lunes, 29 de enero de 2024

¿Qué es escribir?

La escritura y la lectura nos alejan
de la animalidad. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Empieza mucho antes de sentarnos en el escritorio a empuñar un bolígrafo o aporrear un teclado, la actividad de escribir se activa desde que empezamos a observar el entorno con el afán de contar algo; la imaginación jugará el papel de conductor de la energía emanada de los objetos, lugares y personas para amalgamarlos en tramas que prometen tenernos artados a sus páginas. La escritura de verdad se hace a mano, en contacto con el papel, deslizando un instrumento de grabado en su superficie haciendo signos con un carácter propio, las ideas de esa manera tienen un mayor equilibrio entre fondo y forma que en cualquier otro proceso de impresión. Nada se compara a una nota personal de puño y letra del interesado que ansía ver la expresión de quien la recibe por ser algo tan atesorable como la mayor riqueza del mundo.

Recibir una misiva escrita con pluma o bolígrafo, crea un ambiente especial en el que la comunión entre dos seres se refuerza y los vínculos se renuevan; es posible que pensemos que es algo anticuado, pero incluso la sensación de control sobre lo que se desea expresar se ve beneficiada; los trazos lentos suelen ayudar a pensar, como en una relación entre humanos cuando una de las partes requiere de más tiempo para procesar la información, por lo que la paciencia es esencial para que la relación navegue con la mayor seguridad posible, así la pluma plasmará con mayor certeza cada palabra que dibuje sobre la hoja. Los susurros se multiplicarán a su vez para llenar cada espacio disponible, saturar los oídos, disparar la imaginación y justificar todas las lecturas previas que hayamos hecho.

Se trata de un acto antinatural que paradójicamente enaltece nuestra humanidad pues trata de la conservación de la memoria; ésa que salvo algunas especies la tienen como una forma de sobrevivencia, las que la tenemos para moldear la manera en que vamos a conducirnos en sociedad, debemos alimentarla constantemente con experiencias anteriores, nuevas y de entre todas ellas, hasta ahora la única que necesita mantenerla vigente es la nuestra. Curiosidad que trasciende los ámbitos cercanos tanto en tiempo como en espacio y por ello la necesidad de saber y recordar lo que se ha vivido en cualquiera de las formas que tenemos de hacerlo, por fortuna, los medios que tenemos a la mano han facilitado enormemente la tarea del registro, sin embargo, la intimidad que proporcionan papel y pluma es insuperable.

Ante todo, escribir es un placer con el que podemos ver plasmado nuestro pensamiento, al menos si nos damos permiso de no pensar demasiado en la forma pero sí en el fondo; su especialización como medio terapéutico tiene la ventaja de la introyección como detonante de la cura, pero aunque no se haga con ese motivo específico, la verdad es que resulta un descanso para el alma (cualquier cosa que esto sea) y, quién sabe, en algo digno para la lectura de los demás. Aquí habría que recordar que muy en el fondo, escribimos para que alguien quizá no definido (nunca lo es) acceda a las historias que nos inventamos que además, le guste lo que lea y, en el mejor de los casos, lo recomiende. En el fondo -otro, por supuesto- es el deseo de todo ejecutor de la pluma como un arma de entretenimiento. Salud.

Beto

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