lunes, 25 de julio de 2022

El cerebro del sobreviviente

El cerebro sobreviviente se adecua
a las circunstancias. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es el más misterioso de los órganos del cuerpo humano y aun con ello solemos desdeñar su mantenimiento; pensamos y eso parece bastar para que supongamos que el diagnóstico sobre nuestra masa encefálica será favorable, pero el cómo lo hacemos se deja bajo la vigilancia de la medición de la memoria y la capacidad de respuesta a los problemas, lo que nos deja a la mayoría en una dinámica de sobrevivencia con oportunidades limitadas por la oferta de empleos, lo que no necesariamente significa la inserción en el mercado laboral, sino a la de la supeditación a la creación de satisfactores. Si alguien desea producir, lo primero que pensará será quizás en lo que esté de moda en el mercado, por lo que en alguna ocasión aparecieron las “maquinitas” y ahora las farmacias o los cafés.

Las carencias nos hacen reactivos e imaginativos, la creatividad toma esas dos actitudes y busca las formas mayormente eficaces para salir del atolladero, puede ser cuestión de velocidad en las conexiones sinápticas o por la alerta que se crea, el caso es que el cerebro reaccionará al momento en que detecte una falla en los sistemas que gobierna. Lo anterior parece referir sólo a casos de vida o muerte, pero no es así, las carencias se manifiestan desde lo básico hasta lo suntuario como cuando de adolescentes queremos llamar la atención de un miembro del sexo opuesto y consideramos que las herramientas con las que contamos para lograrlo, no son suficientes por lo que las alarmas se encenderán y nuestro cerebro pondrá manos a la obra.

Aunque es una situación que a los mexicanos de a pie ya no nos sorprende puesto que las palabras “crisis”, “carencia”, “austeridad” o cualquier otra que tenga que ver con la escases las hemos escuchado tanto que nos extrañaría que en algún momento dejaran de mencionarse en las noticias. Nuestra actividad cerebral está aquí, siempre alerta pero no por las razones adecuadas; sobrevivir no es digno, es una eventualidad, aunque en el caso de nuestro país se ha vuelto el modus vivendi de más del setenta por ciento de la población, porque aquí no se trata sólo de dinero, la inseguridad en las calles activa esa alerta, así como el desabasto de varios productos como medicamentos y la mala distribución de los servicios básicos. Esto, de seguir así, nos colocará tarde o temprano en una economía de guerra.

Sin embargo, esa alerta por mucho que parezca heroica, en realidad va minando nuestra capacidad de empatía pues eficientamos en lugar de comprendernos, pensamos por el otro en lugar de pensar en el otro, utilizamos en lugar de cooperar y después de eso, intentamos encontrar justificaciones a acciones que en primer lugar, no tendrían razón de ser. Así vivimos eventualmente, nuestras alegrías se fundan en lo material como si no hubiera más, el aprendizaje como la enseñanza son operativos más que una forma de conocimiento y todo el tiempo está nuestro cerebro en alerta por alguna emergencia, desde evitar llegar tarde hasta evadir la muerte. La tensión a la que nos hemos sometido en estas décadas empieza a cobrar víctimas a gran escala ¿o creen que la aparición de pandemias siguen siendo castigo divino? Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El té de las cinco

Yo, en mi modalidad inglesa. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. C ostumbre lejana. Sólo lo había escuchado a manera de anécdota en pláticas con m...