lunes, 8 de mayo de 2023

A uno del “Año de Hidalgo”

Las rebanadas del pastel nacional siguen
siendo apetitosas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor pudo haber sido víctima del bulling por semejante nombre, en cambio, gracias a que tener uno así era la norma en la Nueva España, pues tuvo la oportunidad de ser el padre putativo de la patria. Nacido hace 270 años, no pudo ver concluida su idea de restaurar la monarquía de Fernando VII, que era la original, ni mucho menos considerarse a sí mismo como mexicano puesto que la independencia se consiguió diez años después de su muerte, siendo así como los motes de “libertador” o “Padre de la Patria”, van perdiendo peso en el imaginario de los que deseamos tener una perspectiva más sólida y real de la historia nacional.

Es posible que, como alumno jesuita, tampoco aceptara que se le nombrara de esa manera a pesar de que su ego, a decir de muchos, le satisficiera ser nombrado “Alteza Serenísima”, deferencia que si bien no pidió, sí que le gustó. Algo así como las lisonjas que le gusta escuchar al enano intelectual que cree dirigir al país, es decir, hay coincidencias históricas a lo largo de la vida independiente de México que nos han marcado, como el que estos dos personajes y Antonio López de Santa Anna (otro alteza) hayan dejado la mayor parte de sus proyectos nacionales a medias, pero dicta la sabiduría nacional que no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre y ninguno de esos tres llegó solo, por diferentes circunstancias a todos los llamaron.

La posibilidad de que ambos López mencionados hayan tenido buenas intenciones está latente a menos que la historia siga diciendo lo contrario pero al menos uno de ellos alegará que tiene otros datos, lo que en política del siglo diecinueve se diría: “si no fuera por el saqueo, no tendría tropas” o “Nunca pensé que un momento de descanso nos fuese tan funesto”, lo que nos indica que el ser político de profesión es pertenecer a una estirpe definida por la simulación y el sobreentendido. Es difícil creer en algo que se ha vuelto a la vez falacia y contradicción como la honradez del servidor público y la confianza del ciudadano en ellos, porque los primeros no se meten a “servir al pueblo” si no ven que sacan un beneficio y los segundos, aun sin creerles, les siguen el juego.

El próximo año se citará a votar, desde hace semanas se ha venido especulando sobre un nuevo maximato, la entrega del país en manos del ejército, tener una situación igual a la de Cuba y Venezuela y lo único preocupante, desde mi humilde opinión (je), es que cometamos nuevamente el error de hacerles el caldo gordo, ellos jugando a la legalidad y el constitucionalismo y nosotros a hacer como que nada pasa creyendo que ahora sí surgirá de las cenizas el mesías que nos va a llevar al primer mundo. ¡Otra cosa les debimos heredar a los antiguos judíos! Quedan por delante algunos meses para reflexionar y entender que los dueños del país somos nosotros, no quienes ostentan un cargo público, que si de verdad fueran los voceros de la voluntad popular, se pondrían a trabajar. Salud.

Beto

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El té de las cinco

Yo, en mi modalidad inglesa. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. C ostumbre lejana. Sólo lo había escuchado a manera de anécdota en pláticas con m...