lunes, 10 de noviembre de 2025

¿Según quién?

Lo que seamos estará regido por nuestra
propia perspectiva. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Ser viejo. No significa eso, pero ha estado muy cerca de hacerlo; viejo e inservible se han acompañado en innumerables ocasiones en una misma oración, generalmente como insulto o forma de demostrar desprecio por algo, el paso del tiempo aparece como castigo sin entender que el verdadero infierno es la eternidad. Si no somos capaces de administrar lapsos pequeños, mucho menos podríamos con la carga de pensar en milenios, disponibles para hacer... o descubrir que tenemos la imaginación tan limitada que bastarían unos cuantos siglos para llegar a fastidiarnos, el caso es que se trata de una situación que sólo puede ser patente en la ficción. Otro punto sería la soledad producida cada cien años en promedio por el deceso de todos los conocidos más la adaptación constante a los posibles cambios sociales.

2. Ser obsoleto Todo el embrollo actual se mide en términos tecnológicos, cuantos más aparatos sabes manejar, cuantas más aplicaciones hayas bajado y cuantos más botones seas capaz de pulsar, más vales; nuestra etapa de automatismo, que viene prolongándose desde finales del siglo XIX, por fortuna no ha logrado arrebatarnos toda nuestra humanidad, aunque ha dejado a nuestra parte salvaje que tome el control cuando la asfixia por las máquinas nos hace presas. El riesgo de volvernos un apéndice de ellas sigue latente, hemos denunciado la enajenación que nos producen empezando por las que usamos en el trabajo, después las de información y en seguida, las de entretenimiento; con esos rubros tenemos un cerco que viene limitando tanto nuestra creatividad, como nuestra iniciativa.

3. Estar en onda. Una cosa es segura, no estamos en este mundo para complacerlos a todos; así como hay personas que valoran a la juventud como lo mejor que le haya pasado en la vida, también las hay que quieren medir todo respecto de su juventud. Viejos y jóvenes pretendemos imponer nuestra idea de años mozos conforme a lo que vivimos en esos años en los que suponen y suponíamos poder con todo y hacer de todo, con comparativas que nada tienen que ver en lo anímico, biológico o tecnológico. Lo curioso es que cada generación que ha rendido culto a la juventud, tiene una forma muy distinta de las demás de expresarlo, incluso las hay por sectores que apuestan por los cosméticos, otros por las cirugías y otros por los ejercicios, pero todos afirmando que sus tiempos fueron o son los mejores. Sin embargo, el tiempo es el mismo.

4. Bendita ignorancia. El reconocernos ignorantes nos permite tener más de una perspectiva respecto de lo que observamos en nuestro entorno, lo cual se traduce en una averiguación más puntual y clara de aquello que nos haya llamado la atención; es cierto que todo lo que hayamos pasado al costal de lo cotidiano va a pasarnos inadvertido, por lo que será «normal» que esté o se comporte en un lugar o manera específicos y supongamos que su condición sea inmutable, quizá no nos ponemos a pensar que nosotros vamos cambiando a la par, lo que provoca que siempre veamos la misma cara en una acción netamente adaptativa. Los detalles saltan a la vista de quien está atento y resulta inevitable que nos preguntemos si esto o aquello siempre había estado así, por lo cual, si las circunstancias lo reafirman, según yo, la ignorancia es una bendición. Salud.

Beto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Las remembranzas

Pocas cosas son tan ilustrativas como los relatos de la abuela. Foto: BAER Irapuato, Gto.- 1. E ntretenimiento de mayores. En sus últimas se...