| Mesas de jardín para ratones amantes del campismo. Foto: Baer |
Mi respeto por la artesanía y los artesanos va en aumento; me he dado cuenta de que es cierto que la competencia hace que las cosas mejoren, puesto que, si no se tienen las herramientas necesarias, la imaginación y la iniciativa suplen tal carencia, sin embargo, en igualdad de circunstancias, lo que hará la diferencia es precisamente la creatividad con que se usen.
Abrí otra ventana de posibilidades de utilizar mis horas de ocio y me encontré con el cúmulo de palitos de paleta que en alguna ocasión estuve juntando (en otra vida debo haber sido ratón de campo) y puse a trabajar mi muy maltrecho cerebro para imaginar qué podría hacer con toda esa madera, todo para que la muerte de los árboles no fuera en vano.
Como de primer momento no se me ocurrió algo digno de fabricar, hice uso de la toda poderosa red, para tomar ideas -y sólo eso- lo que me llevó a encontrar las formas de resolver la problemática metodológica en general, más que a copiar modelos. Fue increíble cómo los trocitos de cada palo se fueron transformando; casi saco mi playera a rayas y empiezo a cantar el "Amorcito corazón".
Claro que el primer intento no fue del todo halagador, sin embargo, la segunda pieza de mini-carpintería estuvo más aceptable. Creo que para mantenerme ocupado, me vendrá bien seguir con este experimento y así hacer que mis neuronas se mantengan en forma, en compensación de que la segunda parte de la sentencia griega, no tiene para cuando llegar. Salud. (Viva México).
Beto.
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