viernes, 29 de abril de 2011

Se solicita...

Las cosas van aclarándose y las tareas cotidianas se asoman a lo lejos; el lunes se acerca con todas las obligaciones que se mantuvieron en espera durante estas dos semanas. Habrá que echar a andar la maquinaria desde ya, para que en esa aciaga hora, no tenga que pagar un precio más alto del que estoy dispuesto a ofrendar.
Curiosamente mis planes están en sobrevivir al mes y cacho que queda de clases para aplicarme en los movimientos que he tenido que realizar desde hace más de tres años. Vienen los meses de no percepción monetaria y hay que talonearle con fervor. Aunque eso de los sentimirentos religiosos como que no se me dan del todo.
El asunto es que debo emplearme a mí mismo, como dirían los anuncios del Consejo Nacional de la Publicidad en la década de los ochenta; ya vi que la venta de chicles está a la baja, al menos en las esquinas en las que tradicionalmente me encuentro con exponentes de este giro comercial. Yo creo que lo mío será ofertar asesorías amorosas.
No es que sepa mucho, pero de algo me han de servir tantas decepciones amorosas; no ha sido siempre así, pero para eso de ser abandonado, me pinto solo. No lo digo con el ánimo de verme sufridor y telenovelero, sino para sentar el precedente de que en la mayor parte de mis escarmusas amorosas, nada he podido hacer para conservarlas. Esto que recuerdo me da el pretexto perfecto para este fin de semana. Diré salud por cuarenta y ocho horas.

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