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| Habrá quienes tengan hasta fusil verbal. Foto: BAER |
Salvo periodos cortos de nuestra existencia, pasamos el tiempo queriendo conectar con los demás, algo que en el estado de Puebla se cumple con una cotidianidad pasmosa; es fácil encontrar en la capital a una persona cuya curiosidad le obligue a ofrecer información personal a un desconocido que suponga, sea buena persona, por ejemplo en un vehículo del sistema colectivo de transporte. El inicio se da con cualquier pretexto, como el clima, los baches, la lentitud en la circulación vehicular para después, sin mediar advertencia, enterarnos sobre las peripecias del tío Anselmo que invirtió todo su dinero, producto de su liquidación de una tienda departamental, en un negocio de dulces típicos que después su sobrino se encargaría de desfalcar.
Ante tales historias no le queda al visitante más que expresar su asombro, tanto por lo escuchado como por la naturalidad con la que se confió tal narración. ¿Qué será más impactante? Estamos acostumbrados a fingir y a suponer que nos mienten como primera intención, ¿por qué, entonces, hay gente que confía su información a extraños? Dos cosas, primero la información que ofrecen los poblanos es precisamente la que no va a traerles problemas porque se la dan a, segundo, personas que nada tienen que ver en su vida, simplemente se trata de una ofrenda de buena vecindad y quizá, para desahogar un poco alguna preocupación o queja que las vuelve, por algunos instantes, solidarios. No hay inocencia o candidez en esas confidencias, es su manera de medir a quién tienen enfrente.
Todo lo móvil que tenemos en el rostro más las frases hechas que utilizamos para aprobar o desaprobar una situación, se ponen en juego para comparar nuestras capacidades expresivas con las de los demás y así saber si estamos en sintonía con el entorno. Si la situación lo permite, hasta expondremos nuestra opinión con respecto a lo que nos cuenten o pediremos la ajena sobre lo que contemos. Es posible que la base del no compromiso también tenga que ver, un desconocido no va a censurarnos ni tendrá la obligación o libertad de darnos un consejo, pero cada uno se llevará una evaluación de lo que haya observado y oído, si las expresiones eran coherentes con los tonos y las inflexiones de voz o, en un caso extremo, si es un conocido, qué tanto aguanta que le tomemos el pelo. Salud.
Beto

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