lunes, 26 de junio de 2023

El azar y lo cotidiano

Como las pastillas, cada uno sabe su chamba.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Por mucho que aspiremos a la modernidad, seguimos siendo un pueblo mágico, surrealista y panteísta; las musas pudieron haber sido invención nuestra si los griegos no se hubieran adelantado, ahora que, ni falta que nos ha hecho porque aún, ya entrados de llenos en el siglo veintiuno, aumentamos semidioses al catálogo de deidades que rigen nuestra existencia. La diosa Fortuna parece haber sentado sus reales en este territorio para solazarse con las esperanzas de sus habitantes que, cuando sienten que no son favorecidos, recurren a Dios o al santo de su preferencia, haciendo una extraña mezcolanza de creencias, esto si el universo está de acuerdo, claro. Cualquiera que sea la esperanza, lo que importa es la envoltura extraterrena.

Si la vida se explicara como un partido de fútbol (lo cual creo en verdad), nuestro desempeño general sería como el de un lateral agregado al ataque; antes de cualquier explicación, ¿se han preguntado por qué los jugadores del fútbol mexicano tienen un bajo porcentaje de pases y centros acertados? Aquí la razón. Cuando de pequeños empezamos a interesarnos en el balompié, influidos por papá, un tío o un adulto conocido, éste nos guía por la conducción y el drible, nunca por el pase, quizá algunos lo hacen pero ponderan el regate y la advertencia primaria es “que no te lo quiten”, por lo que vamos creando un sentido extraño de propiedad, si además las “prácticas” se realizan uno a uno, entonces esa apropiación se extiende hasta el gol.

Se premia al último que tocó el balón antes de que entrara en la meta, pero no al proceso que se siguió para lograrlo; se admira al jugador hábil que conduce la esfera desde la media cancha no al conjunto que, mediante pases, saltó las líneas y con ello permitió la anotación. La razón estriba no en que seamos individualistas, sino que ese individualismo no nos permitió aprender a pasar el balón; ¿cuántas veces hemos visto a un lateral o a un extremo correr hasta la línea de meta con la pelota dominada, zafarse la marca y tirar un centro al área que llegará justo, milimétricamente... a la cabeza de un defensa que sin siquiera esforzarse en saltar, rechaza hacia afuera? Es porque centramos “a ver qué sale”.

Los que ya entendieron que hay cosas que no se pueden dejar al azar no lo pensaron así, pero hay un buen número de ciudadanos de este país que sí lo hace, disfrazando su abandono al esoterismo con la frase “si Dios quiere...” ¿que suceda como lo necesitamos? ¿Que se den ciertas condiciones? ¿Que nadie se interponga? O de plano, ¿que me den ganas? Fortuna suele ser caprichosa y no favorece a los que no se mueven; Dios parece conducirse de la misma manera, pero si ya nos movimos, su trabajo estaría hecho por nosotros. Además, no creo que ninguna deidad se tome el tiempo o la molestia de sostener por siempre un edificio, eliminar las enfermedades de nuestros cuerpos o hacer que ganemos un partido porque, si así fuera, serían también culpables de lo contrario. Salud.

Beto

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