![]() |
| La idea de la aduana celestial nunca ha estado del todo clara. Foto: BAER |
1.Entretenimiento de mayores. Hablar del pasado nos decantará en la dicotomía entre la nostalgia y el más profundo de los odios, pues de algo debía servir la victimización a la que tanto nos hemos aficionado; creemos en imposibles porque, de alguna manera, estamos esperanzados en ser inmortales. El problema está en que las certezas de que eso sucederá (en otra vida) están sustentadas en dudas, porque nos hemos encargado de inventarnos puras trabas para llegar a ellas, que si haces el bien, vives según los mandamientos, luchas por los más necesitados y nunca molestas a nadie, todavía debes pasar unas vacaciones en el purgatorio porque no somos capaces de mantener un alma pura. Debe ser cierto puesto que lo que nos rodea, está infectado de «pecado» que es todo aquello que, supuestamente, nos aleja de la perfección, que no es otra cosa que una invención humana.
2. Si ya estábamos allá. Para los que no creemos que esta vida deba ser una víacrucis, nos saltan dudas sobre el método celestial de enseñanza; primero, ¿a qué ente se le ocurre que alguien va a aprender algo si muere? Ya que los aprendizajes sirven para corregir algo que estaba mal, alguien muerto ya no tendrá qué hacer; ¿el creador aprendió algo? Parece que no, después de un diluvió, bombardeó con fuego otras dos ciudades, los tres eventos hasta el exterminio total; segundo, al parecer el saberlo todo por parte del creador sólo sirve para sembrar dudas en su creación, las cuales debe resolver con fe, no con el don máximo otorgado para diferenciarse de las fieras que es la inteligencia; tercero, si es cierto que somos almas eternas guardadas en el paraíso, ¿para qué venir a «ganarnos» con sufrimiento algo que ya teníamos? Curiosito.
3. ¿Qué hay que probar? Los exámenes entre humanos sirven para dejar constancia de que somos capaces a un cierto nivel y, mejor aún, de que seguimos abiertos a aprender más cosas, esto es porque, al tener como seres vivos nuestros límites debemos saber, examinadores y examinados, con quién estamos tratando. Por desgracia no gozamos de omnisciencia ni de clarividencia, por lo que, nos inventamos herramientas que nos permitan medir las habilidades y los conocimientos para realizar las tareas. Pero al afirmar que la vida es una prueba para acceder al cielo, ¿no estamos dejando de lado un detalle? Nos sugerimos que debemos ser dignos para acceder a un lugar en el que el dueño lo sabe todo, entonces, si conoce todo lo que somos, seremos, hacemos y haremos, ¿para qué requiere la prueba?
4. La famosa condición humana. Si los que necesitamos probarnos somos los humanos, entonces deberíamos tener el derecho de crearnos nuestra próxima estancia, porque el pasar las de Caín por un promedio de sesenta años en un mundo que no tiene para cuándo componerse, para tener como premio una vida eterna en contemplación, parece muy poco. También parece contradictorio el haber creado a la naturaleza, acostumbrarnos a lidiar con ella por medio del trabajo, para que terminemos desnaturalizándonos; una oración resumiría la contradicción celestial, imagínense solicitando venir a este mundo a probarse que son dignos de estar en un lugar en el que ya habitaban, ese mítico cuarto de almas al que todavía otros le endilgan la famosa e inútil reencarnación. Salud.
Beto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario