lunes, 2 de febrero de 2015

Rápido y furioso 7

Como que ya la vi. Foto: Google
Entiendo que hay historias que requieren mayor espacio por lo densas, lo explícitas o porque de plano se escribió mucho sobre ellas, sin embargo, hay otras que se apoderan de él de manera artificial. Sé que no tengo la autoridad moral para juzgar el gusto de nadie, pero ¿cuánto puede aguantar una historia basada en conductores que no encuentran más ocupación que correr autos?
Y no es el hecho de que los corran y ya, sino que además lo hacen de manera irresponsable. La fórmula sigue siendo la misma: marometas, saltos desde puentes, balazos, mujeres y alguna "travesurilla" de gringos que no han superado la adolescencia (que para mí es como la lactosa) y que evaden la justicia, no importa del país que sea.
Aquí pueden estar pensando en que ya he dicho demasiadas adulteces, pero en mi defensa diré que siete películas sobre lo mismo, es demasiado; es como comer en una misma semana, pollo en salsa verde, pollo entomatado, pollo a la cacerola, pollo en mole, pollo rostizado, pollo en crema de cacahuate y pollo empanizado. Al final de cuentas, pollo.
Y si además se piden las mismas piezas (como suele suceder con algunos) pues la cosa adquiere dimensiones de manía. Se estrenó la séptima entrega de una saga que promete sólo el lucimiento de las caras y los músculos de los actores, así como su florido lenguaje a la hora de repetir sus líneas; quizá compense el morbo de saber si algo cambió en el protagonista, después del accidente. Salud.
Beto

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