lunes, 24 de abril de 2023

Yo ignorante

La ignorancia no duele, pero cómo molesta.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Perdonen que hoy inicie con una pregunta pero me levanté inquisitivo, ¿qué tan importante es para los individuos de estos días, tener razón o comprobarle a los demás que sí saben? A veces es sólo una situación actitudinal, otras la necesidad de ser notado y, en el peor de los casos, para hacer ver al otro que se es más que él; cualesquiera que sean las razones, el hecho es que por “obligación” no podemos permitirnos aceptar que somos ignorantes de tiempo completo. Aquí debo aclarar, antes de que se me esponjen, que el ignorar no es necesariamente sinónimo de no saber, porque al ser la ignorancia como la oscuridad, sólo basta encender pequeñas o grandes luces de conocimiento para entonces saber en dónde estamos parados, por lo tanto, ser ignorante es ser normal.

Todos ignoramos algo (o mucho) y es natural que así sea puesto que en todo momento y a cualquier hora, aparecen cosas nuevas de las que no necesariamente tenemos noticias, lo que no implica que sean por fuerza avances tecnológicos, cambios en la política o economía nacionales o desastres en uno de los puntos vulnerables del planeta, ignoramos casi todo el tiempo qué actividades están haciendo nuestros familiares o amigos cercanos, cuánto ha crecido el sobrino más pequeño o si la próxima producción de Steven Spilberg tratará sobre alienígenas viviendo en el subsuelo de Singapur. A pesar de estar inundados de información y de aparatos que la concentren, tenemos que tomar un descanso a veces.

Si imaginamos a nuestro cerebro tratando de procesar toda la información que absorbe voluntaria o involuntariamente, entenderíamos que los momentos de descanso y, por lo tanto de ignorancia, son una bendición. La desconexión permite recargar las ganas de saber, volver a ver nuestro entorno con ojos de novedad, reactivar la curiosidad para volver a entender el porqué de lo producido al día; por fortuna para nosotros los humanos, la curiosidad es un recurso que, si se cultiva, es inagotable y la ignorancia es el motor que la mueve hacia el destino que nosotros mismos nos ponemos, suponiendo que el trazo de las rutas para llegar a él, estará planeado desde el supuesto de que no nos faltará la tenacidad en ningún momento.

Aún cargamos un estigma conceptual por suponer que la ignorancia es un mal a erradicar, lo será en asuntos básicos de convivencia social, de pago de impuestos o de comportamiento en lugares específicos, sin embargo, sería imposible saber toda la información generada, no se diga en el mundo sino en nuestro entorno inmediato puesto que a cada segundo generamos un conocimiento nuevo. Para comprobar mis palabras de manera sencilla, prueben en el buscador de su preferencia encontrar una simple palabra como por ejemplo “moda”, vean la cantidad de referencias generada e intenten leer el mayor número posible; si contaron el tiempo se darán cuenta que, para leerlas todas, no les alcanzaría la vida. Humildemente ignorante. Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El té de las cinco

Yo, en mi modalidad inglesa. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. C ostumbre lejana. Sólo lo había escuchado a manera de anécdota en pláticas con m...