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| En algún lugar deben vender pomada para las mentadas. Foto: BAER |
Es importante tener una perspectiva clara cuando se busca ocupar un lugar en el aparato gubernamental en cualquiera de sus niveles, lo cierto es que el mayor número de los casos, la que debería prevalecer (la de servicio) se pierde una vez que se saborea el poder por muy diminuto que sea éste; hay una trampa en la que caemos tanto funcionarios como contribuyentes que es la de pensar, por un lado, que todos los trámites son inmutables y, por el otro, que aunque no se publiquen éstos adecuadamente, el público debe saber sobre los cambios que se hayan producido, por lo que unos no sabemos preguntar y los otros ni tienen paciencia ni saben explicar. La relación con la burocracia así, se vuelve en todo momento, un suplicio al que nunca quisiéramos enfrentar, lo malo es que debemos hacerlo cada año.
Si nuestra riqueza acumulada nos da para escalar en nuestras relaciones con el aparato burocrático, lo único que cambiará será el monto de lo que debemos defender de ellos y el tamaño de las mordidas; seguramente todos los funcionarios públicos saben lo que pensamos de ellos puesto que en algún momento fueron ciudadanos de a pie y pensaban exactamente lo mismo que nosotros, pero no hay nada peor que la adhesión irracional, pues el desacuerdo al menos debe dar respuestas lógicas, la idolatría supone ya nada necesitar ya que el objeto de su admiración le dará todo, lo que diga será incuestionable y todo lo que emprenda se elevará al nivel de beneficio para la humanidad, aunque nada le toque al admirador del gran reparto, pero las migajas que reciba le sabrán al más delicioso manjar, aunque se trate de veneno.
En la tierra de la equidad, las oportunidades de acceder a la riqueza están al alcance de la mano, sólo hay un detalle, este país no es tal tierra; se habla de una igualdad en abstracto, garantizada por un documento que a nadie le importa aunque se presuma como producto de la primera revolución del siglo XX; todo ello no es otra cosa que una serie de mentiras institucionalizadas que a nadie hace sentido pero nadie tampoco se molesta en averiguar si hay alguna versión que esclarezca nuestros orígenes y podamos estar orgullosos de ellos, quizás así podemos valorarnos y mentar madres con pleno conocimiento de causa, que la frustración sea más una anécdota que un rasgo cultural, que cuando hablemos de este país sea porque las presunciones se vuelvan realidad. Salud.
Beto

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