el hecho de que al menos uno de ellos haya sido construido y administrado por el ejército, abre muchas puertas a la especulación. De cualquier forma, ¿qué se puede esperar de un narco-gobierno que sólo cambia de disfraz? Al final de cuentas, las transformaciones son un mito. Salud.
Beto

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