![]() |
| Quedarán muchas Alhóndigas, pero las que nos tocas tienen puertas de acero reforzado. Foto: BAER |
En un esquema económico simple preguntaría, ¿qué estamos produciendo ahora que genere la riqueza suficiente para comprar el maíz o la fresa que ya no cosechamos? ¿En qué estamos trabajando como país, que sea más importante que el campo? ¿Qué pasaría, en el hipotético caso de que a Rusia o a los Estados Unidos se les ocurriera que lo que producen de alimentos ya no les alcanza para solventar las necesidades de su población, así que declararían un cierre de las exportaciones? Y las lluvias ya no son lo que eran y los graneros de esas dos potencias no están en Guanajuato y los enlatados cada vez están más caros y se les descubre que sus componentes son dañinos. Si se trata de un plan, es uno bastante cruel como el que por siglos, loe europeos implementaron en el continente africano.
Los resultados saltan a la vista, hay una sensación de abundancia pero dentro de las cadenas de tiendas de mayoreo, a las que se entra con membresía que implica no sólo la exclusividad, sino una capacidad de consumo muy alta. La mayoría de esos productos son elaborados por empresas extranjeras que limitaron la capacidad de que las locales vendieran barato y, ¿ellos cómo hacen para producir y vender a bajos precios si se supone que los insumos son los mismos para todo el mundo? Dos palabras: monopolización y esclavitud. Dejar hacer y dejar pasar fue sólo una falacia que funcionó un rato en el siglo diecinueve y un trabajo remunerativo no siempre significa un pago justo a cambio de fuerza de trabajo. Peor aún, las ideologías liberadoras se han utilizado para encadenar más y mejor al sector trabajador.
Las clases medias viven la ilusión de que su trabajo es suficiente para sostener su estilo de vida y los indicadores de ello son sólo metas, no caminos a seguir, porque en el fondo suponen que un sueldo como el que está concebido, les permitirá acceder al estrato superior. Al final, cada clase social debe cargar su propia piedra creando Alhóndigas imaginarias que sólo don Alonso Quijano podría explicar desde su genial locura. La que nos toca a los que no gozamos de grandes empresas, tiene la facultad de agrandarse con cada paso que damos, coherente con las preocupaciones a la que nos adherimos aunque no nos corresponda, porque la búsqueda de pertenencia nos acompaña desde la adolescencia sin que veamos en dónde nos deje en paz. La puerta está ahí, tenemos la antorcha en la mano, ¿para qué incendiarla? Salud.
Beto

No hay comentarios:
Publicar un comentario