miércoles, 2 de marzo de 2011

Ah, la eternidad

¿Habrá alguien en esta vida que quiera vivir mil años? Si ochenta como es la expectativa de vida hoy en día nos resulta difícil mantener en buenas condiciones al planeta, imagínense lo que le pasaría si mantuviéramos esta plaga, en que se ha convertido la humanidad, durante tanto tiempo. Lo que tendrían que sobreexplotar la tierra para dar de comer a tantos como serían.
Ahí sí, ni el dicho de "que los mantenga el gobierno" valdría; sólo pongámonos a pensar en una niñez que durara aproximadamente trescientos años, los gastos de días de reyes que se vendrían encima, la de fiestas de cumpleaños por soportar, lo oneroso de los útiles escolares. Eso si el chamaco sale bueno para el estudio, que si no...
¿Qué tal una adolescencia de trescientos setenta y cinco años? ¡El infierno en la tierra! ¡Voto a Zeus! Quizá a los psicólogos les conviniera, por todos los síndromes que se estarían descubriendo o inventando; pero no creo que hubiera varón o mujer que aguantara toda la avalancha de cambios de humor y acné recurrentes.
Lo que pudiera ser cómico posiblemente, estaría en todo el derroche de menopausia y andropausia pululando por la cáscara terrestre; achaques por aquí, dolencias por allá, geriatras asediados por una multitud de viejitos que no tendrían para cuándo componerse.
Yo creo que habría que despertar a James Betford (psicólogo por cierto). Ya estuvo bueno del sueñito vía criogenia que se ha aventado desde 1967 y, hacerle ver que en esa década pudiera haber sido buena idea, pero como están las cosas en este tiempo, sin la imaginación necesaria para invertir las horas de ocio, seguramente durante esos mil años la humanidad se moriría de aburrimiento. He dicho. Salud.

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