lunes, 26 de diciembre de 2022

Conmoción vacacional

Las deliberaciones matutinas suelen
ser ilustrativas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Olvidé apagar el despertador como había pensado hacerlo la noche anterior y las notas le Himno Nacional vinieron a interrumpir un sueño que, por lo casto de sus ojos, no puedo reproducir en estos renglones, el caso es que desperté y ya no pude conciliar el sueño nuevamente, por lo que la historia que me tenía entretenido quedará almacenada en el universo onírico con la esperanza de retomarla algún día. En ese momento, la cama se volvió una sucursal del aeropuerto del Bajío, por la cantidad de pensamientos que aterrizaban sin un orden lógico aparente y que lo único que lograban era inquietarme por la cantidad de pendientes que se colaron entre los recuerdos de lo que solían decir mi abuela y mi tía cuando se ponían a repasar sus historias, las cuales lamento no haber registrado por algún medio.

Claro que, en compensación, logré al menos rescatar algunas de las recetas de las comidas que solían hacer de manera cotidiana pero que lograban que sintiéramos una especie de fiesta en el paladar; de pronto se filtraban escenas de la universidad, como la ocasión en la que Saúl y yo nos aventamos la puntada de hacer pantomima en el patio central de la Ibero, algo que nos valió que en el encuentro deportivo siguiente, nos llevaran como representación cultural ante los demás planteles, de ahí pasé a los partidos de voleibol (donde la UBAC era nuestro cliente), los primeros trabajos remunerados, mi estancia de casi diez años en la escuela de monjas donde lo mejor que saqué fue mi tesis de licenciatura y los recorridos por las calles de un León que ya no existe.

Lo que hace el ocio no planeado y, hablando de planes, también desfilaron los que nunca pude realizar y los que han quedado pendientes desde los noventa, época en la que creía que mi trabajo hablaría por mí sin tomar en cuenta que una gran parte del desarrollo profesional, son las relaciones que te forjas en la escuela, en fin, algo debía pasar por negarme a ser “socialito”. Lección aprendida, por lo que ahora a la menor provocación, saludo a quien reconozca después de una leve evaluación sobre si es prudente que me acerque o no. Debo decir que tengo una desventaja derivada de mi anterior vida de ostracismo, que es que no suelo asociar a mis conocidos entre sí, por lo que me sorprendo mucho cuando me encuentro a más de uno y resulta que se relacionan de alguna manera, por lo que está latente el error.

En varias ocasiones me he topado con matrimonios que no sabía que lo eran o peor, con parejas que lo suponía, lo externaba y resultaba que no era así; gajes de un oficio que mantiene bien aceitaditas mis distracciones. Ahora bien, el que haya estado pensando en todas estas cosas a primera hora de la mañana, no implica que tenga las respuestas a las interrogantes que puedan surgir ni que esté cerca de tenerlas, por lo que no me explico qué demonios hago con el ojo pelón -está buena la rola con la que desperté-, la verdad, con el frío con el que amanecimos, ni ganas dan de levantarse, total, a mí hermano puedo felicitarlo más tarde ya que también haya despertado del todo y mi cuñada lo haya consentido. ¡Ah caray! Pero tengo que publicar; ni modo, Morfeo, ahí te ves. Salud.

Beto

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