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| Deberíamos saber distinguir las escrituras al menos. Foto: BAER |
Fuera de las crónicas de la colonia, pocas son a las que tenemos acceso por cierto, no hay más información con la que podamos darnos una idea clara de los tratos que había en el nombrado sistema de castas, ni por qué seguimos pensando en nosotros como racistas si el mestizaje fue el tipo de relación más marcada. Contrario a lo que pudiéramos pensar, los sesgos racistas no son mayormente de los blancos hacia los morenos, sino al revés y como se vería medio ridículo ejercerlo de esa manera por los cinco siglos de tradición educativa, pues optamos por el clasismo, total, cualquier mortal puede hacer dinero. Los clasismos pueden manifestarse, además de la acumulación de dinero, por los niveles académicos, por los lugares que se habitan o los rumbos donde se trabaja.
Hemos apostado por adherirnos a una idea de una descendencia casi mítica, a pesar de que las probabilidades de que se haya dado son muy bajas; con todo y que las alianzas entre pueblos pre hispánicos se daban por lazos matrimoniales, el hecho de que los aztecas, luego mexicas fueran el último pueblo en llegar al lago de Texcoco y hayan sojuzgado a los demás, no les trajo de ninguna manera muchas simpatías, lo que concluyó en la pérdida de sus conquistas cuando los demás se aliaron a los expedicionarios españoles para deshacerse de ese yugo y luego su casi extinción por las enfermedades. Los indígenas que se dispersaron por lo que ahora es el territorio mexicano, en su mayoría fueron nahuas de otras etnias, por lo que los descendientes de mexicas deben ser relativamente pocos.
Ahora bien, no está mal identificarse con un pueblo al que escasamente pertenecemos, varios extranjeros se dicen mexicanos y a nadie le molesta, pero una cosa es la simpatía y otra el hacerlo por razonamientos sin fundamento, ya que el hacerlo como hasta ahora, da poca oportunidad a otros pueblos pre hispánicos de ser protagonistas en una historia que debería ser más plural; deberíamos ser buenos en distinguir el arte purépecha del otomí o del zapoteco, entender que el mosaico de cosmovisiones que conforman ahora la mexicanidad no debe ser inscrito en saber que algunas palabras que usamos a diario, provienen del náhuatl y que el ser o saber sobre los taxcaltecas es más un honor que una maldición, al menos para comprender nuestro yo mestizo sin las sombras del clasismo ni del racismo. Salud.
Beto

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