lunes, 3 de noviembre de 2025

Inconformidad programada

Si ya no sirve, a tirarlo; aquí no hay cabida
para sentimentalismos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Principio de satisfacción. Para todos queda claro el significado de este término, no, corrijo, para algunos satisfacerse es superar los límites de consumo hasta embrutecerse; las condiciones suelen no importar pues no son exclusivas de un sector o de una clase social. Alimentarse es todo un tema, comer hasta no poder ha sido una constante por dos factores generales, la incertidumbre de poder hacerlo (por tiempo o por recursos) y la compensación de situaciones anteriores o por educación «no dejes nada en el plato, no tenemos perro»; en el país, desde el hogar, vamos acostumbrándonos a que las porciones sean monumentales, generalmente por competencia, porque aquí uno debe ser más macho, así que nadie se raja y si hay que comer tacos, yo tengo que comer más que los demás, sin importar que al otro día mis tripas estén pagando el precio.

2. Siempre haya algo mejor. La parte contraria de la abundancia sin sentido es la idea de que lo que recibimos, nunca es lo mejor y lo pensamos así desde que en la escuela nos enteramos de que existe algo como «la calidad de exportación», que la cantidad de dinero en el bolsillo, sólo nos alcanza para algo medio y que la competencia no se queda en la cantidad de comida que nos «empaquetamos» en una sentada; siempre habrá alguien que al ver nuestro reloj, nos dirá que ya existe un nuevo modelo con una carátula más grande y con manecillas de tungsteno que brillan en la oscuridad. La competitividad no nos permite conformarnos con lo que tenemos por lo alimentada que está desde la publicidad y el consumismo rampante compartido con los vecinos de los cuatro puntos cardinales.

3. Ya pasó mucho tiempo. Hemos venido acostumbrándonos a que todo dure poco, hasta las relaciones sociales, pero eso responde a otras necesidades equiparables o complementarias al consumo, con las cosas es simple, mientras nos dan el servicio par el cual las adquirimos, todo está bien, cuando ya no es así, no queda más que desecharlas; esa simpleza la hemos trasladado a otros ámbitos como el laboral, el deportivo, el social, ¡el matrimonio! Porque todo debe estar acorde y satisfacer plenamente nuestras necesidades sin ser capaces de cuestionarnos si nosotros cumplimos con las necesidades de los demás. En palabras simples, cuando compramos una licuadora, suponemos que debe tener una vida útil adecuada, sin que sea eterna pero que tampoco se descomponga a la semana, así que la lavamos en cada uso, pero ¿leímos las instrucciones?

4. Todo por servir... Acabamos con las cosas porque para eso son, acabamos con las relaciones tóxicas porque a ningún lado nos llevan, acabamos con lo que nos aburre o molesta porque... a veces no lo hacemos por un extraño sentido del deber que incluye sufrimiento y eso termina con nosotros. Vemos a la vida como un ciclo que se fragmenta en diferentes etapas según las propongan las diferentes ciencias a nuestra disposición; cada uno do los objetos de estudio nos muestra qué puntos son importantes para entender de qué estamos hechos, cómo nos comportamos, qué nos mueve como grupo; nada tendría relevancia sin las innovaciones generadas por las averiguaciones científicas, las que han encontrado su contradicción en la comercialización de lo novedoso y la obsolescencia programada. Para inconformes. Salud.

Beto.

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