jueves, 28 de octubre de 2010

Fumando espero

Hoy se me ocurrió este tema porque está de moda; no es que me gusten las modas, pero aunque vicios hay muchos, alguno debería servirme de punto de partida. El tabaquismo ha proporcionado temas de debate (la mayoría bizantinos) acerca de sus efectos y las consecuencias de consumirlo de forma indiscriminada. Podría empezar por la ridiculez evidente de echar humo por la boca o por el molesto olor que deja a su paso o por el evidente egoísmo de los fumadores que, a sabiendas de que se están matando y afectan con ello a los demás, siguen montados en su macho.
Desde su argumento más socorrido que es: "de algo me he de morir", he contraactacado con: "¿y por qué de algo me has de matar?"; también debo dejar claro que no son mi único objetivo, me avocaré a otras dependencias en los siguientes días, pero no me negarán que el consumo del tabaco ha pasado de ser un vehículo de importancia y sofisticación, a una peste insulsa.
¿Será acaso un deseo intrínseco de convertirse en una locomotora o en eternizarse en chacuaco? Lo cierto es que cualquier tipo de "ortopedia" sólo nos proporciona la ilusión de poder; si con el cigarrillo están buscando tranquilidad o inteligencia inmediatas, les diré que resulta más cómodo ponerse a meditar en lo que son. Ah, perdón, ¿no tienen tiempo?

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