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| Prueba de una ausencia aún presente. |
Nunca he visto la necesidad de manifestar salvajismo con el pretexto de un festejo; es cierto que nos hemos inventado un sinfín de pretextos para justificar nuestros exabruptos, pero no se vale que, quienes nada tienen que ver con los acontecimientos, deban soportar y pagar los arranques histéricos de los supuestos seguidores y aficionados a un deporte.
Bardas pintarrajeadas, medidores rotos y no sé qué más "linduras" dejaron anoche los que decidieron (algunos de ellos) gritar a los cuatro vientos la victoria del León sobre el Pachuca; las preguntas que me surgen son, ¿de verdad creen que se merecen el tener un equipo? y el tenerlo ¿le da el permiso para destrozar propiedad federal?
Cuando por primera vez escuché la expresión "renegado social" no me imaginé que llegaría a usarla en uno de mis pensamientos en contra de otros seres humanos que ni siquiera conozco y que, con lo sucedido la noche anterior, no quisiera conocer. Esto último me resulta inevitable relacionarlo con las estatuas desaparecidas de las calles y que ya mencioné en algún otro Flagelo.
Posiblemente esté convirtiéndome en un viejito cascarrabias, pero ¿cómo identificarse con una población si un sector de ella no sabe el precio de un triunfo ni la responsabilidad que ello conlleva?; ¿cómo presumir que se vive en un poblado que cuenta con un grupo de jugadores que ha sido inteligente en la cancha, pero que su afición no lo es en las calles? ¿Qué habría pasado si se les hubiera ocurrido perder? Salud.
Beto

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