lunes, 30 de octubre de 2023

Xenofobias light

Tener una alternativa de generación de recursos
es importante para mantener la seguridad. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La cuestión migratoria no parece tener fin puesto que los gobiernos latinoamericanos, incluido el nuestro, no dan visos de haber encontrado la solución para que sus habitantes opten por quedarse a trabajar en sus tierras; los más enterados dirán que en toda la historia de la humanidad han existido las migraciones (forzadas por distintas causas), lo cual no es un consuelo, sólo significa que las condiciones que nos hemos impuesto como seres humanos, no han cambiado desde el comunismo primitivo. Los grupos en un privilegio temporal siguen aprovechándose de los vulnerables, directa o indirectamente, utilizando los medios legales que les permitan enmascarar sus intenciones, las cuales quizá no sean del todo malvadas pero tampoco serán buenas en la medida en que nunca se permitirían perder su status.

El temor a lo extraño se traduce en lejanías voluntarias pero irracionales y las razones pueden inventarse según los prejuicios que se manejen en el momento; no conocemos las costumbres de quienes nos visitan -sin remedio- desde centro y sudamérica, tampoco sabemos qué intenciones puedan tener mientras ocupan el espacio en el puente Siglo XXI, lo que nos queda es especular sobre sus condiciones y esperar que su paso sea breve y que lleguen con bien a su destino. Pero en esa especulación va inmerso nuestro temor más primitivo que tiene que ver con su apariencia y lo que percibimos en su comportamiento que es lo suficientemente poco para alimentar fábulas en las que la población local es la víctima y no ellos.

Nos debatimos entre sentir lástima por su condición y miedo por lo que pudieran hacer; es cierto que nos resultaría prácticamente imposible solucionarles sus problemas de manera individual, pero para eso es la colectividad. Es posible que la casa del migrante esté rebasada o, peor aún, que ya no exista, por lo que pensar en una alternativa se impone de inmediato; olvidemos la caridad, pensemos mejor en centros de labor temporales en donde cada migrante pueda dignamente ganarse la comida y el pasaje para continuar su camino. Suena fantasioso pero imaginen que un programa de esa índole fuera coordinado por ciudadanos de este pueblo que aún no han encontrado empleo y que con ello, también generen recursos para sus propios hogares.

Un espacio idóneo sería la casa de los barba, no tendrían que desplazarse demasiado, habría espacio para que pernoctaran en sus casas de campaña y además, dejarían de deteriorarla usándola como baño público y eso sería un buen inicio para ofrecerles un buen trabajo, es decir, transformar ese predio en algo funcional ya que como escuela de tiro con arco no sirvió. No tengo idea de las implicaciones legales, por lo cual aquí dejo el espacio para que los abogados opinen al respecto; ni ellos ni nosotros nos conocemos, ellos creerán que deben defenderse a toda costa pues están en un país extraño, vulnerables y dependiendo de nuestra caridad, nosotros podríamos pensar que se están aprovechando de las circunstancias por su actitud, lo cierto es que la realidad ha cambiado y todos con ella. Salud.

Beto

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