miércoles, 5 de enero de 2011

Zapatero a tus chanclas

Siempre pensé que cuando se ofrecía la propia fuerza de trabajo, era en actividades que pudieras dominar o al menos estar enterado de lo que se trataba la labor que desempeñarías; por el otro lado, que cuando solicitabas un trabajador, estabas en el entendido de que, quien era seleccionado, sabría lo que haría. En este tiempo pareciera que ya no es así.
Puede ser por la necesidad imperiosa de tener una entrada de dinero extra a la labor que desempeñas normalmente, quizá por la escasés de empleos bien remunerados o por el supuesto de que todos mentimos al momento de decir en qué somos buenos.
Un letrero en el aparador de una fonda en Plaza Mayor, en León, me dejó cavilando sobre lo anterior y el humor involuntario del mismo, no dejó que siguiera con mi expresión de "nada me importa " que debemos llevar en esos lugares (cosa que abordaré en otra ocasión); la sonrisa me traicionó y tuve que dar alguna explicación fuera de mis pensamientos para que no se me tomara como un simple criticón. Bueno, a veces lo soy.
El letrero decía textualmente: Se solicita cocinero(a) que sepa guisar. Una de dos... o los cocineros no son tales cuando van a trabajar a un comedero o los que estudiaron cocina en sus múltiples variantes, no llegan a satisfacer el delicado paladar de dueños ni comensales de tan honroso establecimiento. Debe haber algún secreto en la selección de ingredientes que ellos detectan para considerar que el sazón de quienes hayan desfilado por su cocina no es el adecuado.
¿Estaremos entrando en un tiempo en el que debemos tener cuidado de solicitar, por ejemplo, zapateros que sepan hacer zapatos, costureras que sepan coser, ingenieros que sepan construir, maestros que sepan dar clases? ¿Qué tal si es en serio? Y luego dicen que la instrucción acedémica no tiene de dónde criticársele, já. Salud aunque sea con sidra.

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