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| El sueño aún no logrado de Robotina. Foto: BAER |
La disposición de una buena parte del tiempo y del esfuerzo mínimo en las tareas comunes, parecía ser el sueño de las sociedades que pretendían ser modernas, al grado de mezclar términos en frases publicitarias como “libérese de la esclavitud de lavar la ropa a mano”, “ya no batalle con esos trastes llenos de cochambre”, “aléjese de la escoba” y otras semejantes con las que incluso, se daban alternativas para los periodos libres; lo que no se mencionaba, era que la limpieza, mantenimiento y compra de insumos para las lavadoras, lavatrastes y aspiradoras que anunciaban, era igual de esclavizante que las tareas que facilitaban.
En la actualidad, parece que se busca simplificar las relaciones humanas; la constante búsqueda de autómatas capaces de procesar información al grado de que puedan “razonar” y aprender de sus “errores”, viene a pintarnos un futuro en el que la interacción humano-máquina involucre sentimientos y sensaciones, además de la información. Por supuesto que esto no es nuevo, ya se había contemplado en obras literarias o cinematográficas como en 2001: una odisea del espacio, Fahrenheit 451 o Yo robot, en las que el común denominador parece ser la advertencia de la deshumanización y deterioro de toda actividad comunal en una realidad hiperconsumista.
Es en Identidad sustituta donde podemos observar una posible situación extrema con el uso de autómatas antropomórficos, en donde se pinta a éstos como el medio más eficaz para evitar daños personales; quizás estemos de acuerdo con cada uno de estos planteamientos, lo cierto es que sí es posible advertir en este tiempo, algunos rasgos sintomáticos de deshumanización, como cierta intolerancia a algunos acercamientos, la agudización de la desconfianza y la incredulidad y la poca criticidad en el consumo de mensajes en los medios de información, principalmente en temas emergentes. Pero ¿quién no ha soñado con un robot totalmente complaciente? Salud.
Beto

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