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| Movimiento, es lo que necesito. Foto: Revista Arqueología Mexicana |
Sigo sin creer en el destino pero las coincidencias me asombran de lo lindo; ¡sobreviví! aunque usted no lo crea. Después de poner en riesgo mi integridad física (de todas las formas posibles en una tarde nublada como la de ayer) puedo contar que las consecuencias son del todo inocuas. El festejo del medio centenar más uno así, resultó placentero.
Claro que la espera para que diera comienzo tuvo la marca clásica de los casos en los que te toca ser el último por quien pasan, pero fue lo de menos. Una vez instalados en lo que se convertiría nuestra estancia vespertina, dirigimos nuestros pasos -mis sobrinas y yo- hacia lo que una vez consideré el templo de nuestras machincuepas juveniles. Hablo de deportes.
La cancha de basquetbol estaba sola, por lo que nos dimos el lujo de escoger la canasta en la que emularíamos las hazañas de Michael Jordan, por supuesto, versión cuatro pues lo apelmazado de mis articulaciones no me permiten mucha libertad de movimiento. Creo que estoy bien como ejemplo comercial del antes de tomar un X-Ray.
Peloteamos, jugamos una cascarita (ellas dos contra mí), encestamos como si de verdad hubiéramos entrenado un montón y hasta nos dimos tiempo de ensayar el rebote del balón. Mi sorpresa fue el descubrir que ambas presentan facultades para el deporte ráfaga. Quizá en un futuro no muy lejano, pueda presumir que tengo dos estrellas del baloncesto. Mientras, que siga la salud.
Beto

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