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| El escenario le queda cada vez más grande. Foto: BAER |
Ese público mostrará fastidio pero con la certeza de que sus reclamos serán ignorados, por lo que lo único que le queda es atender a los que considera buenos cómicos para hacer mofa de los primeros; un consuelo poco práctico para fines de la vida cotidiana, pero que aporta una buena cantidad de endorfinas para paliar las miserias que cada uno cargue. Tampoco es nuevo ya que al parecer, desde la aparición de las castas políticas, también surgieron aquellos que satirizaban sus gestiones fueran reyes, gobernadores o servidores de poca monta; en México, el ejemplo clásico de la comedia política lo tenemos en la persona de Jesús Martínez Rentería, mejor conocido como “Palillo”, jalisciense que supo lo que era la vigilancia gubernamental y el encarcelamiento debido a su sátira.
La comedia actual tiene varios exponentes que han hecho de la política y sus protagonistas, el centro neurálgico de su material, cobijados por la -espero- garantía legal de la libertad de expresión, han ido colocando en la palestra nacional los yerros en los que cotidianamente incurren los servidores públicos, principalmente en titular del ejecutivo. De éste es la generación del material más patético, lo que materialmente ahorra el trabajo a quienes llaman sus “detractores” o “adversarios” sin darse cuenta de que para llamarlos así, ellos deberían estar interesados en su puesto dentro de una competencia por obtenerlo. ¡Ah! Entiendo, él siempre está en campaña y supone que todos los que no son él, quieren arrebatarle lo que le “costó” dieciocho años conseguir; ya ven cómo la rutina se escribe sola.
Lo malo de reírnos de eso es que todos los días nos cuesta mucho dinero, contrario a la cacareada austeridad franciscana que predica; podría estar matando de hambre a la burocracia, pero sus faraónicos caprichos se chupan el presupuesto del país. Cada pifia verbal nos cuesta millones de pesos, lo que parece importarle muy poco pues a pesar de que el aforo a su circo diario se ha visto disminuido, él sigue apareciendo diario en red nacional, todo para escuchar las mismas viejas y gastadas rutinas que van del envalentonamiento fársico a la paranoia melodramática. Es posible que con sus tendencias esotéricas, tenga como asesores de cabecera a Joaquín Pardavé y a Marga López. Si acaso tuviera yo la suerte de que este escrito cayera en sus manos, seguro me respondería “yo tengo otros datos”. Salud.
Beto

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