lunes, 31 de octubre de 2022

Las cosas no son, parecen

La defensa de uno mismo ahora debe ser
virtual también. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- En este mundo de apariencias, la simulación es el saludo de “buenos días”; la respuesta, siendo la misma, suele significar muy diversas cosas. Mucho se ha escrito sobre el vuelco que han mostrado las escalas de valores en las diferentes etapas en las que un objeto revolucionario ha tomado el control de nuestras vidas; en la antigua Grecia lo fue el libro, pues éste atentaba en contra de la memorización resultante de la oralidad prevaleciente; en el renacimiento fue la imprenta porque limitaba lo artístico de las páginas hechas a mano y atentaba en contra de la élite educada por la democratización del conocimiento; en el siglo veinte, los medios electrónicos vinieron a apoderarse de un lugar que no les correspondía porque caímos en la trampa de su humanización.

Y no digan que un televisor -o ahora un ordenador- no tiene un “lugar especial” en sus casas, porque no les voy a creer; ni hablar de la personalización por el cuidado que se les da a ambos aparatos ya que su pérdida representa casi una tragedia en lo que a sus funciones representa y la indefensión resultante por la falta de contenidos. Un medio de información alcanza un status de compañía en los ratos de soledad y puede originar cierta adicción; a excepción de los híbridos, un medio de comunicación es sólo un auxiliar que sirve eventualmente y no representa mayor pérdida si dejamos de usarlos, como sucede con el telégrafo, el correo o el teléfono fijo. El teléfono móvil ofrece las dis facetas y es un ejemplo claro de la afirmación anterior, si falta se le extraña por el entretenimiento.

Nos encontramos en un punto donde la vida transcurre en los medios y entre más inmediatos mejor; más allá de la fascinación tecnológica (o por la tecnología) está el encanto de la cercanía virtual, ésa que no exige mayor compromiso, que puede cancelarse pulsando un botón, que matiza u oculta lo que pensamos y sentimos. En ese tenor, las simulaciones se facilitan porque en varios de ellos no es posible vernos a la cara y las gesticulaciones de suplen con pequeños dibujos que, en el peor de los casos, podrían convertirse en una especie de avatar o de alter ego; es posible que la vulnerabilidad que hemos desarrollado como sociedad esté dando como resultado la fabricación de escudos que nos den la sensación de seguridad porque, si somos halagados o atacados, podríamos afirmar que se lo hacen a un perfil.

La confianza en el otro a través de la muralla electrónica, se robustece de anonimato aunque digamos conocer a la persona que está del otro lado de la pantalla debido a lo parcial de la imagen que ofrece un cuadro y en él vemos lo que la otra persona quiere que veamos, el mismo juego que jugamos nosotros. No es sólo publicar una foto, es la manera en que se escribe, lo que se publica y comparte de otros, el grado de intimidad alcanzado entre usuarios lo que permite jugar con sombras y apariencias, algunas virtuosas, otras no tanto; posiblemente se aspire o se ambicione ser como lo que se proyecta en redes, posiblemente lo seamos, pero ese trabajo parece hecho a manera de currícula en la que se exagera un aspecto de la vida para competir por una popularidad, algunas veces, tan intrascendente como efímera. Salud.

Beto

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