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| Lo bueno es que el diseño corporal no nos corresponde. Foto: BAER |
1.La anatomía. Por un tiempo breve (a veces) nos inconformamos con las características corpóreas que «nos tocaron», como si se tratara de un juego de lotería donde no nos dejaron escoger cómo queríamos vernos. Lamentamos no haber sido más altos, musculosos, rubios, con ojos claros (verdes o azules), más rápidos o fuertes y ya, en el colmo del hubiera, inteligentes, carismáticos o arrojados, nada de lo anterior que identifiquemos en esta realidad; que si los brazos son demasiado largos, que si las piernas demasiado flacas, que si la boca muy grande, que si el cabello muy lacio, en fin, fabricamos un ideal con base en lo que suponemos prefiere la gente y que nos gusta físicamente, por lo general en la adolescencia, rasgo que supuestamente debemos superar con los años y puede ser que lo hagamos en lo individual, pero en lo social...
2. La economía. No hay necesidad de meterse a leer los postulados de Weber, Marx o Smith para entender qué significa vivir en crisis, palabra que nos ha acompañado a los de a pie por casi todo el tiempo que este país se declaró independiente; mientras que los gobiernos post revolucionarios han declarado que todo es bonanza en el territorio nacional, las voces de la población han gritado de diferentes formas que no hay dinero que alcance y no importa cuánto hayan aumentado las salarios en ochenta o noventa años, el poder adquisitivo siempre ha sido menos al costo de los productos, sean éstos suntuarios o de la canasta básica, eso sin contar con la ridícula situación de haber prescindido de tres ceros en las denominaciones de nuestra moneda.
3. La inteligencia. Cada cierto tiempo tenemos la tentación de suponer que lo sabemos todo, que poco del conocimiento global puede escondérsenos y así, recetamos remedios contra la gripe, damos soluciones financieras y sabemos cómo educar a los hijos, a pesar de no ser médicos ni contadores ni tener hijos. La cruda de esa borrachera nos llega con un bofetón marca llorarás cuando alguien cuestiona nuestras opiniones y descubrimos que no tenemos una respuesta válida y el peor error que podríamos cometer sería el tratar de darla sin fundamento alguno, nada más por no parecer ignorante. Esta acción, poco inteligente, contrario a lo que pueda pensarse, nos permite aprender puesto que al descubrir cada error o mentira, vamos comparando las estructuras de pensamiento con las que se fabrican y así saber separarlas.
4. Responsabilidad y destino. ¿Habrá quien crezca deseando hacerse responsable? Queremos ser grandes y disfrutar de las libertades que gozan los mayores, aunque sin imaginar lo que tuvieron que trabajar para ejercerlas; como la responsabilidad no es un lugar sino una manera e vivir, nos inventamos una «fuerza extraña» que nos llevará por distintos derroteros llamada «destino», con la cual suponemos que nos libramos de ser señalados porque antes que en la responsabilidad, pensamos en la culpabilidad, posiblemente por la cultura judeo-cristiana que llevamos a cuestas. Algunos (muchos en realidad) dicen creer en la voluntad divina, que es la idea original de donde surge la de la predestinación, así ya tienen un buen pretexto para hacer lo que sea sin asumir realmente las consecuencias. Salud.
Beto.

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