lunes, 12 de octubre de 2026

Autosuficiencia

La avaricia suele perder sentido cuando
nos vamos de este mundo. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. El ego por delante. Mal terminamos nuestros estudios profesionales, nos damos cuenta de dos cosas, uno, que no somos los profesionistas que todo México esperaba y dos, que nada sabemos sobre economía doméstica; si bien tuvimos la suerte de aplicar y tener un empleo de inmediato, tomar las riendas de nuestros gastos requiere de facturarnos un esquema mental que intuíamos, pero que otros estaban a cargo de llevarlo a cabo. Ingresos y gastos deberán balancearse según las necesidades propias y del entorno que habitemos, porque no es lo mismo vivir solo que el no haber salido de la casa paterna; las dinámicas pasarán de la comodidad de no tener que pensar en calendarios estrictos a considerar los límites de ciertos plazos como uno de los motores que animen nuestras ajetreados vidas.

2. Gastos encadenantes. Hay gastos inevitables como los servicios y otros que podemos postergar pero que, por desgracia, dependen de nuestra voluntad; ¿de dónde sale esta barbaridad? Somos entes que no vivimos según nuestras necesidades, naturales o creadas, que tenemos la desgracia de ser libres para escoger lo que nos gusta y lo que nos conviene; trataré de quitarle el tono condenatorio a esta afirmación. Nuestro cerebro está hecho para buscar el bienestar que producen ciertas hormonas, lo cual sin inferir que sea adictivo, sí es algo que todos los días buscamos por cualquier medio, ya sea fabricado, comprado o prestado, pero no podemos dejarle en pausa pues eso significaría estar a expensas del fastidio o la tristeza. En la vida cotidiana, son los pequeños placeres los que van creando la costumbre.

3. Ahorro esperanzador. Guardamos dinero con la perspectiva de gastarlo en el futuro, si éste es inmediato, mejor. Sin embargo, cualquier cantidad guardada no parece constituir un ahorro debido a un pequeño detalle, el dinero se deprecia y su poder adquisitivo va mermándose día con día, por lo que habría que ajustar nuestro concepto de ahorro hacia el entendido de que es aquella acción que hace que el dinero mantenga su valor respecto de los satisfactores que puede comprar, en contra de la tendencia inflacionaria. Claro está, nada hay más satisfactorio y tranquilizador que tener un «guardadito» llenándole la panza a un cochinito, una figura de Cantinflas o una cajita a la que tenemos fácil acceso, pero eso no representa un ahorro como lo haría una inversión.

4. Acumulación para los demás. Más que no saber para quién trabajamos, la verdadera pregunta debe ser ¿para quién acumulamos? Trabajar y trabajar en lo que nos gusta, pasa de ser un derecho a una bendición, pues con él solemos intercambiar productos, ideas y conocimientos, mientras que acumular nos ata al cuidado de lo que acumulamos sin importar la naturaleza de lo acumulado, cada «colección» encierra en sí misma el grillete con el cual atrapa a su centinela. El valor de lo coleccionado pasa a un segundo término cuando el temor por perderla invade nuestra tranquilidad, ningún cuidado es suficiente y todos los rostros se vuelven amenazantes ante nuestros ojos. Al pensar en qué manos dejaremos lo que acumulamos, solemos tratar de identificar a quien le dará el mismo valor que nosotros. ¿Es así? Salud.

Beto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Autosuficiencia

La avaricia suele perder sentido cuando nos vamos de este mundo. Foto: BAER vía Meta AI Irapuato, Gto.- 1. E l ego por delante. Mal terminam...