sábado, 12 de febrero de 2011

La ascención

A veces, conseguir lo que pretendes no resulta ser lo que deseas; una vez, un hombre bueno trató de subir una colina de paredes escarpadas. Llegó hasta sus faldas y observó durante mucho tiempo la superficie rugosa y lo escaso del follaje. Como esa colina estaba acerca de un valle, varios transeúntes se detenían brevemente a intercambiar unas palabras con aquel hombre.
Lo más normal era que le preguntaran qué hacía allí, su respuesta fue simpre la misma: "trataré de ascender por esta colina"; varios trataron de persuadirlo pues decían que no valdría la pena y que no habría quién se lo reconociera; otros mostraron indiferencia ya que nadie lo había intentado antes; los menos, lo animaron a que realizara la proeza.
La voz corrío por la región y la curiosidad atrajo a mucha gente hacia el punto donde el intrépido hombre llevaría a cabo la peculiar empresa. Un periodista le cuestionó el porqué de la ascención, él sólo atinó a responder: "para mi propia satisfacción". A cada instante, por cada persona que se quedaba a admirarlo, el montículo parecía crecer un metro más. Algo nervioso, el hombre anunció que en unos cuantos minutos iniciaría la escalada.
Los primeros pasos provocaron un murmullo el cual fue acentuándose a medida que alcanzaba altura; llegó a sobreponerse de varios traspiés, cada impulso sacaba un alarido de emoción de la multitud. Se corrieron apuestas sobre si lo lograría o el tiempo en que tardaría en llegar a la cima. Algunos tuvieron que desistir de permanecer presentes por atender a sus múltiples ocupaciones, otros comenzaron a aburrise pues consideraron que tardaba mucho, los demás buscaron otros pretextos para ausentarse.
El escalador seguía concentrado en su tarea y cada vez más convencido de que lo hacía para sí mismo, por lo que los gritos se fueron perdiendo en sus oídos. Faltando unos cuantos pasos, la satisfacción llenaba su pecho. Podría hacer valer su hazaña como algo para recordar toda la vida. Al pararse en el pico del cerro, levantó sus brazos al cielo y dirigió su mirada hacia abajo. Nadie estaba allí.

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